Haciendo “sombra” con el pasado

Alperovich habló. Dejó su actitud de “millennial” que sólo se comunica por las redes sociales y confirmó que quiere volver al centro del poder. La lenta reacción de Manzur y de Jaldo. Las contradicciones del ex mandatario del PJ.

01 Jul 2018
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José Alperovich se sentó en el sillón de Lucas Córdoba el antepenúltimo día de octubre de 2003, pero estaba en el poder mucho tiempo antes. Días después de asumir, cuando la euforia ya había sido guardada en el cajón del escritorio, el flamante mandatario dijo que comenzaba una nueva etapa. Y para explicar su pensamiento citó una serie de nombres históricos del peronismo para decir que ya eran pasado, que todo iba a ser diferente y que los Herrera, los Rivas, los Lazarte eran dibujos del pasado. Fue cierto. Al poco tiempo se encargó de condenar al olvido a su antecesor Julio Miranda. Pocos años después se encargaría de hundir al ostracismo, nada menos, que a su compañero de fórmula, el eternamente engelado Fernando Juri.

Con el tiempo, el apellido Alperovich se puso la camiseta peronista y aún cuando eran foráneos en ese partido se convirtieron en los exégetas del general. Pese a su origen radical, el ex gobernador supo acomodarse y manejó en su puño todo el poder. Se adueñó del Partido Justicialista, dominó la Legislatura y hasta tuvo el tupé de colonizar los Tribunales. Cuando las ideas no le alcanzaban para convencer, encontraba las debilidades de muchos para ser convencidos. Alperovich en sus 12 años cumplió sus objetivos. Cambió los líderes, modificó el funcionamiento del PJ y se hizo amo y señor de la provincia. Los nombres fuertes de su entorno poderoso eran Alperovich en primer término y con su esposa en primera fila.

En el último tiempo, lo que más le costó al ex mandatario es salir del centro de la escena. Le costó saber que el patio de su casa había dejado de ser el Salón Blanco y que su voz tronaba cada vez menos fuerte. Y tal vez lo que más le dolía era que para subirse al avión de la provincia tenía que pedírselo prestado a Juan Manzur. Hasta se hizo nombrar asesor del Poder Ejecutivo para carretear con más facilidad.

Alperovich se hizo hacer una constitución a medida. A su gusto y paladar con tal de tener no sólo una reelección sino otra más si tenía ganas… Y las tuvo. Y como a los lemas y a los sublemas los habían inventado, aprovechado y sobrevaluado los peronistas de aquel pasado que él pretendía sepultar, hizo que en la Carta Magna aparecieran los acoples, que no son otra cosa que sublemas con tonada alperovichista. De paso, y para la “gilada” que cree en algunas correcciones del sistema electoral, hizo poner que sería bueno tener el voto electrónico. Pero nunca le llevó el apunte a eso porque sería atentar contra el “folclore peronista” como le gusta decir a muchos históricos del PJ.

Desde que perdió los atributos del poder, Alperovich no sólo cambió su look sino que también es alguien embelesado con la tecnología, con los avances de las redes sociales y sólo se comunica por ellas. Cual millennial, le pide a su fotógrafo-legislador que lo retrate con cuanta persona se abraza en el interior tucumano. No le dio resultado. Alperovich quiere seguir siendo el poderoso que hace y deshace en Tucumán lo que él considera. Sueña con volver al poder y se desilusiona cuando algún dirigente o funcionario le recuerda que el gobernador es Juan Manzur. Por eso, esta semana que se fue para siempre, cuando habló desató una pregunta: ¿fue ansiedad o debilidad? Es indiscutible que Alperovich vive un momento de debilidad aún cuando las encuestas lo mantengan con poder de fuego, especialmente, en la clase más baja. Y, también, es ansiedad.

Voces del más allá

“Josesito, ehhhh, me parece que te olvidaste de cómo llegaste al poder”, podría haberle dicho Alberto Herrera (“el senador del siglo”). “Habida cuenta de su origen, mozalbete, usted no debería meterse en este calicanto que lo bautizó como peronista”, podrían ser palabras del histórico Hugo “Mula” Lazarte. Se trata de dos dirigentes que ya no están pero que construyeron los cimientos del peronismo tucumano que gobernó desde el 83 a la fecha, interregno bussista mediante.

