“‘La Bombilla’ es mi lugar en el mundo”

Con 85 años, la mendocina Gioconda Perrini sigue trabajando por Tucumán. Ahora construye un complejo polideportivo en el barrio.

26 Jun 2018 Por Magena Valentié

› Gioconda Eulalia Perrini
Nació en Rodeo del Medio, Mendoza, el 7 de enero de 1933. A los 20 años se consagró como religiosa con votos en el Instituto María Auxiliadora de la Obra de Don Bosco. Fue docente y rectora de los colegios de María Auxiliadora de Santa Rosa de la Pampa, Mendoza y Resistencia. Formadora de jóvenes. Pedagoga, psicóloga, enfermera de la Cruz Roja Internacional, secretaria de Bienestar Social del equipo de Ramón Ortega (1992), diputada nacional (1993), fundadora de Aprocup y de una gran obra en el barrio Juan XXIII.
› Gioconda Eulalia Perrini
Nació en Rodeo del Medio, Mendoza, el 7 de enero de 1933. A los 20 años se consagró como religiosa con votos en el Instituto María Auxiliadora de la Obra de Don Bosco. Fue docente y rectora de los colegios de María Auxiliadora de Santa Rosa de la Pampa, Mendoza y Resistencia. Formadora de jóvenes. Pedagoga, psicóloga, enfermera de la Cruz Roja Internacional, secretaria de Bienestar Social del equipo de Ramón Ortega (1992), diputada nacional (1993), fundadora de Aprocup y de una gran obra en el barrio Juan XXIII.

Diciembre en Tucumán. 1985. El colectivo se detiene en Chile y San Miguel, hasta donde llega el pavimento, y comienza la tierra. El sol de la tarde dentellea sobre el velo gris de la hermana Gioconda Perrini. Es el lugar que le habían indicado las hermanas de su comunidad, las Hijas de María Auxiliadora, que debe bajarse. “La Bombilla”, luego bautizado Juan XXIII, es un largo y apretado villorio con ranchitos de chapas y maderas. Una vecina saca la cabeza y pregunta: “¿busca a alguien, hermana?” Y se acerca con un vaso con agua. “Yo sólo quería conocer de dónde venían los chicos que iban al comedor infantil Don Bosco, donde yo trabajaba”, recordará esta mendocina, 33 años después, ya sin el velo en la cabeza ni la agilidad de aquellos años.

Con 85 años, Gioconda camina lento pero con actitud segura. Inspecciona las obras de remodelación que se hacen en la escuela Solidaridad y Paz, de la que todavía es su representante legal. Es la primera obra que realizó la Asociación para la Promoción de la Cultura Popular (Aprocup), que ella fundó en 1987, junto a un grupo de jóvenes universitarios. Del brazo de una albañil, cruza al frente, donde se construye, en un predio de 11.000 metros cuadrados donados por la Nación, un complejo polideportivo.“Es mi gran sueño. Servirá para alejar a los chicos de la droga y de la delincuencia”, sonríe.

Gioconda conduce a LA GACETA como en un tour por las obras de Aprocup: “aquí está el CAPS María Auxiliadora. Lo hicimos con la ayuda de un grupo de mujeres empresarias y por un convenio con el Siprosa, que se hace cargo del personal. Atiende a 5.200 personas de distintos barrios”. Entra al dispensario como si fuera su propia casa, saluda a los médicos y en especial a un joven al que presenta como ex alumno de la escuela. Al lado de esa propiedad está el jardín maternal Changuito Dios. “Lo abrimos al ver el aumento de desnutrición de los niños. Todavía ahora se les da a los chicos un buen desayuno”, dice, mientras recorre las aulas, conversa un rato con las maestras y saluda a los niños.

“Aquí vivía yo, incluso cuando era diputada”, apunta con el dedo una casa cercana donde ahora funcionan talleres de prevención de la drogadicción.

- ¿Cómo llega a Tucumán?

