Punto de vista sobre la ayuda del FMI: el gradualismo es el camino

09 May 2018
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MAURICIO MACRI. FOTO TOMADA DE TN.COM.AR

Pablo Pero - Economista y Docentes de la UNT

El FMI tiene la misión de sostener a las economías que están pasando por desequilibrios de corto plazo, y la de ser prestamista de última instancia. Con ese rol, asegura a un país el respaldo financiero que necesita y dar fe de que no entrará en default, ni incumplirá con sus pagos, porque el Fondo lo financiará en caso de que el mercado decida no hacerlo. Con esto, ese mercado sabe que sus acreencias serán honradas y continuará fondeando al país.

El caso se aplica hoy a la Argentina. Mauricio Macri asumió en diciembre de 2015 con un importante déficit fiscal y muchas trabas en la economía. Antes de asumir, prometió que iba a corregir la economía, en forma gradual, tomándose cinco años para hacerlo. La otra opción, de ajuste brusco, implicaría más impuestos, más inflación o mayor ajuste. El gobierno va por el camino gradual. Esta propuesta resultó acertada en el mundo en que asumió: gobernaba Barack Obama en EEUU; se apostaba por el multilateralismo y las tasas internacionales estaban en su mínimo histórico. Pero todo cambió en estos dos años: asumió Donald Trump; empezó la guerra comercial con China y subieron las tasas de interés en EEUU. En el país, los que nos estaban financiando vieron que la oposición ganaba fuerza y la propuesta de ajuste fiscal empezaba a flaquear. A eso se le sumó el beneficio de una tasa mayor en EEUU, que causó el violento escape de los capitales hacia el exterior, haciendo caer el valor del peso, y poniendo en riesgo la capacidad para financiar la transición hacia una economía ordenada.

El gobierno recurre al FMI para no tener que abandonar su programa económico. La fuga de capitales ya le obligó a resignar parte de su gradualidad; la meta de déficit de 3,2% del PBI pasó a 2,7%, renunciando a $ 30.000 millones en obra pública. La pregunta es si el plan actual le parecerá suficiente al FMI, o pedirá mayor ajuste fiscal. En su informe de diciembre de 2017, avisaba que el riesgo del plan consistía en que el mundo deje de financiar el proceso de ajuste; lamentablemente acertó. Allí afirmaba que el programa del gobierno es posible, pero recomendaba acelerar el proceso para disminuir riesgos y costos de mediano plazo. También sugería que el déficit fiscal primario a diciembre de 2019 debía ser 0%; el gobierno propone 2,2%. Para ello, el FMI sugería bajar el empleo público, aumentar la edad jubilatoria, racionalizar el gasto social y usar mejor la tecnología para eficientizar el Estado. La negociación de las próximas horas demostrará si el FMI está dispuesto a ayudar al país respetando el programa local o si intentará una vez más implantar sus deseos en las políticas domésticas.

El gobierno optó por el gradualismo; necesita dar una señal al mercado de que no faltarán los capitales para sostener la transición. Por eso recurre al FMI, con un programa para asegurar el financiamiento de 2018 y 2019. El FMI será el prestamista de última instancia que puede financiar a tasas bajas, al tiempo que le muestra al mercado que Argentina tiene espalda para cumplir con su plan.

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