Alperovich fue muy duro. Lo más inocuo fue sincerar que no se habla y que no le importa no tener diálogo con el vicegobernador Osvaldo Jaldo.

Lo más fuerte fue haberle dicho a Manzur: “Yo te puse”. También decirle: “si no te gusta que sea candidato vas a tener que competir si yo quiero”.

Cuando el ex gobernador habló con Gabriela Baigorrí en el programa de TV de LA GACETA, “Las 12 en 30” dijo lo que la oposición dice: 1) No debe haber acoples. 2) Lo importante es la gente y no los dirigentes y 3) Sí, al voto electrónico. ¿Qué dice el manual del peronismo en los últimos años?: A) Debe haber acoples; B) Lo importante es el dirigente para que motorice en cada circuito a los votantes. El peronismo es un conjunto de dirigentes que empuja a un candidato. Esto es exactamente lo contrario de lo que se pregona en partidos como el PRO o el radicalismo donde un candidato se presenta para que lo voten. Y C) No, al voto electrónico. No hay que olvidarse que las artimañas, picardías y trampas (folclore, le llaman) le dieron resultado siempre.

Las palabras de Alperovich fueron un baño de realidad. Desnudó todo lo que se venía diciendo en voz baja. Confirmó que quiere subirse al ring. Transparentó que se sigue sintiendo el dueño de los votos y de los dirigentes. Pero además presentó un Alperovich diferente, con un discurso desconocido en el que no caben sus viejos escuderos como Antonio Estofán, Armando Cortalezzi o Sergio Mansilla. La pregunta inmediata es si no consigue un acuerdo con Manzur y con Jaldo, ¿podrá caminar por fuera del peronismo? ¿Terminará armando un partido propio? ¿Le pedirá a un viejo conocido como Mario Koltan que le preste su partido? Las respuestas las sabe Alperovich, pero por ahora sólo le interesa seguir entrando para la gran pelea que tenía fecha para marzo, pero la ansiedad y la debilidad lo hicieron adelantar el calendario.

Se notan los hilos

Lo increíble fue la no reacción de Jaldo y de Manzur. Ninguno de los dos se animó a contestarle a su ex líder. Jaldo es nada menos que quien juró como diputado nacional diciendo que Alperovich era el mejor gobernador de la historia de Tucumán. Palabras que aún con el paso de los años siguen retumbando como increíbles. Jaldo dijo que como ostentaba la investidura de gobernador (Manzur estaba en el exterior), no podía responderle a Alperovich. Sea cual fuere la razón, mostró su debilidad. Seguramente, responderá esta semana, casi cinco días después. Manzur, quien venía sacándose los hilos que lo describían como títere del titiritero senador, también pudo haber respondido y no lo hizo. Seguramente cuando se baje del avión repetirá que hay cosas más importantes para Tucumán.

La fila que trae cola

José, el millennial tucumano, no es el único que trata de mostrarse diferente. Esa fue la apuesta de muchos dirigentes tucumanos que de la mano del macrismo se sentaron en las poltronas de instituciones nacionales. La gestión en la Anses dejó al descubierto graves deficiencias. Quedó exhibida la impericia del titular de la delegación local, Daniel Ponce, quien no sólo lleva dos años sin poder cumplir su promesa de erradicar las colas para hacer trámites, sino que además tiene hasta la palabra vedada. Las autoridades nacionales de la Anses prefieren explicar lo que pasa en Tucumán desde Buenos Aires, antes de confiar en su delegado. Un papelón poco federal de la gestión macrista.

Detrás de las colas de la Anses se escondía un negocio para vender lugares en esas filas. Según confesaron directivos nacionales, los ilícitos implicarían que se pagan unos 250 pesos por unos 400 turnos, lo que implica una “recaudación de unos 2 millones de pesos” que se reparten entre un puñado de comerciantes.

En la fila de irregularidades también asomaron estudios jurídicos que conseguirían turnos a una velocidad inusitada que ninguna computadora ni empleado de la Anses podrían lograr. Cuando se comentó esto en el un programa televisivo de LA GACETA Play, en el acto reaccionaron los abogados ofendidos y preocupados por defender la profesión, en lugar de las instituciones. Lo que explica algunas cosas.

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