El debut de los bailarines rusos en 1918

28 May 2018

Manuel Riva - LA GACETA

La presencia de los bailarines rusos siempre generó en nuestra provincia gran expectativa. El público respondió, en todos los casos, con amplitud como ocurrió apenas dos años atrás cuando se presentó el espectáculo “Los zares del ballet” que reunía a figuras de los conjuntos rusos del presente. Pero en esta oportunidad nos vamos remontar a un siglo atrás, a mayo de 1918, cuando el teatro Belgrano fue la caja de resonancia para la presentación del grupo dirigido por Ana Pavlowa, una de las bailarinas más admiradas de su tiempo. La mujer fue precursora en la concepción de la danza en Rusia, adepta a las orientales, de una especial sensibilidad social, trabajadora incansable y una artista de una delicadeza y un histrionismo únicos en la transmisión de la emoción a través de la danza.

El debut fue un éxito. Nuestro cronista expresó que la presentación fue un “espectáculo de arte y de hondas emociones estéticas”. Había gran expectativa por la llegada de la troupe de bailarines rusos que venían precedidos de excelentes críticas por sus actuaciones en el Teatro Colón de Buenos Aires y otras ciudades del interior del país. Nuestro diario anunciaba: “como primera figura se destaca el señor Richard Nemaneff, ex primer bailarín de la corte del ex zar de Rusia, la primera bailarina del Covent Garden de Londres Socolowa y el señor Sacha Popeloff, ex bailarín solista de la Pavlowa”. Por su parte el diario El Orden indicaba: “debemos señalar complacidos el entusiasmo del público porque revela lo mucho que hemos avanzado en lo que a refinamiento del gusto artístico se refiere”.

Ballet zarista

Nuestro diario de entonces destacaba: “harán apenas unos 15 años que los empresarios europeos, constreñidos a satisfacer las exigencias de los públicos cada día más apremiantes, pusieron de moda los bailarines rusos, extraños y exóticos danzantes sólidos de la imperial academia de Petrogrado, especie de universidad plástica, creada por el capricho de un autócrata y conservada como demostración del lujo del zarismo”. La crónica relataba que aquella academia imperial promovía bailarines para los grandes coliseos del mundo. Entre ellos “sin ir más lejos a la deliciosa Karsavina, al magnífico Nijinsky y a la admirable Pavlowa”.

Ana Pavlowa fue parte de Les Ballet Ruses que dirigía Serguei Diaghilev hasta que en 1910 creó su propia compañía con la que recorrió cinco continentes. Ambos bailarines iniciaron la etapa de expansión de los espectáculos e influencia de la danza rusa a lo largo del mundo. Pavlowa fue la primera en presentarse en nuestra provincia y al año siguiente lo hizo la compañía Kawesky, otro desprendimiento del grupo de Diaghilev. Hacia 1915 llegó por primera vez Pavlowa a Latinoamérica y lo hizo a Cuba. Se presume que la mítica bailarina abandonó Rusia en 1914, en parte, por la inestable situación política de su país. Por esos años ella vivía en Londres lo que le permitía abstraerse de la situación en la agitada Rusia antes de la revolución. Los ballets rusos nacen en París en 1909, de una selección de los mejores bailarines del Ballet Imperial del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. En 1911 se independizan del Ballet Imperial y sobreviven por poco tiempo a la muerte de su fundador, Diaghilev, en 1929.

“La evocación de las fiestas y de los lenguajes artísticos de la antigüedad clásica por parte de los destacados bailarines considerados tuvieron una proyección educativa en Tucumán, pues buscaron la superación de las limitaciones culturales de la región”, expresa la licenciada Claudia Ale en su trabajo de investigación “Presencia del ballet ruso en Tucumán”.

Noche a noche los artistas venidos del frío presentaban una serie de cuadros que causaban admiración entre el público que se daba cita en el teatro Belgrano, de calle Las Heras (hoy San Martín) al 200 antes de su demolición. La expectativa crecía tras cada presentación y tras dejar la curiosidad inicial.

La tercera presentación fue informada por nuestro cronista así: “como en las funciones anteriores los tres artistas que integran la compañía hicieron prodigios en sus respectivos papeles. Especialmente debe citarse la “Mazurca” de Chopin interpretada por el señor Popeloff, la polka “Flirtation” por la señorita Socolowa y Nemanoff y las danzas hindúes de este último”. En la misma jornada hubo momentos muy interesantes como la presentación del arpista Marasow que interpretó con gran calidad la obra de Charles Gounod “Serenade” además de la variaciones de la obra “Iris”.

