La irrupción del Grupo Praderas

11 Jun 2018 Por Fernando Stanich

Alguna vez, ya sobre el final del alperovichisimo, irrumpieron en el oficialismo los grupos Terraza y Frontón, pequeñas fracciones políticas de la capital que se abroquelaron para dirimir el poder dentro del Gobierno. Unos habían visto la luz en la azotea de un edificio céntrico, allá por 2013, y los otros nacieron tras un almuerzo en una peña de villa 9 de Julio, empujados por los celos hacia los mimos que recibían sus circunstanciales rivales. Ahora, casualmente cuando comienza a discutirse el armado electoral para 2019, una incipiente facción cobró vida en un asado meticulosamente organizado.

El Grupo Praderas compartió el jueves sus primeras impresiones sobre las tensiones en el oficialismo. Fue durante una comida que se extendió hasta la madrugada del viernes en un country de la avenida Perón. El anfitrión, y ese es el primer dato llamativo, fue Guillermo Gassenbauer, legislador surgido en las entrañas de José Alperovich e hijo del colaborador de mayor confianza que tuvo –y aún tiene- el actual senador. Es inevitable, por más que varios de los comensales traten de bajarle el tenor al encuentro, concluir que se trató de una respuesta oficial a los incómodos movimientos del ex gobernador. En especial, porque de esa reunión participó el vicegobernador, Osvaldo Jaldo, y porque el propio gobernador, Juan Manzur, se comunicó con él aquella noche desde Lima, en plena comida.

La lista de invitados no implica que el grupo haya quedado cerrado y que hayan quedado decenas de excluidos, pero sí marca un perfil. Alrededor de la mesa se sentaron las principales autoridades de la Cámara, como Fernando Juri y Juan Antonio Ruiz Olivares, y otros legisladores como Javier Pucharras, Enrique Bethencourt, César Dip, Daniel Herrera y Pablo Alfaro. También algunos intendentes, como Roberto Moreno (Trancas), Darío Monteros (Banda del Río Salí), y Marcelo Herrera (Simoca). Y asistió un funcionario de Manzur: el ministro de Gobierno, Regino Amado. Se excusaron Luis Morghenstein, que había viajado a Buenos Aires por el congreso del PJ; y el intendente monterizo Francisco Serra, enredado con trámites para el salvataje oficial al ingenio Ñuñorco. Quien no estuvo en la lista por pedido expreso del dueño de casa fue el mismísimo presidente del bloque Tucumán Crece, Ramón Santiago Cano.

Poco es lo que se filtró de ese mitin, porque los comensales acordaron silencio para evitar heridas entre los ausentes. Sin embargo, el eje de las charlas giró en torno a la necesidad de que comience a constituirse en la provincia el manzurismo. Entre los presentes no tienen dudas de que el senador Alperovich mantendrá su campaña para llegar en pie al próximo año, y que en ese marco se inscribe la aparición mediática del ex radical Roberto Palina. De hecho, que el secretario de Trabajo de Juan Manzur haya postulado a Alperovich para 2019 fue motivo de comentarios esa noche, así como la imagen que exhibieron con el ex gobernador Julio Silman y Sergio Venegas, dos referentes del este (la histórica sección que administra a su antojo Jaldo). Casualmente, Silman pasó en un semestre de ser tercera autoridad provincial a tener una oficina más chica en el octavo piso y sólo una veintena de contratos. Es decir, migajas de poder. No hubo una respuesta más enfática a los dichos de Palina porque el gobernador Manzur sugirió que al contestarle se le levantaría el perfil al alperovichismo. Con esa premisa, los pioneros del Grupo Praderas coincidieron en la necesidad de resguardar al Gobierno, de actuar como soporte para la consolidación de la actual fórmula y de evitar las intromisiones del senador. Es, de alguna manera, la ratificación del pedido que había lanzado Manzur a los delegados comunales para que salieran a pintar las paredes con Manzur-Jaldo. El operativo reeleccionista, por lo que se ve, se ha puesto en marcha.

El último blindaje a Jaldo lo dieron los mellizos Orellana, al advertir que si el tranqueño es despachado del binomio saldrán por afuera del PJ para postularlo. En una movida similar trabajan intendentes del interior, muchos de los cuales ya se pronunciaron en público por la conveniencia de que se reedite la fórmula el próximo año. Suena lógico, si se tiene en cuenta que ningún jefe municipal podría hoy subsistir sin la asistencia financiera de la Provincia. Por lo pronto, la próxima semana Manzur y Jaldo tendrán una nueva posta complicada, cuando deban concurrir a Aguilares para participar de la inauguración de la nueva Terminal de Ómnibus. Se sabe, ese municipio del sur comandado por el matrimonio Sergio Mansilla-Elia Fernández es uno de los últimos bastiones del alperovichismo.

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