La erradicación del trabajo infantil, materia pendiente

10 Jun 2018

Están en las calles, pero no se los registra, tal vez por esa mala costumbre de invisibilizar lo que nos molesta o lo que repiquetea como reproche en la conciencia. Es común verlos mendigando en bares, plazas, bancos, apostados en algunas esquinas de las avenidas, oficiando de limpiadores de parabrisas, juntando cartones, lustrando zapatos, aunque la mayoría trabaja en la zona rural, realizando labores de adultos en las cosechas y también en la actividad ladrillera. Uno de los principales problemas que genera esta explotación es que una buena parte de estos pequeños obreros debe abandonar la escuela para trabajar y ayudar a sostener la economía familiar.

El 12 de junio se recuerda el Día Mundial contra el trabajo Infantil, fecha acuñada en 2002 por la Organización Internacional del Trabajo, cuyo objetivo es crear conciencia en los gobiernos, organizaciones de empleadores y de trabajadores, representantes de la sociedad civil, medios de comunicación, para erradicar el trabajo infantil.

El 31 de mayo divulgamos parte del “Informe mundial sobre la infancia 2018: Infancias robadas”, de la organización humanitaria internacional Save The Children. El reporte señala que más de 1.200 millones de niños viven en países asolados por la pobreza; 240 millones, en países afectados por conflictos; y más de 575 millones de niñas, en países con graves problemas de discriminación de género. Según esas cifras, más de la mitad de los chicos en todo el mundo ve su infancia perjudicada por algún tipo de amenaza como la guerra, la pobreza extrema o la discriminación de las niñas.

En el estudio, que se llevó a cabo en 175 países, se indica que la situación ha mejorado en términos generales en 95 países, mientras en unos 40 ha empeorado mucho. Entre los países iberoamericanos, solo dos figuran entre los 15 primeros: Portugal en el más alto (puesto 11), seguido de España (en el 14), Chile (en el 58), Argentina (en el 73), Brasil y México (en el 93), Perú (en el 95). El índice se elabora tras comparar indicadores como falta de alimentos, acceso a la educación, alimentación, problemas de salud y violencia extrema.

En julio de 2017, difundimos mediciones que dieron cuenta que en nuestro país, el 35% de los adolescentes, de entre 13 y 17 años, realizaba tareas de explotación económica en el ámbito rural. En noviembre pasado, la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes 2017, mostró que 149.539 chicos, de entre 5 y 15 años en el Noroeste, realizaban trabajo infantil. A nivel nacional eran 715.484 menores que tenían sus derechos vulnerados y que trabajaban fuera y también dentro de sus propias casas.

En la Argentina, la Ley 26.390, promulgada en 2008, prohíbe todo tipo de actividad laboral, sea remunerativa o no, de los chicos menores de 16 años.

Esta explotación responde a un sistema de inequidad bastante perverso que podría ser modificado a partir de que los adultos tuvieran acceso a trabajos dignos, que los empleadores no se valieran de la situación de pobreza o miseria de sus empleados para aprovecharse de ellos. Los controles del Estado deben ser constantes y rigurosos. Por otro lado, los asistentes sociales podrían trabajar con esos chicos y sus familias para ver de qué modo se puede ayudarlos para que los primeros vayan a la escuela y los segundos tengan una ocupación que les permita vivir.

Nuestros gobernantes podrían preguntarse si estarían de acuerdo con que sus hijos de 5 a 16 años trabajaran. Una sociedad, en la que miles de niños son explotados, no puede considerarse justa ni estar orgullosa de sí misma.

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