Cartas de lectores

25 Jun 2018

¿Árboles peligrosos?

Los ambientalistas corregimos a los funcionarios, tanto de todas las municipalidades como a los provinciales, la frase “árbol peligroso”, por demás trillada, que usan para justificar la tala de árboles en cualquier punto de la geografía tucumana. Ahora bien, tal vez es por la falta de conocimiento en el tema, ya que muchos cargos en las carteras de medio ambiente son ocupados por compromisos políticos, mientras quienes deben bregar por el bien de los vecinos en materia ambiental, minimizan esta dirección, que a la larga tiende a convertirse en una de las principales en todos los municipios. Directores o encargados de la parte ambiental cometen la torpeza de manifestarse públicamente expresando que cortaron el árbol por “ser peligroso”. Sencillamente, nunca se vio un árbol corriendo con una motosierra detrás de un ser humano. Aquí las cosas son al revés: el hombre es el peligroso. Si bien es cierto que muchos árboles causaron tragedias que debimos lamentar, pero no es culpa del árbol, es por la falta de mantenimiento que el ser humano le debe ofrecer. Casos desastrosos de “arboricidios” que comete el hombre, dice que poda y los corta a la mitad. Aquí, en la Capital, es habitual ver la matanza de árboles, por ejemplo en avenida Mitre y San Martín, hace unos dos años atrás, donde la municipalidad “se carga” a especies sanas. Últimamente, nos mostraron un arboricidio que se produjo en Banda del Río Salí a cargo de un funcionario municipal. En el sur de la provincia, la tala indiscriminada, que goza de buena salud, provocó en los últimos años inundaciones porque cortan árboles y plantan soja. El árbol es nuestro amigo, nos ayuda, nos purifica el aire, nos da sombra, alberga en su copa cientos de especies, crea un microclima propicio para la vida humana. ¿Qué más le podemos pedir al árbol? Sin ellos, la humanidad no existiría. En tal caso, si desean justificar la muerte de una especie, cambien la frase “árbol peligroso” por “árbol comprometido” o “árbol en riesgo”. ¡El árbol peligroso no existe, sí existe el árbol amigo. El hombre es el peligroso! ¿Entendieron funcionarios? Deben cuidar el medio ambiente para las generaciones que vienen

Pedro Martínez

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Canaro en País

Corría la década del XX. Francisco Canaro triunfaba en París; desde hacía unos tres lustros nuestra música hacía furor en Europa, en medio de la tragedia de la guerra. El tango hacía soñar con la resurrección de la “belle époque”; con la orquesta de Manuel Pizarro deliraban los duendes nocheriegos, desvelados bohemios parisinos en el cabaret “El Garrón”, mientras que el “Tano” Genaro actuaba en el dancing “Perroquete” del teatro Casino. La orquesta de “Pirincho” lo hacía con trajes de gaucho, con blusa y chiripá floreado, botas, pañolón y un puñal en la cintura; esto era de rigor, cuando llegaba al límite el cupo que le puso al tango el sindicato francés. En Buenos Aires, dos próceres de la tanguería, Juan Caldarella y Alejandro Scarpino, trabajaban en la construcción de un tango, sin título aun. Caldarella, estando en la cama sin poder dormirse, se dio vuelta como provocando un siestita y vio algo que le llamó la atención, en una página del diario Crítica que había caído al piso. Mostraba esta frase: “Canaro en París”. Saltó de la cama, abrió el diario y leyó, “Canaro hace declaraciones sobre el tango en París”. El doblé tapaba una parte del titular, mostrando sólo “Canaro en París”. Así queda bautizado el famoso tango. En 1905, nuestra música fue llevada al Viejo Continente por la murga de Celestino Ferrer y la fragata Sarmiento; también, Enrique Saborido enviaba con los marineros, para ser distribuidos, miles de ejemplares de su tango “La Morocha”.

Julio Mohfaud

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La peatonal de Nizhni Nóvgorod

