Repetir México 86

Representó un suceso maravilloso por donde se mire. El equipo devino muy fuerte para que Maradona alumbre su mejor versión y Maradona extrajo todos los conejos de su galera para que el equipo sea, paso por paso, de menor a mayor, de menos a más, sencillamente, el mejor.

24 Jun 2018
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Por Walter Vargas

PARA LA GACETA - LONDRES

Sin alardes, a salvo de megalomanías. bien puede afirmarse que la historia del deporte argentino es una historia poblada de páginas doradas. Bastaría con reponer una extensa galería de exponentes destacados: Luis Nicolao y José Meolans costaron entre los mejores nadadores del planeta, Roberto De Vicenzo es una celebridad en el mundo del golf, Hugo Conte está en el Salón de la Fama del vóley, Luciana Aymar bien podría ser considerada la mejor jugadora de hockey de todos los tiempos, Carlos Monzón es top ten en el peso mediano de boxeo, Guillermo Vilas un fuera de serie de la pelotita amarilla y qué decir de Manu Ginóbili y Juan Manuel Fangio.

Etcétera, etcétera, etcétera y más etcétera que nada, el fútbol. Téngase en cuenta, como para ir llevando, que no sería disparatado sostener que tres de los cinco mejores de todos los tiempos nacieron por acá nomás: Alfredo Di Stéfano en Barracas, Diego Maradona en Villa Fiorito y Lionel Messi en Rosario.

En ese contexto, la conquista del Mundial 86 supone un hito no sólo ineludible sino susceptible de pugnar por el peldaño más alto junto con el oro olímpico de Atenas 2004, el que trajo la Generación Dorada, y una tercera epopeya que habría que establecer en detalle pero cuya búsqueda excede la intención de estas líneas.

Argentina campeón en México 86 representó un suceso maravilloso por donde se mire. En primer lugar, por la naturaleza de su geografía y de sus circunstancias, no rozó ninguna de las zonas brumosas del Mundial 78. Luego, por los sustantivos valores de un equipo que se formó con mucho de la mano metódica de Carlos Salvador Bilardo, algunos elementos del azar (la enfermedad sufrida por Daniel Passarella y/o la gran respuesta del Tata Brown, el bajo nivel de algunos que parecían inamovibles y forzaron su reemplazo, un cuadro venturoso que protegió de un par de adversarios muy peligrosos) y el punto de cocción del mejor Maradona. Digámoslo así: el equipo devino muy fuerte para que Maradona alumbre su mejor versión y Maradona extrajo todos los conejos de su galera para que el equipo sea, paso por paso, de menor a mayor, de menos a más, sencillamente, el mejor.

Así se avanzó en la competencia y así Argentina ganó con legitimidad su duelo rioplatense con Uruguay y la semifinal con Bélgica y así Maradona fue el Super Maradona que versus Inglaterra hizo suya la final anticipada y con Alemania desmalezó la cancha para que Burruchaga (”Burruchaga, viejo y peludo”, según el estremecedor relato de Víctor Hugo) se suba al cielo de su cielo, y de norte a sur, de La Quiaca hasta Ushuaia, desate un carnaval en celeste y blanco.

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Walter Vargas - Periodista y escritor. Columnista de Olé y comentarista de ESPN.

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