Por qué bailar tango puede salvarte la vida

Roberto Peidro, coautor de un estudio y de un libro sobre los beneficios de bailar tango para el corazón y la salud en general, disertó en Tucumán durante las Jornadas de Salud y Actividad Física.

19 May 2018

HOY, A LAS 9

• En Las Piedras 496 se llevarán a cabo charlas sobre rehabilitación. Las actividades son gratuitas.

Llega Carmencita a su primer día de rehabilitación. Setenta años, recién salvada de milagro de un infarto, con una gran insuficiencia cardíaca y refunfuñando por lo irremediable: hoy tiene que empezar a hacer actividad física. Otra no queda. Para colmo, deprimida y sin ganas de hacer nada. En la sala de la Fundación Favaloro la espera el doctor Roberto Peidro, cardiólogo, cara de bueno y le dice: “Carmencita... ¿vamos a bailar tango?”.

Cree que es una broma, pero a los minutos cae en los brazos de un compañero de gimnasio que, sin preguntar demasiado, da los primeros pasos de un tango. Ambos tienen conectados los electrodos, el holter y todo el equipo para que los médicos vean cómo responden sus cuerpos al baile del arrabal.

“Antes de empezar a bailar, a Carmencita ya le habían aumentado las pulsaciones. ‘Tuc, tuc, tuc, tuc...’, escuchábamos y nos mirábamos. En ese momento, sólo el abrazo del tango, el contacto físico, ya estaba provocando una respuesta positiva en su cuerpo, y todavía no había empezado a bailar. Le cambiamos la vida en serio”, cuenta ahora, una década después, Peidro, que vino a Tucumán para las Primeras Jornadas de Salud y Actividad Física, que arrancaron ayer en Yerba Buena.

Peidro es cardiólogo y deportólogo y especialista en cardiología deportiva. Y en este tipo de encuentres suele exponer sobre esta suerte de revolución en terapias de rehabilitación cardíaca: junto con su equipo de la Fundación Favaloro y dos bailarines profesionales de tango explican de qué manera el baile del 2x4 es capaz de salvar vidas.

No hay misterio, dice, porque el tango es un baile y, como tal, actividad física. Su primer trabajo, publicado en la Revista Argentina de Cardiología en 2002, concluye: “bailar tango y milonga es un ejercicio de intensidad leve a moderada”, equivalente a caminar a buen ritmo. El milagro, en todo caso, está en la adherencia al tratamiento: con los ejercicios tradicionales de la rehabilitación, el 50% de los pacientes abandona; con el tango, solo el 20% deja.

El origen de la investigación

Fue el propio René Favaloro, en 1999, quien puso en contacto a Peidro con Mayoral y Elsa María, una legendaria pareja del tango porteño con inquietudes científicas. “Esta gente quiere hacer un trabajo de investigación sobre los beneficios para la salud que puede tener el tango. ¿Por qué no conversás con ellos?”, le dijo el jefe. Y ahí comenzó todo.

Mayoral y Elsa María, de tantos zapatos gastados en salones y escenarios, tenían la intuición de que el tango mejoraba la salud. No había estudios científicos al respecto, por lo que el trabajo de Peidro se considera el primero de este tipo.

“Teníamos que armar un protocolo de baile muy estricto para que los datos sean comparables. No es lo mismo una caminata que una salida”, advierte el médico. “Tuve que ir a las milongas para tratar de traducir los pasos y las figuras en patrones de movimiento físico. Me sentaba en un rincón, con mi libretita, a tomar apuntes. No había estado nunca en una milonga, y la verdad que es muy difícil no salir encantado”, contó. Lo que siguió fue más de laboratorio. Llamaron a varias parejas aficionadas al tango y las hacían bailar mientras monitoreaban, entre otros parámetros, el consumo de oxígeno durante las sesiones. “En una de esas tardes entró el doctor Favaloro a la sala y no entendía nada. Había un montón de gente bailando en su fundación. Él nos había dado el visto bueno, pero no tenía idea de qué estábamos haciendo. Se fascinó, por supuesto”, recuerda con cariño. Con el estudio ya publicado, llamaron de varios países pidiendo autorización para replicar el trabajo. Más adelante avanzaron en los experimentos y los resultados fueron aún mejores, ya que la actividad física era más intensa que la que habían visto al principio. Con todos esos datos, en 2007, publicaron el libro “Con el corazón en el tango”, actualmente.

Baile dos tangos y descanse

Mayoral y Elsa María registraron la marca Tango Salud y montaron una academia de baile con ese perfil. “Nosotros buscamos que los médicos vean en el tango una herramienta para combatir el sedentarismo, que es el principal enemigo del corazón. El 54% de nuestra población es sedentaria, según la última encuesta nacional. Entonces, si encontramos actividades que enganchen a la gente, como el tango, podemos ayudar a prevenir y a salir del sedentarismo”, explica Peidro.

Con todos los datos que consiguieron en sus años de estudio, los profesionales pueden “prescribir” el tango como actividad física. “Pero no se trata de decirle a la gente: ‘vaya y baile tango’. El profesional tiene que planear un esquema e indicar lo más detalladamente posible, por ejemplo: ‘baile dos tangos, descanse tantos minutos, baile dos tangos más y así durante una hora’, como lo haría con cualquier otra actividad”, finalizó.


1  Mejora los parámetros cardíacos y puede adaptarse al nivel de intensidad que necesite cada persona/paciente.
Combate la depresión, entre otras cosas porque estimula las capacidades de sociabilización de los pacientes.
3
Es apto para personas muy mayores, porque hay menos posibilidades de sufrir lesiones que con otra actividad.
4
El tango (sobre todo el abrazo) ayuda a generar oxitocina, la hormona del bienestar y del placer.
5
Mejora el equilibro, la coordinación y la velocidad, lo que a su vez previene de caídas a las personas mayores.
1- Mejora los parámetros cardíacos y puede adaptarse al nivel de intensidad que necesite cada persona/paciente.

2 - Combate la depresión, entre otras cosas porque estimula las capacidades de sociabilización de los pacientes.

3 - Es apto para personas muy mayores, porque hay menos posibilidades de sufrir lesiones que con otra actividad.

4 - El tango (sobre todo el abrazo) ayuda a generar oxitocina, la hormona del bienestar y del placer.

5 - Mejora el equilibro, la coordinación y la velocidad, lo que a su vez previene de caídas a las personas mayores.



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