Una incursión en el mundo de la infancia

novela ganadora del Premio Herralde

17 Jun 2018
1

TRASCENDENTE. Sólido filólogo, Barba es considerado uno de los escritores más importantes de nuestra lengua.

 NOVELA

REPÚBLICA LUMINOSA

ANDRÉS BARBA

(Anagrama - Buenos Aires) 

Andrés Barba es una de las más destacadas apariciones de la literatura española de un buen tiempo a esta parte. Y por qué no, sin ánimo de exageración, de la literatura de habla hispana. En esa misma de valoración, en 2010 una revista inglesa, Granta, lo incluyó en la lista de los 22 escritores más trascendentes de la lengua de Cervantes.

Hijo de un profesor de literatura, Barba (Madrid, 1975) se ha revelado como un sólido filólogo y traductor del inglés y del italiano. En ese carácter trabajó con obras tales como Moby Dick, de Herman Melville, Cartas de amor, de Dylan Thomas; Robinson Crusoe, de Daniel Defoe; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll; y Flappers y filosófos, de Scott Fitzgerald.

También, por cierto, ostenta una abundante foja de narrativa, ensayo, poesía y literatura infantil, aunque estas líneas no abrazan la totalidad de su obra sino una en particular, República luminosa, ganadora del Premio Herralde.

Con registro en la llamada literatura fantástica y localizable en una distópica república sudamericana, por qué no centroamericana, República luminosa describe la aparición de 32 niños salvajes que mutan de incordiosos a revoltosos y de revoltosos a terroríficos, hasta terminar por hacer trizas los cimientos de todo lo instituido y por instituir en una San Cristóbal que ya jamás será la misma y que veinte años después el sujeto de la narración, un funcionario protagonista de aquellos sucesos y de forma específica de su desenlace, reconstruye con una mirada ora brutal, ora melancólica, pero siempre en un tono de inferida poesía: “Algunas cosas suceden más rápido y fácilmente que uno habría podido suponer: los altercados, los accidentes, los enamoramientos”.

El mito de la inocencia

En realidad, el relato hunde el bisturí en el duro cuero del universo de la niñez, de los niños, de lo que se supone que cada sociedad da por descontado tal si fueran modos sellados a fuego, y por sellados a fuego, inmutables e incuestionables. En esa perspectiva se entiende que en una entrevista reciente Barba haya afirmado que “la infancia es una invención de los adultos”.

Pero si provocadora es la consideración de Barba, un agudo observador que no hesita en calificar de “mito” la presunción de inocencia que se atribuye a los niños, más provocadora y potente todavía se revela la propia “República luminosa”, una de sus varias aproximaciones a las derivas de esos años en los que todo está por forjarse, por perfilarse, por verse y, de acuerdo con algunas vulgatas psicologuistas, por determinarse.

Entre varios anclajes que bien podrían redundar en una lectura fascinada, la novela de Barba sale airosa con creces del eventual sincericidio que podría suponer que de antemano se nos dé a conocer el trágico destino de los 32 niños. Menos que un ejercicio de honestidad del autor, que también, más bien opera la eficacia de todo buen relato que se precie de tal: que las suturas no se noten y lo más genuino y trascendente suceda entre intercalaciones, puentes y enigmas.

© LA GACETA

WALTER VARGAS

comentarios