Modelo de gestión turística a imitar en los Valles

Delegados de las comunidades del Valle Calchaquí observaron en Lima y en Cusco cómo se trabaja con los grupos aborígenes

18 Jun 2018

Unidad. Trabajo en conjunto. Limpieza. Organización. Los delegados de las comunidades del Valle Calchaquí resumieron la experiencia de 10 días vividos en Lima y en Cusco, donde, desde el rol de turistas, observaron y analizaron cómo los peruanos gestionan el turismo y los asuntos relacionados con las comunidades aborígenes.

En coordinación con el Gobierno de Tucumán, los quilmeños Federico Díaz, Germán Pacheco, Darío Mamaní, Felipe Caro, Sergio González, Pablo Costilla, Francisco Chaile (cacique) y José Díaz (también delegado comunal de Colalao), junto a Eduardo Nieva (cacique y delegado comunal de Amaicha) hicieron city tours por museos, catedrales y sitios arqueológicos e históricos, degustaron la gastronomía peruana e investigaron cómo se desenvuelve el turismo.

Lo más llamativo de la agenda era la visita al Machu Pichu, la ciudad de los incas enclavada en el Valle Sagrado, pero en los recorridos por otros lugares como Saqsaywaman, Qenqo, Tambomachay, Ollantaytambo y Chichero se pudo apreciar en toda su dimensión las singularidades de los incas y de las comunidades preincaicas en arquitectura, astronomía y organización social.

Estuvieron en dos “huacas” (sitios sagrados) en el centro de Lima y hasta conocieron la impresionante salinera de Maras. También fueron recibidos por funcionarios del gobierno peruano (de Turismo e Interculturalidad), con los que hablaron de experiencias en turismo rural y sobre la historia dura de los pueblos originarios y el reconocimiento de sus derechos.

Todo se hizo en vinculación y comparación constantes con la vida tucumana, con la idea de hallar claves para desarrollar el turismo y mantener la identidad.

En Cusco los recibió el alcalde y hablaron de la conquista en el mundo andino, de Tupac Amaru, de Garcilaso de la Vega, de Juan Calchaquí y hasta de Pedro Borhorquez, “el falso inca”.

“Este viaje fue una experiencia de unión”, dijo Sergio González, quien es guía en la Ciudad Sagrada. “Son las comunidades las que se tienen que beneficiar de esto. También me parece importante el trabajo que se ha hecho en derecho territorial”, agregó Antonio Caro. Y David Vargas señaló la necesidad de “imitar los modelos de gestión, sobre todo los orientados a turismo rural comunitario, para que sirvan como un trampolín”.

Es que las visitas a las comunidades Amaru y Patabamba, en las que se vio la forma en que se lleva a cabo el turismo vivencial (la comunidad muestra a los turistas cómo vive), fue muy impactante.

En Patabamba, un pueblito a 3.800 metros de altura, compartieron la cosecha de habas, vieron cómo se aplica la medicina a partir de hierbas, almorzaron y eligieron tejidos de una muestra para venta.

“No nos falta nada”

Encarna, una señora pequeña, simpática y que hablaba un sencillo castellano dominado por el quechua, contó que es un emprendimiento hecho fundamentalmente por mujeres y describió contundentemente su existencia: “La comunidad de Patabamba vivimos de agricultura y de nuestros animales... y no nos falta nada”.

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