Debate por el aborto: “no necesitan matar a un niño para ser libres”

Arrepentida de haber promovido el aborto como feminista, Sara Winter, predica a favor de la vida. Charlas gratis.

03 Jul 2018
1

CRÍTICA. Sara Winter (26 años) sostiene que la Iglesia católica está fallando en su mensaje a los jóvenes.LA GACETA / FOTO DE MAGENA VALENTIÉ.

HOY, DOS PRESENTACIONES

• A las 9, Sara Winter disertará en Club Villa Luján, Don Bosco 2257. Charla para jóvenes.

• A las 20.30, hablará en la Unsta, 9 de Julio 165. La entrada es libre.

“Born free” (nacida libre) se lee, letra por letra, debajo de cada uno de sus nudillos, cuando apoya sus puños cerrados sobre la mesa. Un pañuelo celeste con la leyenda “Salvemos las dos vidas” le abriga el cuello. Estos símbolos resumen la corta vida de Sara Winter, que se debatió entre el desenfreno de su adolescencia marcada por las drogas, la prostitución y el feminismo extremo, y la nueva causa que encontró en su vida: la de ayudar a las mujeres que sufren problemas que las llevan a abortar a sus hijos.

Después de conocer desde adentro el movimiento feminista, por haber sido ella una de las fundadoras de Femen en Brasil, se dedica ahora a predicar por el mundo lo que antes detestaba. Esta brasilera, de 26 años, madre de un niño y estudiante de Relaciones Internacionales, está en Tucumán, invitada por el programa AME (Ayuda a la Mujer Embarazada) y el legislador Raúl Albarracín. Giromin, como es su apellido real está en Tucumán y ayer visitó escuelas. Hoy dictará charlas en la ciudad.

- ¿Cómo era tu vida? ¿Cómo llegaste al movimiento feminista?

- Nací en San Carlos, Brasil. Provengo de una familia violenta, desestructurada y de escasos recursos. Mi hermano mayor es adicto e integra un cartel de la droga. Cuando yo tenía 16 años él me echó de mi casa. Me quedé en la calle, empecé a beber y a prostituirme por dinero. A los 17 años fui violada y tuve una depresión muy grande. Gracias a este cambio mío conseguí que mi mamá lo denunciara y así pudo tener una orden de restricción, por lo que él ya no vive con mis padres.

-¿Cómo tomaste contacto con el movimiento?

- Después de prostituirme tuve una depresión muy grande. A través de internet me contacté con el movimiento feminista y quedé enamorada de la idea de luchar contra mis opresiones. El movimiento me envió a Ucrania donde fui entrenada por 30 días para una guerrilla cultural. La orden era clara: volver a Brasil e implantar el movimiento de género a través de la cultura y es lo que hice. Estuve cinco años defendiendo el aborto e incluso me practiqué uno, que casi me cuesta la vida.

- ¿Cómo era el movimiento por dentro?

- Dentro del movimiento hay muchos colectivos como el LGBT. Nos enseñan que todos los hombres son violadores en potencia, que para no ser violada hay que relacionarse afectivamente con otra mujer, que el ser lesbiana es un acto legítimo, político y revolucionario. Que la iglesia católica es la fuente de todas las opresiones de la mujer, que odia a los homosexuales y que quiere a la mujer sumisa detrás de su marido. Nos inculcaba que teníamos que ser libres y luchar contra todo tipo de opresión. Que la familia tradicional debe ser destruida porque es un símbolo de la opresión femenina.

- ¿Y cómo se financiaba?

- Hay muchas fundaciones internacionales que inyectan dinero en las activistas y más en las grandes influenciadoras como políticas, cantantes, actrices, guionistas de novelas y periodistas. Uno de sus objetivos es implantar el aborto en Latinoamérica. Los activistas reciben mucho dinero de la industria del aborto. La misión ahora es cambiar la ley. En Brasil está documentado que los colectivos reciben dinero de organismos como la fundación Rockefeller, Ford Foundation, MacArthur y otras. Han recibido 37 millones de dólares en 12 años para salir a la calle a protestar. Yo también he recibido dinero en Femen, y tenía un salario por eso.

- ¿Por qué crees que los jóvenes son seducidos por estos discursos?

- Los adolescentes quieren cambiar el mundo. El problema es que nosotros, los cristianos, no estamos organizados suficientemente. La Iglesia les pide a los jóvenes que se pongan de rodillas y recen, y ellos no quieren hacerlo. Ellos quieren gritar, hacer algo que los entusiasme. Los organismos de izquierda están organizados y les proponen luchar por la igualdad, por los refugiados, les dicen que hay gente pobre que está sufriendo, y ellos los jóvenes, también quieren el bien común. Entonces, como Iglesia, estamos fallando. Yo digo que para ser buen cristiano hay que tener 50% de oración y 50% de acción. Por eso estamos perdiendo muchos jóvenes. Hay que demostrarles a los chicos que pueden hacer mucho ayudando a las mujeres sin corromper su alma. No necesitan matar a un niño para ser libres. Debemos convencerles de que hay otras maneras de ser libres y de ayudar a las mujeres sin abortar. Y salgamos a la calle a demostrar que somos muchos.

- ¿Que te llevó a abandonar el movimiento?

- Yo estaba muy convencida de que el movimiento iba a ayudar a las mujeres que fueron violadas, que sufren abusos. Pero la verdad es que en cinco años no he visto una sola feminista ayudar a otra mujer, sino, por el contrario, usar a chicas que, como yo pasamos por mucho dolor, para que sean instrumentos políticos para tener más poder. La única institución que ayuda a la mujer es la Iglesia católica. En Brasil tenemos 60.000 instituciones de caridad, entre geriátricos, maternales, hogares, hospitales y casas provida donde acogemos a chicas que quieren abortar, les damos un lugar para vivir y las ayudamos a que tengan a su bebé si quieren hacerlo. Yo les digo a las feministas: ¿a cuántas mujeres ayudaron? No hay aborto seguro, ni se puede huir de sus efectos negativos. El aborto no es libertad.

En Esta Nota

Debate por el aborto
Comentarios