De la fiesta al velorio: así vivieron los argentinos en Rusia la dura derrota ante Croacia

Los hinchas comenzaron la jornada con alegría y confianza de cara al duelo, pero todo se transformó con tres goles

22 Jun 2018 Por Leo Noli

¿Por dónde empezar, si por acá es todo un lamento? Croacia le pasó el trapo a la Argentina, como quien limpia una vieja copa. Argentina ha desaparecido, apenas le queda un hilo de esperanza en este Mundial de Rusia maldito, el que debería ser para Lionel Messi, el capitán apagado al que nadie acompaña, en un seleccionado con nombres que podrían completar varias piletas olímpicas de dinero por sus cotizaciones, pero que a la hora de los bifes están peor que boxeador con puños de algodón.

Croacia hizo lo que tenía que hacer, aprovechar las equivocaciones ajenas y hacer valer sus virtudes. Qué mediocampo el suyo. Despliega un tiki-tiki constante que hizo encoger a cada argento suelto en el fan fest de Nizhni Nóvgorod. Era su fiesta, no la nuestra y cómo nos lo hicieron saber. El gol, el primero, el del increíble blooper de Wilfredo Caballero fue un mazazo. Se le paró el corazón a todos, incluso hasta al Diego (Maradona), el búfalo sacado que filmaban por las cámaras de TV y la gente aplaudía alrededor del mundo. Qué cara la Leo, no puede solo, está solo. Lo dejaron solo. Y eso que las calles de Nizhni fueron nuestras, la peatonal fue nuestra, la ciudad fue nuestra. Nos faltó el partido. Dios santo.

Desperdigados, quienes están en el fan fest mucha onda no tienen. Están quebrados, estamos quebrados, con la moral con el piso y encendiendo el celular para ver qué nos conviene más como país, para no pegar la vuelta después del partido con Nigeria. Qué espanto, a lo que llega esta Argentina. Ni una pega, decían por las redes sociales, dicen por acá. “Viajamos a alentar a la Selección, llegamos contentos y ahora estamos a punto de volvernos tristes y gastando más de la cuenta porque vivimos en un país que es peor de volátil que este seleccionado, que se olvidó su alma en algún lado”, Mateo está que arde. Se disculpa y se va. Al estilo de Usain Bolt está Alberto Acuña. Manda saludos a Corrientes, su tierra natal, y a Buenos Aires, donde está su familia. “Gracias por bancarme en esta locura”, le dice a LG Deportiva después de comenzar con un derrotero de preguntas que él mismo se responde. “Necesitamos que Nigeria no pierda, así tenemos algo de esperanza. Que gane mejor, así definimos mano a mano”, pide mirando al cielo este hombre de 36 años que si estuviera en la estación de servicio donde trabaja, se prendería fuego.

¿Qué necesita la Selección? “Elegir a los jugadores que tienen que jugar. Al arquero que tiene que jugar. A (Franco) Armani -Jorge Sampaoli- lo llevó porque sabe jugar con los pies. Caballero se mandó una tremenda con Islandia y ahora volvió a repetirla. Si Antonio Conte, que era su técnico en Chelsea, lo sacó de la final de la Copa de Inglaterra por algo era, ¿no? Aparte, no puede ser que todo el mundo esté pensando en un mismo arquero y en un mismo jugador, como Cristian Pavón y no los ponga”, se lamenta “Beto”.

Un gol y estamos fritos… Croacia 2-Argentina 0. “Dios mío”, se funde las manos Alberto en un apretón y mira nuevamente al estrellado cielo de Nizhni, en una panorámica a la que los argentinos le agregarían un boleto de parking para el Cometa Halley. Hacen fila para estacionarlo, o para que la tierra se los trague.

La última bala. Alberto, fuerza. “Preparo todo y me voy a San Petersburgo. Tengo entradas para ese partido, al que tenemos que llamarlo milagroso ahora. Voy con los huevos en la garganta ya”, y sí. Vamos, que se puede.

