Niños y grandes, un solo corazón

En el Hospital Jesús los pequeños viven a su manera los partidos que juega la Selección en el Mundial de Rusia, contenidos por sus padres, los profesionales médicos y quienes les acercan una caricia al alma: los payaterapeutas.

23 Jun 2018

Pocos minutos restaban para el inicio del partido Argentina- Croacia. El sol entibiaba el ambiente, y la expectativa crecía segundo a segundo. De las paredes del Hospital del Niño Jesús colgaban banderas, globos y guirnaldas albicelestes. Mientras el silencio se apoderaba de los pasillos, las pantallas de los televisores captaban la atención de quienes recorrían el edificio. En las salas, distribuidas de acuerdo a la complejidad médica de los pacientes, niños acompañados por familiares. Cada tanto, eran visitados por las enfermeras, quienes alentaban a la Selección entre llantos y cambios de suero.

Dylan Rosa, de tres años, llegó feliz desde otra sala con su camiseta de Argentina, una vincha y una banderita. Inmediatamente contagió su alegría a los demás pacientes y se puso a jugar con ellos. El partido había comenzado y los pequeños agitaron con entusiasmo sus banderas. Pero un ratito después, continuaron con su juego, como si el Mundial no existiera. Sus padres y acompañantes estaban compenetrados con el cotejo, aunque sin perderlos de vista.

“¡Arriba Messi!”, exclamó Cristina Alabarse, la directora de la institución, mientras sonreía a la cámara. “¡Arriba Messi!”, replicaron Dylan y Joel a viva voz. Este último se había caído de la escalera un mes atrás. Él mismo lo contó, mientras se tapaba la cara con una bandera. Según dijo, su papá estaba mirando el partido desde su casa y ambos alentaban a la distancia al equipo argentino. Joel apostó por una victoria 4-0. “Tenemos que ganar con muchos goles”, lanzó. Por su parte, Dylan, el alma mundialista de la sala, armaba una torre de bloques de colores (a la vez que descansaba de mirar el partido). “Soy fan de Messi, como mi mamá”, dijo. Ella llegó para el segundo tiempo del partido. “Un sufrimiento total”, así definió Débora Navarro al trabajo del equipo encabezado por Jorge Sampaoli. La madre de Dylan abandonó la tribuna del “10”: “tienen que sacarlo a Messi”, reprochó. Y agregó: “estaba abajo. Si sabía que perdíamos ni me molestaba en subir.”

Llegó el primer gol de Croacia. Desilusión y sorpresa. Los padres que miraban tras el vidrio, pidieron que se suba el volumen del televisor. La tristeza se adueñó del ambiente. Vino otro gol croata y la alegría de Dylan se convirtió en indiferencia. Pero con la llegada de los payaterapeutas se rompió el clima de decepción en la sala. Tutú, Ritalino, Pinina y Lina fueron los encargados, entre juegos y abrazos, de llenar de amor a los pequeños. “Nosotros no vemos el partido, lo sentimos. Estamos muy felices compartiendo emociones”, expresó Pinina, con una gran satisfacción. “Llegamos cargados de amor para darles”, concluye Ritalino, regalando abrazos al pequeño Dylan, que no quería soltarlo. “Son mis amigos payasos, no quiero que se vayan”, dijo el chiquitín.

Tres de las cinco camillas de la sala de traumatología del segundo piso estaban ocupadas. “Estoy re mal acá”, dijo una mujer al celular, preocupada por el estado de salud de su hijo. Cortó y la fiebre mundialista se apoderó de ella: con una mueca en su rostro -que simulaba una sonrisa-, animó a su hijo y lo vistió de celeste y blanco. Carlos Alexander Rivas, de siete años, fanático del “10” de la Selección, había ocupado una silla justo al frente del televisor para poder ser el primero en observar cada jugada. Entre llantos, al saber que ya le llegaba el turno de recibir su inyección, miraba de reojo el duro partido. Vestido de pies a cabeza con los colores celeste y blanco, y agitando una pequeña bandera, “Ale” decide dejar de mirar el televisor para contar con brillo en los ojos, sobre su cumpleaños número ocho, el mes próximo. “¿Sabés cuándo cumplo? En unos días. Falta poco”, dijo. “¿Sabés que a mí no me gusta sólo Messi? Me gustan todos los jugadores”, concluyó.

Ana Alderete, Leila Lazarte y Orias Fernández se encargan de que los niños de seis a 11 años no interrumpan las clases. “Trabajamos desde geografía -con mapas y croquis de los estadios- a matemáticas -con cálculos del área y perímetro de los estadios de fútbol-. También comparamos la cultura de nuestro país con la de los contrincantes de la Selección”, comentaron.

El partido seguía, pero quedó en segundo plano. Ya había llegado la hora de compartir una taza de mate cocido, con tortillas.

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