Los bailarines presentaban noche a noche obras del repertorio de la danza mundial desde Frederic Chopin pasando Antonin Dvorak, Frank Schubert, Pior Illlich Tschaikovsky, Serguéi Rachmaninov o Amadeus Mozart.

Abrupto corte

Esta sería la última función de la primera parte de la gira. La temporada que se encontraba realizando en nuestra provincia la compañía Pavlowa fue cortada abruptamente el 23 de mayo de 1918 y debió trasladarse a Buenos Aires por pedido del empresario que los promocionaba. Sin embargo la “troupe” regresó a fines de mayo para actuar nuevamente los dos primeros días de junio. Aquellas presentaciones fueron un éxito ya que la salida una semana antes aumentó la expectativa del público en volver a disfrutar de los bailarines rusos.

Amor por Latinoamérica

La coreógrafa y bailarina actuaría en Buenos Aires en cuatro ocasiones: en 1917, 1918, 1919 y en 1928. Argentina fue el último país de las giras latinoamericanas de Pavlowa. La bailarina quiso una vez más volver a América Latina, de la que se había enamorado, pero aquello no estaba destinado a cristalizarse. El cisne que tantas veces había agonizado en la escena emprendió el vuelo sin retorno. La excelsa intérprete excelsa murió súbitamente como consecuencia de una pulmonía durante una gira por los Países Bajos. Aquello ocurrió el 23 de enero de 1931, ocho días antes de que la artista cumpliera medio siglo. Antes del último suspiro, la artista pidió: “Tráiganme el traje del cisne”.

La reconocida bailarina convirtió “La muerte del cisne” en una obra maestra mundial y en el símbolo del ballet ruso. Con este actuó también en América Latina por la que realizó innumerables giras desde 1915 hasta 1928.

Recorrió el mundo

La bailarina estuvo en Cuba, México, Perú, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Panamá y Costa Rica… Los kilómetros recorridos fueron casi 500.000. Las funciones, alrededor de 4.000. Los países: Japón, China, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, India, Egipto, Sudáfrica, Canadá y todos los del continente europeo además de Latinoamerica.

ANA PAVLOWA
Bailarina rusa, la más famosa de su época. Nació en San Petersburgo y estudió en la Escuela del Teatro Imperial de su ciudad natal. Debutó como solista en 1899 y se convirtió en prima ballerina en 1906. Pavlowa realizó giras por Europa en 1907 y apareció brevemente con los Ballets Rusos del empresario Serguéi Diáguilev. En 1910 debutó en Estados Unidos con el bailarín ruso Mijáil Mordkin en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Fundó su propia compañía en 1911 y hasta 1925, fecha en la que se retiró, siguió bailando por Europa, América, África y Asia, llevando su arte hasta las áreas más remotas de la Tierra. Conservadora en su estética, fue una destacada representante del ballet clásico ruso, admirada por la calidad poética de su movimiento. Se interesó, también, por los bailes étnicos y la técnica de las danzas de India y Japón. Sus interpretaciones clásicas más famosas fueron Giselle, El lago de los cisnes, Las sílfides, Don Quijote, Copelia y el solo de La muerte del cisne, creado para ella en 1905 por el coreógrafo ruso Mijaíl Fokin.
ANA PAVLOWA
Bailarina rusa, la más famosa de su época. Nació en San Petersburgo y estudió en la Escuela del Teatro Imperial de su ciudad natal. Debutó como solista en 1899 y se convirtió en prima ballerina en 1906. Pavlowa realizó giras por Europa en 1907 y apareció brevemente con los Ballets Rusos del empresario Serguéi Diáguilev. En 1910 debutó en Estados Unidos con el bailarín ruso Mijáil Mordkin en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Fundó su propia compañía en 1911 y hasta 1925, fecha en la que se retiró, siguió bailando por Europa, América, África y Asia, llevando su arte hasta las áreas más remotas de la Tierra. Conservadora en su estética, fue una destacada representante del ballet clásico ruso, admirada por la calidad poética de su movimiento. Se interesó, también, por los bailes étnicos y la técnica de las danzas de India y Japón. Sus interpretaciones clásicas más famosas fueron Giselle, El lago de los cisnes, Las sílfides, Don Quijote, Copelia y el solo de La muerte del cisne, creado para ella en 1905 por el coreógrafo ruso Mijaíl Fokin.

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