Un equipo casi perfecto

24 Jun 2018 Por Guillermo Monti
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NOTABLE DEFINICIÓN. Hazard dejará en el camino al arquero Mustapha antes de marcar su segundo gol. El “10” de Chelsea juega, hace jugar y marca goles. Es uno de los mejores futbolistas que tiene Bélgica. Reuters.

El enganche para que el arquero pase de largo es finísimo, exquisito. Una delicatessen que le sirve a Eden Hazard para definir con el arco vacío y poner a Bélgica en octavos de final. Gol de crack para un equipo al que vale la pena ver. El partido termina 5 a 2 pero los belgas tenían más nafta en el tanque. Los africanos, prolijos con la pelota, son un desastre de mitad de cancha para atrás y por eso quedan eliminados. Pero también cuentan con un distinto, Wahbi Khazri, un 10 de cintura generosa que hace lo suyo en el Rennes francés y ayer se dio el gusto de cerrar el marcador y de despedirse aplaudiendo a su gente, tras cambiar la camiseta con un rival.

Si la cuestión es buscarle el pelo al huevo, apuntemos que hasta aquí los belgas enfrentaron a dos selecciones que llegaron al Mundial con, apenas, la voluntad de participar. Será contra Inglaterra que se definirá el Grupo G, en un mano a mano que promete emociones. Pero si panameños y tunecinos no estuvieron a la altura no es culpa de Bélgica. Al contrario, se desembarazó de ellos anotando ocho goles. No sólo hizo lo que debía, lo hizo muy bien.

La riqueza técnica del equipo es motivo de envidia. Axel Witsel distribuye, Kevin De Bruyne mueve la pelota y además se sacrifica, Yannick Carrasco maneja la banda izquierda con calidad y Dries Mertens es una ardilla veloz y precisa, capaz de volar del medio al área en un abrir y cerrar de ojos. Después entró Marouane Fellaini, que es más lento de piernas pero tiene la cancha en la cabeza. Hazard, elegido “Jugador del partido”, regula su ritmo. De a ratos acelera, de a ratos se va un poco del foco. Tiene un toque de primera delicioso y vertical. Y es un gran definidor. En la cima de la pirámide, Romelu Lukaku banca todo, casi dos metros de puro músculo que además sabe frente al arco. Lleva cuatro goles, idéntica cantidad que Cristiano Ronaldo. Sí, Bélgica es de temer.

Habrá que ver qué pasa cuando los atacan. Túnez, muy livianito, descontó de cabeza (1-2) y luego rondó a Thibaut Courtois con un par de llegadas. Anga Boyata lució más sólido que Tobias Alderweireld, cuando se suponía que podía ser al revés. Tal vez haya algunas grietas en esa zona de la defensa, se verá frente a rivales más calificados. De hecho, la tarde del debut Panamá les creó problemas durante el primer tiempo. Ese día se criticó mucho la nula incidencia de los laterales en el desarrollo del juego. Ayer cambió la historia, porque la llave del partido la tenía Thomas Meunier trepando por la derecha. Los tunecinos no pudieron controlarlo.

Demasiado rápido y demasiado fácil se abrió el partido para Bélgica. Antes de los 15 minutos ganaban 2-0 gracias a un penal de Hazard y a una perfecta definición cruzada de Lukaku, habilitado por Mertens. Más tarde sería Meunier el que dejó a Lukaku listo para arrollar a Ben Mustapha, pero el 9 de Manchester United empleó un toque sutil. Buenísimo, era el 3 a 1, poco antes del descanso.

Túnez, que había perdido a dos hombres por lesión (Ben Youssef y Dylan Bronn, el autor del gol del descuento), se cansó de regalar la pelota en el medio. Errores letales frente De Bruyne y Mertens. La épica que le había permitido crearle algunos problemas a Inglaterra no apareció por el estadio del Spartak. Salió del vestuario 1-3, con la intención de achicar las cifras, pero nunca tuvo pimienta. Y cuando Hazard hizo magia se hundió definitivamente.

Cuando el público hace la ola es mala señal, quiere decir que se aburre. Además, se largó a llover. El partido estaba liquidado y quedaba más de media hora. Roberto Martínez, el técnico español que hizo su carrera en la Liga Premier y que -según afirman- le devolvió la fe al fútbol belga, mandó al campo a Michy Batshuayi. Potente e incisivo, Batshuayi (delantero al que apostó Borussia Dortmund cuando le vendió a Ousmane Dembelé a Barcelona), se perdió tres goles casi abajo del arco. Parecía que el agua le había mojado la pólvora, hasta que a los 44’ se sacó la mufa.

De a ratos fue un espectáculo atractivo, en especial cuando Bélgica se conectaba. Hizo mucho calor y eso incidió en las numerosas interrupciones generadas por golpes y entradas de los auxiliares. En realidad, lo que querían era tomar agua. El ambiente en el estadio fue espectacular, uno de los activos que está mostrando este Mundial. Los tunecinos hasta festejaron el 2-5, en tiempo de descuento y cuando ya todos se preparaban para volver a casa. Afirmar que Bélgica sacó chapa de candidato suena exagerado a esta altura. Mejor esperar, al menos, hasta el duelo con los ingleses. Pero que tienen con qué, que nadie lo dude.

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