Una o dos fórmulas del PJ para la gobernación en 2019

22 Abr 2018 Por Juan Manuel Asis
1

Si hay disposiciones reglamentarias claramente egoístas, esas son las electorales. En ese marco no cabe esperar que la reforma política que se pretende para 2019 venga redactada con generosidad democrática. Muy por el contrario, habrá que observar y analizar -y con lupa hasta en las entrelíneas-, qué es lo que saldrá finalmente de las propuestas legislativas que van apareciendo; hasta ahora muy pocas por cierto. Las había más en el libro “Tucumán dialoga”, y hasta más abarcativas.

Es que imponer las normas del juego es toda una tentación, máxime si terminan beneficiando al mentor. Esa intención se advierte en las iniciativas que van apareciendo, destinadas a arreglar las propias internas y a obtener ventajas territoriales en la elección general. Siempre fue así en el peronismo. En ese esquema, el acople es intocable para el justicialismo. Es “la” carta del triunfo del PJ. Por eso la oposición -como veremos hacia el final-, le apunta sus dardos al sistema del que se encariñó hasta el enamoramiento el oficialismo.

Sin embargo, los proyectos electorales no sólo se reducen a superar los internismos propios del oficialismo, sino también los de la oposición. Nadie toma agua bendita. Un descuido en el trámite reformista se pagará caro: no es un juego para ingenuos. Los que no adviertan o sospechen que las movidas territoriales o las legales estarán direccionadas van a desaparecer del mapa o verán fracasar sus pretensiones políticas por una palabra de más o por una de menos en la redacción definitiva. El diseño final afectará intereses.

El clima político enrarecido influirá en todo ese proceso reformista. En Tucumán ahora hay más enfrentados coyunturales que aliados circunstanciales, donde todos sospechan de todos; es la danza que se baila ahora. Se recelan y se miran de reojo. La tranquera que encerraba las dudas se abrió de par en par y la normativa electoral quedó atrapada en medio de tanta subrepticia pelea, de ambiciones ocultas, de amenazas de traiciones y de falsas promesas de lealtades. La legislación va a salir beneficiando a unos y perjudicando a otros. Siempre ocurrió. No se puede esperar que las conductas se modifiquen.

Por los feudos propios

Veamos los proyectos de sesgo oficialista que están dando vueltas en la Cámara. Bajo el concepto de modernización territorial los legisladores Cativa, Juri, Cano y Bulacio propusieron la división de los distritos capital, Este y Oeste en subsecciones geográficas electorales. Un reconocido constitucionalista habría opinado que la iniciativa no ofrecería reparos legales porque no iría en contra de la letra de Carta Magna. El texto, en suma, apunta a la representación política territorial de los parlamentarios.

Básicamente propone que alguien de Famaillá no tenga que votar obligado por un referente de Tafí Viejo, que no lo representa porque no es su vecino. O sea, que el votante de un departamento legitime sin quererlo al representante de esa localidad y no al de la suya, con el que lo unen lazos de proximidad, laborales o políticos. Argumentos sólidos, pero que en el fondo apuntan a fortalecer a las estructuras ya consolidados como espacios de poder como, por ejemplo, Acción Regional, de Ruiz Olivares. No hay nada inocente detrás de las propuestas electorales.

Tanto es así que los “mellizos” Orellana reaccionaron frente a esta iniciativa porque los “afectaba” o bien porque no los beneficiaba tanto. El legislador Enrique presentó una similar; con las mismas divisiones geográficas pero incorporando un detalle en su sección electoral de influencia, la del Oeste: introdujo una “pequeña” modificación numérica, no inocente por cierto. Mientras aquella le asigna la elección de siete legisladores a la sección norte (comprendida por Tafí Viejo, Yerba Buena, Lules y Famaillá) la de los famaillenses propone 10. Tres más. La excusa es la misma: la zona de influencia territorial; que no es más que puro interés político. Ninguno apuesta a perder con una reforma electoral, sino a fortalecerse en su propio feudo.

Cabe imaginar entonces, por ejemplo, las implicancias electorales de una eventual alianza política entre Acción Regional del “Gallego” y Tucumán Innovador de los “Mellizos”. Lo que para ellos hoy significa contener a tres dirigentes, mañana podría ampliarse a ser seis, a nueve o a más. Poder territorial que le llaman. Los que lo advirtieron hablan de inconstitucionalidad. Final abierto con intenciones territoriales claras.