“Nizhni Nóvgorod, la ciudad de la que Tucumán puede aprender”, afirma Guillermo Monti. “La sede de Argentina-Croacia luce como una versión de lo que podría ser nuestra provincia”. “Al contrario de las tucumanas, las peatonales de Nizhni son amplísimas, adornadas con flores y numerosos monumentos y estatuas. Se mantiene la efigie de Josef Stalin, pero el héroe local es el escritor Máximo Gorki, al punto de que la ciudad llevó su nombre entre 1932 y 1991”. Gorki, un escritor y político ruso, fue el seudónimo utilizado por Aleksèi Maksimovich Peshkov, identificado con el movimiento revolucionario. Una de sus obras (La madre) alcanzó gran notoriedad. “Cada mañana, entre el humo y el olor a aceite del barrio obrero, la sirena de la fábrica mugía y temblaba. Y de las casuchas grises salían apresuradamente, como cucarachas asustadas, gentes hoscas, con el cansancio todavía en los músculos”. El libro narra el despertar de la clase obrera en la persona de Pelagia. Observa, tras la muerte de su marido, que su hijo Pavel, un simple obrero, se ha vuelto más reservado. Descubre, tras una reunión en su casa, que es un líder socialista en la fábrica que trabaja. Va aprendiendo de los temas tratados, mientras se suceden las reuniones, hasta convertirse en activista tras el arresto de su hijo. Se convierte en una militante de la clase obrera. Nizhni Nòvgorod, antes de su peatonal, fue parte de un proceso revolucionario y de su posterior desnaturalización en una burocratización de su revolución. De las acechanzas contrarrevolucionarias del nazismo para interrumpir y terminar con sus conquistas obreras y la restauración del capitalismo, en colaboración de la burocracia soviética, frente a los intentos de revoluciones políticas en la Europa del Este (“Primavera de Praga”, Polonia, etcétera).

Pedro Pablo Verasaluse

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El monóxido de carbono mata

Comenzó el invierno y muchas personas mueren cada año, como consecuencia de intoxicaciones por la inhalación de monóxido de carbono (CO). La mayoría de los casos se relaciona con el uso de braseros en ambientes cerrados, mal funcionamiento, instalación incorrecta o uso inadecuado de los artefactos que funcionan con Gas Natural (GN) o Gas Licuado de Petróleo (GLP). Agrava esta situación el desconocimiento y la confusión que tiene la población, en general, al vincular la intoxicación con CO, con asfixia por una fuga de gas natural. Por otro lado, el empleo de braseros para calefaccionar, es habitual en gran parte de las familias tucumanas, lo que aumenta la población expuesta a este riesgo estacional. El CO es un gas altamente venenoso para las personas y los animales, que se mezcla con el aire, resultando difícil de reconocer (no se lo puede ver, ni oler y tampoco tiene sabor). Se produce por la combustión incompleta (con poco oxígeno), de combustibles que tienen carbono en su composición (Ejemplos: GN, GLP, carbón, leña, kerosén, madera, etcétera). Ingresa al organismo por medio de la respiración y una vez inhalado, se combina con la hemoglobina de la sangre a través de los pulmones, impidiendo que el oxígeno llegue a los órganos vitales. Algunos de los síntomas que pueden darse son: dolor de cabeza, nauseas, vómitos, mareos, fatiga, etcétera, lo que puede llevar a errores de diagnóstico, ya que son indicadores de otras enfermedades como gripe o digestivas. La clave para evitar las intoxicaciones esta en: 1) Ventilación permanente donde se usen los artefactos, 2) Instalación, mantenimiento y funcionamiento correcto de los artefactos, 3) Caso braseros: usarlos únicamente en ambientes con buena ventilación y nunca en los dormitorios. La prevención es vital para evitar las intoxicaciones por la inhalación de este tóxico, que es un asesino invisible, silencioso y mortífero.

Juan Francisco Segura

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El fracaso de la sociedad

Hemos fracasado como sociedad. Soy médico, me estoy formando en medicina familiar. Tengo muchos colegas a favor de la legalización del aborto… Y los entiendo. Entiendo que el aborto es un problema de salud, que se producen miles de abortos por año, que en lugares donde se legalizó hubo una disminución de los mismos (según datos del MSAL). Entiendo que están preocupados, alarmados, por las mujeres que llegan a esta decisión en la clandestinidad… Pero… No entiendo por qué negarle la dignidad al niño concebido. No entiendo por qué empeñarse en quitarle peso a su vida. No entiendo la violencia contra el mismo, siendo que no tiene a nadie que lo proteja. Un aborto es una tragedia… ¿Por qué banalizarlo? ¿Por qué ensañarse en negar la vida concebida? En un aborto una madre se ve obligada a despedirse de su hijo. En un aborto un hijo no puede ni despedirse de su madre. En un aborto triunfa el fracaso. El fracaso del entorno, por no poder ser el apoyo que necesitaba esa madre. Fracaso de la sociedad, por empujar con sus puños invisibles a pensar en tal drástica medida cómo única solución. Fracaso del Estado, por no poder legislar protegiendo a las madres vulnerables. Y cuando dicen “Se producen 520.000 abortos”, no puedo evitar pensar en 520.000 madres que sufrieron, y siguen sufriendo. En 520.000 chicos a quienes se les quitó la oportunidad de vivir… Y si se legaliza el aborto… ¿Esos niños que siguen muriendo en silencio? ¿Esas madres que siguen sufriendo anónimamente? Querido lector, fracasamos, porque no le podemos dar una respuesta a estas madres y a estos niños… Y los niños abortados son vidas cobradas por nuestro fracaso como entorno, sociedad y Estado, pero es vida al fin y al cabo, vida que se merece respeto y reconocimiento.

Roberto Mercau Cossio

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