San Martín: esa buena costumbre de reír

En tres décadas, San Martín llegó en cuatro oportunidades a la máxima categoría del fútbol argentino. En las anteriores no supo lidiar con el promedio

05 Jun 2018

Habrá sido un puñado los que de verdad creían que San Martín podía llegar a Primera “A” -como entonces se denominaba la máxima categoría del fútbol argentino- hace una treintena de años. Muchos, todos, podrán haberlo soñado; podrán haberlo deseado. Pero los convencidos de verdad seguramente eran muy pocos.

Sin embargo, ahí estaba San Martín, disputando el Regional ante Central Norte y los jujeños de Talleres (Perico) y de Atlético Ledesma. Si lo ganaba, pasaba al Zonal Noroeste, que daba una plaza para el Nacional B, una meta más factible, menos onírica.

Y el “Santo” lo ganó y comenzó a jugar el siguiente torneo. Y sus rivales fueron quedando en el camino. Belgrano de Paraná (0-0, en Entre Ríos; 6-2, en Ciudadela); Sarmiento de Leones (1-0 de local; 1-1 en Córdoba), y Güemes de Santiago del Estero (0-1, de visitante; 5-1, en Tucumán). San Martín había llegado a la B Nacional y, de “yapa” con ese ascenso, obtuvo una plaza para el Dodecagonal, que otorgaba un cupo para Primera “A”. Para ese momento, con los sucesivos “diarios del lunes”, varios se habían ido sumando a los crédulos originario; y ahora muchos confiaban en que el “Santo” podía llegar. Y para cuando el equipo tomó envión ya nadie dudaba de que la gloria estaba a la distancia de un beso. Siempre con desventaja deportiva, San Martín ganó todas las llaves: Tigre, Cipolleti, Quilmes y Chaco For Ever. Con fútbol, con goles, con la pasión de siempre, el “Santo” hacía historia, y llegaba a Primera División sin haber jugado un solo partido de la “B”.

El primer regreso

El “Santo” no pudo ganarle al maldito promedio, y prontamente bajó de categoría. Pero le había tomado el gustito a la “A”, y se había quedado con ganas de más. El retorno se hizo esperar tres años. Otra vez el “Santo” llegaría por la vía de una liguilla. Pero esta tendría un sabor especial porque entre los eliminados estaría el eterno rival: Atlético.

El primero en sufrir al “Ciruja” fue Arsenal (ganó ambos cruces 1-0). Luego llegó Atlético; el partido de ida, jugado en 25 de Mayo y Chile, terminó 1-1; la revancha, en la Ciudadela, cerró 0-0. El “Santo” siguió su camino, merced a la ventaja deportiva. En la semifinal enfrentó a Nueva Chicago: 0-0, en Mataderos; 1-0, en Tucumán.

Otra vez San Martín ante las puertas de la gloria. Y no iba a permitir que Almirante Brown le quite la miel del regreso a Primera. En casa venció el “Santo”, por 1-0, por lo cual debía al menos empatar el partido de vuelta. Corría el minuto 22 del complemento en Isidro Casanova y San Martín perdía 1-0; Carlos Scimé fue a ejecutar un córner desde la esquina derecha del arquero local. Pero no tira centro. Decide patearlo “olímpico”, y la decisión resultó acertadísima: golazo del “Ciruja”, y segundo ascenso para Ciudadela.

Una década atrás

En esa segunda excursión a Primera, San Martín tampoco supo cómo resolver el problema del promedio. Abajo, otra vez. A volver a remarla. Pero esta vez esperaría 16 años, hasta 2008. Pero en esta ocasión, el equipo de Bolívar y Pellegrini llegaría a la máxima categoría como consecuencia de haber logrado el título de campeón del torneo de la B Nacional.

El formato de aquella competencia preveía que los dos primeros ascendían directamente a Primera, mientras que los dos que les seguían jugaban sendas promociones. El “Santo” se aseguró una de las plazas cuando todavía restaban por jugarse tres fechas. Por la jornada 37 visitaba a Chacarita, en el estadio de Argentinos. Al menos debía conseguir un empate.

Cuando faltaban 10’ para que cierre el primer tiempo el “Funebrero” se puso en ventaja. Pero el 1-0 duró muy poco, porque en los primeros cuatro minutos del complemento, Mariano Campodónico marcó por duplicado. Chacarita igualó con el partido casi ido; pero ese resultado no modificaba la llegada a Primera del “Ciruja”.

El promedio, ese nudo gordiano para San Martín, volvió a signar la mala fortuna del “Santo” en su tercera temporada en la máxima categoría. Precisamente allí radica el desafío para su cuarta experiencia.

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