- (Sonríe) Castigada. Yo venía de un colegio de María Auxiliadora en Mendoza, donde era rectora. Me enviaron a Tucumán sin obediencia, es decir, sin ninguna tarea, aunque yo era pedagoga y había pasado por cuatro colegios enseñando y como rectora. “No me dieron ni una hora cátedra a pesar de tener cuatro títulos, ni siquiera de catequesis. ¿Qué había venido a hacer a Tucumán? Sólo Dios lo sabía. Me dediqué a lavar platos y baños en la comunidad, busqué al padre José Carrone que tenía el comedor Don Bosco. Él me pidió que preparara a un grupo de catequistas. Así llegué al barrio.

- ¿Cuándo supo que su misión era trabajar por el barrio?

- El mismo día que llegué allí. Apenas empecé a caminar me di cuenta de que ese era mi lugar en el mundo. Yo sentí que Dios me daba esa misión. Que me decía este es tu lugar (le saltan las lágrimas). Mas allá de todas las dificultades que tengo, que cada vez se multiplican más, el Señor me da fuerzas para lo que Él ha querido que yo haga. Porque esto no es un capricho sino una inspiración divina con la presencia de Don Bosco y de María Auxiliadora.

- ¿Cómo nace la obra?

- Con esos jóvenes catequistas, que eran universitarios, empezamos a ver las necesidades del barrio. Así formamos la Asociación para la Promoción de la Cultura Popular (Aprocup). Desde ahí encaramos un proceso de transformación y promoción humana haciendo pie en la educación. Primero hicimos una encuesta para saber por qué las familias no enviaban a sus jóvenes a la escuela. Nos dijeron que no había una secundaria cerca y que no tenían dinero ni ropa para mandarlos. Yo dije: si los chicos no van a la escuela, la escuela tendrá que ir hacia ellos. Entonces fundamos la escuela Solidaridad y Paz en el corazón de La Bombilla, Chile y Thames. Quería una escuela donde los chicos aprendan pero también que tengan un oficio. Hoy tenemos más de 250 alumnos, entre jóvenes y adultos, en turnos tarde y noche, que hacen la secundaria y la primaria. Los sueldos docentes son pagados por el gobierno provincial.

- ¿Con qué fondos está haciendo el complejo polideportivo?

- Presentamos un proyecto en Naciones Unidas a través de la Cancillería argentina y el premio fueron 50.000 dólares. El proyecto se ejecutó a través del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Pensamos construir canchas, un gimnasio, oficinas, salón multiuso, vestuarios, tribunas y hasta un lugar para huerta comunitaria y vivero. También se hará un pozo de agua con apoyo del INTA porque el barrio tiene grandes problemas de suministro de agua.

- ¿Qué haría si volviera a ser secretaria de Bienestar Social?

- Dignificar las familias a través de la vivienda, porque como se vive, se actúa. Nosotros logramos ayudar a la gente a través de un programa que se llamo Por amor a los Barrios. Ellos ponían la mano de obra y nosotros les dábamos el dinero.

- ¿Por qué dice que vino castigada a Tucumán?

- Me neutralizaron cuando formé movimientos juveniles en algunas provincias donde trabajé, como en Santa Rosa de la Pampa. Allí inicié el Pridis, que significaba una Primavera Distinta. Las jóvenes acostumbraban reunirse para el Día del Estudiante cerca de la ruta, donde hacían asados con otros chicos, bebían y corrían picadas. Todos los años había varios muertos. Yo les propuse un encuentro para hablar sobre temas que les interesen a ellos, donde no se hablaba de religión. Después ellos mismos comenzaron a preguntar sobre Dios. El éxito fue total. Pero esos encuentros no siempre eran bien comprendidos por mis superioras. Eran tiempos del Proceso Militar. El movimiento molestó y decidieron mandarme a Italia, porque me veían como revolucionaria (sonríe con picardía). De todos modos allá también, en Roma, hice mi revolución con las hermanas (sonríe).

- ¿Se arrepiente de haber dejado los hábitos?

- No, porque mi relación es personal con Dios. De mis 12 hermanos soy la única que fui llamada a la vida religiosa. Yo me sigo sintiendo religiosa, los votos los hice ante Dios. Esta es mi misión, educar a los jóvenes pobres, como lo hacía Don Bosco. El padre Carrone decía: “el Evangelio no prende en el estómago vacío. Y yo digo que la pobreza no se vence sin una buena educación: hay que enseñar a pescar”.

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