Tom Wolfe: “Desde el punto de vista periodístico buscamos el drama”

El padre del Nuevo periodismo murió este martes. Aquí reproducimos una entrevista publicada en este suplemento hace una década. En su última visita a la Argentina, el autor de La hoguera de las vanidades hablaba sobre política, los problemas de la novela para encontrar lectores, su última ficción y la condición de escritor. Ofrecía definiciones como esta: “Si tu capacidad para descubrir y para transmitir por escrito es más importante que cualquier cuestión en el mundo, pienso que estás siendo realmente un escritor”

20 May 2018
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DEFINICIÓN. “La parte más apasionante de la escritura es el descubrimiento”. archivo

Por Paula Varsavsky - Para LA GACETA - Buenos Aires

Vestido con su legendario traje blanco, camisa negra y corbata negra con dibujos geométricos blancos, el escritor y periodista Tom Wolfe recorría los salones de un lujoso hotel de Buenos Aires a medida que iba siendo entrevistado. Se trata de su segunda visita a nuestro país. La primera fue hace tres años como turista. Viajó atraído por su fascinación por la música de Astor Piazzolla, a quien considera el mejor compositor del siglo XX. Esta vez, ha sido invitado por la Embajada de Estados Unidos para participar en la 34ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Además, se dio el gusto de ver la ópera María de Buenos Aires, de su compositor favorito.

Es autor de una decena de libros de no ficción, entre ellos, los clásicos Ponche de ácido lisérgico y Lo que hay que tener, y de tres novelas; en 2009, publicará Back to Blood (Volver a la sangre). Su primera novela, La hoguera de las vanidades (1987), fue un rotundo éxito de ventas y de crítica. En 1991 se estrenó la película basada en la novela homónima, dirigida por Brian de Palma y protagonizada por Tom Hanks, Melanie Griffith y Bruce Willis. Su última novela publicada, Soy Charlotte Simmons, narra la historia de una chica proveniente de un pequeño pueblo del Estado de Carolina del Sur quien, gracias a sus excelentes calificaciones en el colegio secundario, accede a una universidad de elite. A través de Charlotte aparecen temas que han obsesionado al autor: el choque de clases, el sexo en las universidades, la corrupción del mundo académico, la devoción por los deportistas destacados y los giros idiomáticos.

Sin secretos al respecto, el autor es un fan de George W. Bush, quien, a su vez, dice haber leído todos los libros de Wolfe. Como integrante de la intelectualidad neoyorquina, su apoyo incondicional al controvertido jefe de Estado llena de espanto a sus colegas. Sus últimas declaraciones públicas al respecto, en una entrevista publicada en el New York Times causaron tal revuelo que Wolfe terminó contestando que el hecho de hacer público su apoyo a George W. Bush era comparable con haber dicho: “¡Ah! Me olvidé de decir que soy abusador de niños”.

Tom Wolfe (Virginia, 1931) creció en el seno de una familia acomodada. Su padre, doctorado en Agronomía, era dueño de granjas; su madre lo acercó a la literatura. Asistió a la Universidad de Washington, a pesar de haber sido aceptado en la Universidad de Yale; luego, se doctoró en estudios norteamericanos. Rápidamente tomó un trabajo en el matutino The Washington Post. En la década del 60, se convirtió en uno de los fundadores del llamado Nuevo periodismo, junto con Norman Mailer y Truman Capote. Sentado en un sillón tapizado en cuero blanco, Tom Wolfe respondió amablemente, con voz apenas audible, todas las preguntas que se le formularon.

- ¿Cómo ve la situación política de Estados Unidos en la actualidad?