Veo a un hincha que está estacionado. Me parece raro que no haya volado. “Tengo que hacer unas notas para un canal de Córdoba. Vine a hacer redes sociales. Me toca encarar a la gente y hablar, qué desgracia. No sé qué voy a preguntar. Es un velorio esto”, me dice el colega con la tonada del “Potro” Rodrigo. A su nombre y apellido, en este caso, se lo guardará para él. Quiere hablar como hincha, me pide, no como periodista de TV. “Para mí, la esperanza es lo último que se pierde, pero la verdad es que ahora estoy decepcionado. Le falta sangre, coraje a alguno de estos jugadores. Es increíble”, me dice el amigo periodista mientras termina de armar su Osmo Mobile, un bastón estilo selfie pero que se parece más al joystick de la vieja consola del Nintendo Wii. Lo que hace el Osmo es estabilizar la imagen del celular. Es a prueba de misiles atómicos. El problema esta noche no es el Osmo, es ver a los pocos argentinos que quedan a la vuelta estabilizados, emocionalmente hablando. Misión imposible. “Es insólito que dependamos de un partido como el de ¡Islandia y Nigeria! ¡De Locos!” Es un volcán nuestro amigo de la La Docta.


A Maxi, que se vino desde Firmat, una localidad al sur de Santa Fe, no lo detiene ni uno de los murallones del viejo fuerte que flanquean la fan zone de Nizhni Nóvgorod. Ese murallón, en realidad es lo que era el viejo cinturón de la ciudad que protegía a los habitantes de posibles invasiones, allá por el año 1200, quizás más. “Queda un paso, no más, pero no se puede creer, boludo, la actitud de los jugadores, del arquero. Falta algo ahí en el técnico. El pueblo pide a Armani y Pavón desde el principio y no los pone. No te lo puedo creer, no te lo puede creer”, Maxi encuentra en LG Deportiva al amigo que perdió pero que encontró al toque y con el que puede putear tranquilo mientras habla de fútbol. También encontró en LG Deportiva el hombro para lamentarse. “Queda una chance más, pero nada. Te da bronca, no tenemos nada. Se nota una inestabilidad increíble en el equipo. Pobre Messi…”.

El fan fest es una extensión de gloria de Croacia. Está en octavos de final y será primera de su grupo, salvo una hecatombe. Esperemos que no suceda, porque si sucede, Argentina se volvería a casa y nosotros ya tendríamos que estar haciendo las valijas también. Los croatas vociferan que son los mejores, que su equipo está pagando en cancha lo que es, una nación pequeña pero con el poder para llegar lejos en esta Copa del Mundo. Gigantes, se sienten.

Si durante el día los amigos balcánicos habían tomado de más, que las autoridades de Budweiser renueven stock de cerveza porque los muchachos no piensan parar. Ya en la peatonal principal de Nizhni copan la parada, el mismo lugar donde habían estado desde temprano, a la par de los argentinos y sufriendo por una previa en la que cayeron por goleada. Ahora la diferencia es que los argentinos no están. Muchos todavía regresan del estadio y los que no fueron hasta allí buscan consuelo en otro recinto. Para qué ir a donde estaban antes y quizás provocar un tole tole. A veces, el folclore del fútbol puede pasar a cargada abusiva. No vale la pena, sobre todo cuando hay mucha carga emocional y litros de cerveza en el cuerpo.

Mariano Mongioivi es uno de los que aceleran a fondo y se va hasta el final de la peatonal. Es Bolt también. “¿Lo que siento ahora? Amargura, lo único. Son lamentables los jugadores que tenemos. No tienen corazón, con todo el dinero que ganan. No encuentro explicación”, sufre el rosarino, que como tal, lo siente por Messi. “Si no tiene con quién jugar. ¿Tiene que ser él siempre nuestro salvador? ¿Cuándo alguien lo va a salvar a él, a nosotros, al equipo? Pareciera que nunca”.

Como para no quedar tan al borde del abismo del pesimismo, Mariano atrapa la última línea de esperanza, el partido con Nigeria del martes, siempre y cuando no pierda mañana con Islandia. “Y sí, es esperar y rezar que nosotros todavía tengamos una pizca de suerte en el bolsillo”.

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