Seis puntos para entender el gran momento de Uruguay y el fracaso de Argentina

Los "charrúas" apostaron a un proyecto serio, sin egos ni dioses y disfrutan de un presente soñado para todos.

03 Jul 2018
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MODELO A SEGUIR. Tabárez, una verdadera institución en Uruguay, es el principales responsable del gran momento que vive la “Celeste”. reuters

Las dos caras de la moneda. Uruguay avanzó a cuartos de final al vencer a Portugal, su cuarto triunfo en cuatro partidos. Argentina, en cambio, fue eliminada por Francia y cerró sin pena ni gloria su Mundial con apenas una victoria y un Lionel Messi invisible.

Pero la distancia sideral que separa a dos países tan cercanos tiene su origen antes del Mundial y va más allá del fútbol. Lejos de ser casual, la suerte de ambos equipos parece reflejar su cultura institucional y se gesta desde hace tiempo. Tan parecidos en muchos aspecyos; tan diferentes en otros.

Tabárez vs ocho

Tras una primera época en los 90, Óscar Tabárez entrena a Uruguay desde 2006. En esos mismos 12 años pasaron por Argentina ocho técnicos: José Pekerman (2004-2006), Alfio Basile (2006-2008), Diego Maradona (2008-2010), Sergio Batista (2010-2011), Alejandro Sabella (2011-2014), Gerardo Martino (2014-2016), Edgardo Bauza (2016-2017) y Jorge Sampaoli (2017-2018).

Proyectos como el de Pekerman, referente de las categorías juveniles que quedó eliminado por penales en Alemania 2006 por la anfitriona, o el de Sabella, subcampeón en Brasil 2014 tras perder la final también con los germanos, ofrecían sustento para mantenerse y seguir desarrollándose. No ocurrió así.

El propio Sampaoli se presenta como sublimación del cambio constante: en sus 15 partidos no repitió nunca la misma formación y convocó a 59 futbolistas distintos.

Vacío de proyecto

El problema excede los nombres particulares: junto con la llegada de Tabárez se abrió una renovación a largo plazo de las estructuras del fútbol uruguayo, entonces inestables y anárquicas, para llevarlas hacia su situación actual, más previsible, transparente y con una cadena de mandos clara.

El orden en Argentina -aún opaco o caprichoso- estaba personalizado en Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) durante 35 años. Su muerte en 2014 abrió un caos de tres años que culminó con la elección de su sucesor, Claudio Tapia, en un proceso accidentado y seguido como un “reality show” por la prensa nacional.

Prestigio vs escándalo

No fue la única mancha en la imagen institucional del fútbol argentino. La recta final al Mundial lo mostró con una sucesión de escándalos: el manual de la AFA con consejos para seducir rusas, un amistoso pactado y anulado a última hora en Israel, las críticas públicas de futbolistas o sus familiares por no ser convocados... Es difícil encontrar una turbulencia de ese nivel en el país vecino. “Cuanto más miro a Argentina, más valoro a Tabárez”, resumió un comentarista del diario uruguayo “Referí” antes del Mundial. “Cualquiera de las irregularidades que pasan del otro lado del Río de la Plata serían inimaginables en Uruguay”.

Jerarquía clara

El fútbol uruguayo se basa en estructuras jerárquicas claras y en autoridades innegables. La selección es manejada por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) y gira en torno a la figura indiscutida de Tabárez, a sus 71 años (es el técnico más veterano del Mundial) una personalidad respetada por jugadores, hinchas e incluso críticos. Las idas y venidas argentinas sugieren un poder desmedido de actores subalternos: televisión, política, plantel. Es difícil de comprobar, pero flota la eterna sospecha de que algunos históricos impulsan o vetan jugadores. Otros poderes son aun más opacos: en Rusia, varias filtraciones de origen desconocido (audios de WhatsApp, videos, rumores) enturbiaron el clima de la albiceleste durante su estadía en la Copa.

Mística vs Ego

“La mística nuestra es ser humilde, ir partido a partido”, definió en Rusia antes de que comenzara a rodar el balón el centrocampista uruguayo Giorgian de Arrascaeta. La figura de Tabárez impone un código de juego y conducta que prioriza el grupo, incluso con estrellas de nivel mundial como Luis Suárez o Edinson Cavani.

Es una actitud difícil de conseguir en Argentina, un país de extremos que acude a cada Mundial con la obligación de ganarlo. Más teniendo en sus filas al mejor futbolista del mundo y luchando desde hace años por formar un grupo en el que se sienta cómodo. “Lionel Messi es un prócer”, llegó a sentenciar Sampaoli. Una frase impensable en Uruguay.

El “semillero”

Desde el final de la era Grondona, Argentina descuidó las selecciones juveniles. Tras cinco títulos mundiales de la sub-20 entre 1995 y 2007, con equipos de donde surgieron nombres como Messi, Sergio Agüero o Juan Román Riquelme, siguieron diez años de descuido y entrenadores poco preparados, como Humberto Grondona, hijo de Julio.

Justo opuesto es el caso de Uruguay: la apuesta por juveniles es la línea rectora de Tabárez. “Nosotros creemos en esto”, repite el “Maestro”. “Hay que darle importancia a las divisiones juveniles y, paso un aviso, invertir dinero en las juveniles”. De los 23 uruguayos convocados en Rusia, 21 participaron en selecciones juveniles.

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