- Creo que lo primero que hay que entender respecto de la política de Estados Unidos es que es como un tren. Hay gente en la izquierda y en la derecha gritándole al tren que, en realidad, no tiene opciones, debe seguir una vía. No puede ir ni a la izquierda ni a la derecha. Por ejemplo, cuando Ronald Reagan se convirtió en presidente, anunció que eliminaría el ministerio de educación. Al dejar el gobierno, ese ministerio contaba con el mayor presupuesto de su historia. En 1974, cuando se forzó a Richard Nixon a dejar la presidencia no hubo manifestaciones ni protestas. Pensé que, al menos, un republicano borracho tiraría un ladrillo en la puerta de algún salón, pero no ocurrió. En cambio, la gente lo miró por televisión, yo también. Es por eso que no me ha interesado el periodismo político en Estados Unidos: es muy aburrido. Desde el punto de vista periodístico buscamos el drama y, realmente, crear un drama de la situación política actual demandaría demasiada creatividad.

- ¿Le parece que hay un orden natural o preconcebido de las cosas que va más allá de las fuerzas de izquierda o derecha? A usted no le interesa en absoluto la situación política de Estados Unidos; por otro lado, parte del mundo la está observando.

- Acepto que he sido un poco irónico al respecto. Pero hay una verdad subyacente, si me perdona la expresión, y es el secreto de la estabilidad política de los Estados Unidos: el respeto de los unos por los otros. Es cierto que tuvimos un apartheid hasta mediados del siglo XX. Pero ya no existe, está aceptado que fue un enorme error. Mostrar desprecio públicamente por otro grupo racial o étnico, aunque quizá exista en el corazón de una persona, no es factible. Esto es más valioso que aumentos en los salarios o mejores viviendas. El creador de este estado de ánimo, a principios del siglo XIX, fue Thomas Jefferson. Organizó una campaña deliberada para eliminar todo el simbolismo de la aristocracia. En aquella época había grandes territorios aún no divididos en Estados, se alentaba a los habitantes a poblarlos, de esa forma serían de ellos. Estados Unidos fue el primer lugar del mundo donde los individuos pudieron comprar y vender extensiones de tierra. Creo que eso es lo que ha permitido atravesar una crisis tras otra, simplemente, no se puede tener una clase superior. Hay familias famosas como los Astor o los Rockefeller, pero no tienen poder. Para mí, esto es valiosísimo.

- ¿Qué significado le da al hecho de haber aparecido en dos capítulos de Los Simpsons?

- Me sentí importante. Me hizo sentir que no me estoy construyendo solamente en mi propia mente. Cierta vez, encontré algo que me impactó aún más. Estaba en San Francisco y tenía que matar el tiempo; entonces, comencé a hojear unas revistas de historietas en un quiosco. Encontré una copia de Dr. Strange, no sé si existe esa publicación en la Argentina. Dr. Strange está generalmente vestido con un disfraz, pero en esta ocasión estaba de incógnito. Tenía una novia que era de otro planeta. De pronto, se veía a este tipo que le decía “Doctor Strange” y ahí estaba yo; él decía “Tom Wolfe no te veía desde que eras un tierno bebé”. Yo aparecía en tres de los cuadros de la historieta. Entonces pensé: “soy famoso”. No había nadie que quisiera quedar bien conmigo en esa revista. Me resultó muy halagador.

- ¿Por qué dice que la novela está muerta?

- Hay un solo tipo de novela que permanece viva. Me sonroja decir que son las del tipo de las que escribo. Sucedió algo extraño respecto de la novela norteamericana; es típico de la vida intelectual. Entre 1900 y 1939 fue la época de la novela realista. Por primera vez en 200 años, en Estados Unidos, la literatura fue conocida. Comenzó con Theodor Dreiser, continuó con Ernest Hemingway, Sinclair Lewis, William Faulkner, Scott Fitzgerald y John Steinbeck. De pronto, en toda Europa la gente comenzó a leer la novela norteamericana. Jean Paul Sartre escribió tres novelas profundamente influenciado por John Dos Passos. Hubo, entonces, un triunfo cultural. Sin embargo, luego de la Segunda Guerra Mundial empezó a circular la noticia de que la novela realista había muerto. Siendo sujetos colonizados obedientes, solamente en esta área, creímos que debíamos hacer lo mismo que los franceses, escribir novelas no realistas que entraran en categorías que terminan con “ismo”: minimalismo, deconstructivismo, realismo mágico. Todas eran aplaudidas por lo que denomino la amable aristocracia que determina el gusto. Pero el público en general no se interesó demasiado. ¿Y qué somos nosotros, unos pocos, contra tantos?

