“La fotografía es una máquina del tiempo”, dice Abel Alexander

Mucho patrimonio histórico está guardado en casas familiares, consignó el historiador. Las fototecas: archivos de rescate y cuidado.

08 May 2018
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DOCUMENTO. El curador Alexander mostró en su visita anterior la histórica foto de Ángel Paganelli, de 1868. la gaceta / foto de DIEGO ARAOZ

Abel Alexander lleva décadas trabajando en la fotografía histórica y bregando por el cuidado del patrimonio que muchos argentinos tienen guardado en sus casas. “La fotografía antigua, que se encuentra mayormente en poder de la gente, tiene un valor patrimonial. La realidad es que la inmensa reserva del país se encuentra en casas familiares. Y esas familias destruyen el archivo fotográfico sin darse cuenta, a veces, de que esas piezas pertenecen a la historia argentina”, reflexiona durante una entrevista con LA GACETA.

Alexander es investigador histórico, autor, fotohistoriador y restaurador fotográfico. Y preside, desde su creación, la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía. Su última visita a Tucumán se vinculó con su rol de curador de la muestra “Horacio Quiroga. Del banquete a la selva”, de la Biblioteca Nacional, que hasta el 25 de este mes se puede visitar en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265).

“La fotografía histórica tiene el poder de conectarnos con la nostalgia de tiempos pasados; es una máquina del tiempo que no sólo nos acerca a la vida de los que nos precedieron, sino que nos recuerda nuestras propias vidas”, reflexiona Alexander en el hall de un hotel céntrico. “Los usos de la fotografía trascienden lo estrictamente artístico”, reitera.

- Usted llamó a crear fototecas. ¿En qué consiste esta iniciativa?

- Las fototecas son la posibilidad de armar archivos especializados para rescatar la fotografía. La fotografía congela el tiempo, lo retiene y lo preserva para el futuro. Hay que cuidar mucho eso y la fototeca es una entidad especializada en la recepción, limpieza y cuidado de la fotografía antigua. Además puede organizar muestras itinerantes. Por eso reitero mi llamado a cuidar esas cajas de fotos viejas de nuestros abuelos, a no deshacernos de ellas y a acercárselas a un coleccionista. Por ejemplo, aquí, en Tafí Viejo, un descendiente de un trabajador de los talleres ferroviarios tiene fotos de su familia en esos talleres, pero a su vez esos registros testimonian la existencia de los talleres mismos, de todo un período en el que la economía de ese lugar fundamentalmente dependía de esa producción, y que muestra otra realidad.

- Dan cuenta de otras verdades, como la de la propia Casa Histórica, que tenía otra construcción, otros colores...

- Claro, gracias a la foto de Ángel Paganelli conocemos la fachada de la Casa Histórica. Él sacó la foto en 1868. Y por ella sabemos cómo fue esa casa, su fachada. Fue reconstruida casi totalmente en 1940; sólo queda la sala de jura original.

- ¿Se sabe qué foto es la más antigua?

- La más antigua del país, hasta hoy, es un daguerrotipo tomado en Buenos Aires por John Bennet, un retrato del gobernador Miguel Otero, gobernador de Salta que vivía en Buenos Aires. Otero acude a un estudio y se toma un retrato, está coloreado: gracias a una esquela que lo identifica de 1845 pudimos conocer esos datos. Y los primeros daguerrotipistas se instalaron en 1843 en Buenos Aires. La foto de Otero está en el Museo Histórico Nacional. Nosotros en la Argentina tuvimos la suerte de tener una colección de daguerrotipos bastante interesante. Nuestro país es muy rico en retratos, pero también tenemos nueve vistas, cosa que de alguna manera nos destaca de los países de América del Sur. El daguerrotipo era muy caro, sólo estaba al servicio de las clases poderosas: abogados, estancieros, militares, obispos. Si bien estuvieron al servicio de una clase poderosa, a partir de 1860 se producen algunos cambios tecnológicos que posibilitan su ampliación.

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