La vertiginosidad de un año en el que se busca la solvencia fiscal

03 Jun 2018
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EDUARDO ROBINSON | ECONOMISTA

¿Qué dejan los primeros cinco meses del año? ¿Qué puede esperarse para los meses que vienen? Al respecto conviene repasar los sucesos. El año empezó con el telón de fondo del anuncio efectuado por el gobierno, de modificar la meta inflacionaria prevista para el año en curso. En efecto, el Banco Central había pautado un 10%, y luego hacia fines de diciembre, la meta fue elevada al 15%. Este hecho fue interpretado como un relajamiento de la política monetaria. Es decir, reducir la tasa de interés de referencia que establece la autoridad monetaria a los efectos de evitar un posible enfriamiento de la actividad económica. Sin embargo, bajar la tasa de interés, implicó que el Banco Central aflojaría la lucha contra la inflación. Junto a esta premisa, subyacía mantener la reducción gradual del déficit fiscal lo que implica recurrir al financiamiento externo e interno. Se descontaba que el contexto internacional se tornaría más complicado al subir las tasas de interés en los Estados Unidos. Esto llevó a que el gobierno se adelantara para cubrir las necesidades de financiamiento del año, por ello, un alto porcentaje del monto requerido, alrededor de U$S 30.000 millones, ya estaba cubierto en la primer quincena de enero.

Mientras, en el plano interno, continuaron los incrementos de las tarifas de los servicios públicos. Esto provocó que la inflación de los primeros cinco meses del año, no bajara del promedio del 2% mensual y por lo tanto, en los meses transcurridos, se derrumbó la posibilidad de alcanzar la meta del 15% establecida para todo el año. La creciente inflación, el enrarecimiento del contexto internacional, el daño provocado por la sequía en la zona núcleo de producción de granos del país que presagiaban menores exportaciones, fue un combo que estimuló la demanda de dólares. Por ello, el dólar mostró una evolución creciente desde comienzos de año. Hacia inicios de marzo, el Banco Central empezó a intervenir en el mercado cambiario, con el propósito de mantener la cotización en torno de los $ 20, y que al empezar la cosecha de soja, se incrementara la oferta y se estabilizara el mercado cambiario. Pero, mientras se mantenía la suba del dólar, entre fines del mes de abril y comienzos de mayo, se incrementaron las tasas de interés en Estados Unidos lo que detonó la salida de capitales y devaluaciones en varios países. Este hecho, sumado a que empezó a regir el impuesto a la renta financiera a los tenedores extranjeros de títulos públicos, y la creciente exposición de la economía argentina a los vaivenes de las tasas de interés, empezó a subir la percepción de riesgo país. Por todos estos factores, en Argentina el episodio produjo una agresiva corrida cambiaria. Estos factores fueron interpretados como una clara señal para que el gobierno acelere el gradualismo fiscal.

Lineamientos

Con este panorama, de mayor costo del crédito internacional, el gobierno decidió recurrir al financiamiento del Fondo Monetario Internacional, puesto que entiende que recurrir al organismo internacional, permitirá asegurar financiamiento a menor costo e inyectar una dosis de credibilidad. Pero, la pregunta pertinente, es ¿qué deja la corrida cambiaria? Lo principal. Imprimir mayor ritmo para equilibrar las cuentas públicas. Esto permitirá reducir el nivel de exposición crediticia y desacelerar la toma de endeudamiento.

Es decir, la corrida cambiaria, hizo que las principales variables a monitorear son: la cotización del dólar y el achicamiento del rojo fiscal. Con respecto al dólar, las proyecciones del mercado a comienzos de año consignaban el valor del dólar a $ 22,30. Pero, la suba de la divisa norteamericana fue del 26% desde comienzos de año, Esta devaluación, qué consecuencias tiene para la economía. Recupera la economía algo de competitividad cambiaria, lo que mejora el perfil de los sectores exportadores, desincentiva las importaciones, sube los costos interno en dólares, subirá la tasa de inflación, lo que reducirá el poder adquisitivo y debilitará el consumo.

En este escenario, los nuevos desafíos que tiene la política económica es, procurar que no se acelere la tasa de inflación al tiempo que tiene que recortar el gasto. Por ello, ya empezó a perfilar los lineamientos del presupuesto 2019, porque acá estará el centro del debate, ¿dónde recortar?, ¿transferencias a provincias, reducción de obra pública? Suponiendo que se puede llevar a delante la reducción del déficit fiscal, esta es la condición necesaria para recuperar solvencia fiscal, pero no es suficiente para acelerar la inversión y expandir la capacidad productiva. Las otras condiciones, serán las expectativas respecto del horizonte económico y político.

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