- ¿Hay algún escritor contemporáneo al que admire?

- Philip Roth. Me parece que es el mejor que tenemos. El mismo advirtió que el desafío a la imaginación de un escritor está en el periódico de la mañana siguiente. El problema de escribir ficción es que tiene que ser plausible. Ninguna otra cosa en el mundo debe serlo. No vivimos en un mundo con esa característica. Cuando estaba escribiendo un libro acerca de la vida en las residencias universitarias, hablé con el director de la revista literaria de Harvard. Le pregunté acerca de sus ambiciones. Contestó que quería ser guionista de televisión. Le pregunté si no advertía que, de esa forma, jamás tendría un nombre. El único guionista conocido es el que escribe para Los Soprano. Dijo que si su trabajo era bueno, lo respetarían. Después pensé que, si este estudiante podía satisfacer sus ambiciones de esa forma, quizá el mundo se convierta en un sitio mejor.

- ¿Qué lugar ocupan los escritores en los medios?

- Quizá esto lo diga el periodista que llevo dentro. Para mí, la parte más apasionante de la escritura es el descubrimiento, más que cualquier causa o principio. Descubrir cosas que son importantes pero que pocos conocen. Creo que hay algo que conozco que es la “objetividad ególatra”. Esto significa que si tu capacidad para descubrir y para transmitir por escrito es más importante que cualquier cuestión en el mundo, al menos hasta que el enemigo esté a una cuadra y media de tu casa; entonces, pienso que estás siendo realmente un escritor. Por eso respeto tanto a Emile Zola; en su momento, era de izquierda, pero no podía lograr mentir. Cuando publicó su novela sobre los barrios bajos, la comunidad de escritores lo denunció; esperaban que los personajes fueran como los de Víctor Hugo. En cambio, él escribió sobre gente alcohólica, malvada, mezquina, vengativa, lo cual quiere decir que eran reales.

- Su próxima novela se titula Back to Blood (Volver a la sangre), saldrá en 2009. ¿De qué se trata?

- El título no tiene que ver con sangre fresca sino que se refiere al linaje. El tema subyacente es la inmigración a los Estados Unidos. Está situada en Miami. Creo que es la única ciudad en el mundo cuya población está conformada mayormente por inmigrantes que se establecieron en los últimos 50 años. Políticamente la ciudad está gobernada por gente de otro país, que habla otro idioma, con otra cultura. Me refiero, por supuesto, a los cubanos que ganaron en las elecciones. Creo que es el experimento de inmigración más interesante que hay en el país.

© LA GACETA

PERFIL

Tom Wolfe nació en 1931, en Richmond (Virginia, EE.UU.). Murió esta semana, en Nueva York, a los 87 años. Fue uno de los escritores más relevantes y controvertidos de los Estados Unidos. Siendo joven se destacó por sus colaboraciones en medios como The Washington Post, Esquirer y New York Herald. Considerado uno de los padres del Nuevo Periodismo, corriente periodística que aborda la realidad con técnicas narrativas propias de la ficción, Wolfe afirmó: “lo que me interesó no fue solo el descubrimiento de que era posible escribir artículos muy fieles a la realidad empleando técnicas habitualmente propias de la novela y el cuento. Era eso... y más. Era el descubrimiento de que en un artículo, en periodismo, se podía recurrir a cualquier artificio literario (...) para provocar al lector de forma a la vez intelectual y emotiva”. Tardíamente se abocó a la escritura de novelas, con gran éxito de ventas y de crítica. La hoguera de las vanidades, para muchos la gran novela de Nueva York, y Todo un hombre son sus títulos sobresalientes. Sus declaraciones políticas, usualmente sarcásticas, generaron polémica. “Si un conservador es un liberal que ha sido atracado, un liberal es un conservador que ha sido arrestado”, disparaba.

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