El gimnasio puede volverse una nueva forma de “terapia familiar”

El entrenamiento conjunto de padres e hijos ayuda a fortalecer los vínculos afectivos. Una vía para pasar más tiempo juntos.

08 May 2018

Para los chicos parece un juego; sin embargo, es entrenamiento puro, pero muy divertido. Padres e hijos; madres e hijas se mueven al compás de las indicaciones del profesor. Saltan una valla, pasan por debajo de la siguiente; avanzan uno al lado del otro como lagartijas en el piso; se ponen de pie, trotan hasta un colchón elástico, suben dos peldaños, giran alrededor de un cono naranja flúo y así completan la rutina que se repite tres veces.

Son alrededor de 20 parejas (padres e hijos; madres e hijas) que siguen las instrucciones del profesor Ulises Emmanuel Luis. Sobre la alfombra de goma se desplazan, se ríen y cumplen la rutina de ejercicios. “Empezamos a trabajar los vínculos emocionales entre los papás y los hijos; habíamos notado que muchos adultos que llegaban a entrenarse venían con muchos problemas emocionales -explicó Luis-. Entonces, al detectar que la mayoría tenía ciertos patrones que iban por ese lado, trabajamos desde la neurociencia, propusimos ir al origen del problema y eso es el primer vínculo afectivo que tiene el niño cuando nace; es decir, los padres. Por lo tanto creamos un método en el cual los papás y los hijos puedan fortalecer aún más ese vínculo, donde a los niños se les inculcan ciertos valores desde la competencia sana, la compañía, lo que hace falta para trabajar en equipo, que uno depende del otro”.

“Se trabaja sobre la confianza, la autoestima y sobre lo importante que es fracasar para poder aprender -detalló-, y generamos trabajos en conjunto, grupales. De esa manera generamos diferentes situaciones en el espacio de entrenamiento para trabajar la parte física y emocional y el aspecto psicológico de los niños”.

Luis es profesor de educación física desde hace 10 años. Por medio de este sistema se puede educar y rescatar valores con un método que es lo más didáctico posible. “La actividad física fue cambiando bastante; hoy en día la gente busca eliminar el estrés. Los factores más importantes de enfermedades vienen desde el aspecto emocional, hay muchas enfermedades autoinmunes. Pensamos que la parte emocional es un aspecto importante y a través de la actividad física lo podemos trabajar”, afirmó.

Una puerta abierta

Una clase convencional implica unos 45 minutos. Además se utilizan otros 15 minutos para las devoluciones del profesor. Hace dos meses comenzaron con las clases semanales en Lavalle 577. Los asistentes se dividen en turnos durante tres sesiones por semana. “Vemos este método como una puerta para trabajar y desarrollar valores para una nueva generación, donde podamos ser un poco más humanos; la idea es que los padres nos ayuden a ayudar a los niños”, remarcó.

El profesor Luis es padre de Thiago, de seis años. “Me puse en el lugar de los padres que no tienen tiempo, por el ritmo de vida, de poder compartir con los hijos, y muchas veces se piensa que se pueden cubrir esas necesidades con cosas materiales, pero los niños demandan tiempo compartido -advirtió-. Esta es una manera en que los padres pueden hacer actividad física y a la vez compartir con sus hijos y que esa actividad tenga un contenido importante y la puedan transmitir a ellos”.

Actualmente, Luis cursa una maestría en psicología emocional y en neurociencias. Uno de sus referentes es Facundo Manes. “También hacemos trabajos cognitivos, donde los chicos tienen que desarrollar un cálculo matemático sencillo que a la vez ponga en funcionamiento no sólo la parte física, sino que tienen que pensar y resolver situaciones -explicó-; apostamos a trabajar ambos hemisferios del cerebro. Es algo que no se está haciendo y la idea fue empezar con este método en el que unificamos la parte emocional, psicológica y física de los chicos”.

Al terminar la clase, mientras los adultos comenzaron a elongar, el profesor hizo una devolución para analizar cómo se sintieron. Giselle González, mamá de Leandro, de 10 años, se tomó un respiro luego de los 45 minutos que había durado el entrenamiento. “Me gustó mucho; creo que ha sido muy divertido y además creía que le podía interesar a él -dijo mientras señalaba a su hijo-, porque también hace básquet y yo venía sola, pero ahora era una oportunidad para que compartamos este espacio”.


una visión del mundo 
el profesor habló de las Causas y los efectos de las palabras en el cerebro
Al final de la clase, el profesor Ulises Luis hizo una devolución a cada una de las parejas que había trabajado durante los 45 minutos de gimnasia. Habló sobre la necesidad de reforzar los valores en los niños. También resaltó el efecto de las palabras en el cerebro. “Lo que más nos importa es la historia de nuestras vidas, y lo que más deseamos es que la nuestra sea una buena historia, con un protagonista decoroso, y el lenguaje positivo es la capacidad de construir buenas historias -sostuvo-. Las palabras negativas reducen tu campo de visión en el mundo. En cambio, las positivas te hacen ser más inteligente, más creativo”.
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Al final de la clase, el profesor Ulises Luis hizo una devolución a cada una de las parejas que había trabajado durante los 45 minutos de gimnasia. Habló sobre la necesidad de reforzar los valores en los niños. También resaltó el efecto de las palabras en el cerebro. “Lo que más nos importa es la historia de nuestras vidas, y lo que más deseamos es que la nuestra sea una buena historia, con un protagonista decoroso, y el lenguaje positivo es la capacidad de construir buenas historias -sostuvo-. Las palabras negativas reducen tu campo de visión en el mundo. En cambio, las positivas te hacen ser más inteligente, más creativo”.



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