Geometría política

La interna Manzur-Jaldo-Alperovich no escapará al proceso de modificación electoral en marcha, menos después de la explícita declaración de enemistad política que portó la celebración de cumpleaños del senador Alperovich (63). Después del objetivo del ex gobernador para que se visibilizara políticamente su encono con el vicegobernador al no invitarlo, no hay vuelta atrás ni reconciliación posible entre ambos. Ni amistad, ni conveniencia por ahora en esa relación. Ese triángulo del poder perdió uno de sus tres lados, precisamente el que unía al parlamentario nacional con el tranqueño.

Esa unión hoy ya no existe, de la figura equilátera sólo quedó el vértice que une los dos lados que se mantienen en pie y sobre el que está instalado en equilibrio inestable el titular del Poder Ejecutivo. Alperovich y Jaldo flamean en sus flancos, lejos entre sí. La distancia política hacia cada uno de ellos la tiene que definir el propio Manzur. Y cuando lo haga seguramente se resolverá la fórmula del oficialismo para 2019. O bien “las” fórmulas del oficialismo, porque dependiendo de la inclinación manzuriana, finalmente pueden ser dos las ofertas del Gobierno provincial al electorado peronista. La oposición debería estar atenta a esta posible fractura y confrontación. La legislación electoral que surja no será inocente en el desenlace de ese juego. Por ahora, a la agenda reformista la está manejando el vicegobernador desde la Legislatura.

En ese marco de distanciamiento, la reunión cumpleañera de Alperovich no fue, visualmente, una expresión de fortaleza política, sino más bien una definición política pública respecto de un cortocircuito por estas horas insalvable. Y que descoloca indirectamente a Manzur porque las presencias y las ausencias en aquel festejo muestran que otros son los que aprovechan la ocasión para hacer su propio juego. Algunos hasta se atreven a pedirle al gobernador que “peronice” su gestión, lo que en otros términos significaría que se desprenda de alperovichistas y que apueste a inaugurar un manzurismo tardío; con señales claras sobre lo que quiere con respecto a su futuro político. Su continuidad en el cargo, ya sea por decisión propia o por la de un padrino, sigue siendo una incógnita. Sus tiempos, evidentemente, nada tienen que ver con las aceleradas pulsaciones de los que le reclaman definiciones.

Quiso la casualidad que días después del cumpleaños de Alperovich, llegara el de Jaldo (60). No hubo reacción frente la movida del senador, algo calculado. No hubo una celebración con cientos de invitados para mostrar los porotos propios. O para no comprometerlos para el futuro. Hay muchos indecisos aun y no es tiempo de empujarlos a que tomen definiciones apresuradas. El presidente de la Cámara se recostó en actos por el boleto estudiantil gratuito -nacido a la sombra de la Legislatura- mostrándose con legisladores, intendentes y diputados nacionales. Otra forma, más sutil, de mostrar poder político por contacto. O con más tacto. Dos formas de encarar la pelea del distanciamiento entre ellos, con Manzur jugando al indeciso en el medio.

Directo al corazón oficialista

¿Qué plantea la oposición para la reforma electoral como para analizar sus intereses de cara a 2019 en su intento por acceder al poder? Por lo que se pudo conocer, sus iniciativas apuntan a “debilitar” la base que sustenta al oficialismo: los acoples, y por ende a los cientos de partidos políticos. ¿Cómo se entiende esto si es que se oponen a la eliminación de los partidos municipales y comunales que propone el Gobierno por considerarlo inconstitucional? Porque propone, en esa línea: la reducción a un acople por fórmula gubernamental, al acople de un único candidato a intendente por binomio gubernamental, a condiciones más rígidas para la constitución de partidos (en cuanto a adhesiones y afiliaciones), la prohibición de la doble afiliación partidaria (nacionales y provinciales o provinciales y municipales), la celebración de primarias entre los partidos que quieran acompañar a un candidato a gobernador (para reducir el acople a uno, entendiendo que esta reglamentación no altera el espíritu del artículo 43 de la Constitución de 2006).

Es decir, le apuntan al corazón electoral del peronismo: el acople -al que el PJ defiende a ultranza porque es un régimen hecho a la medida de sus intereses-, en el marco de iniciativas destinadas a mejorar la calidad institucional, como el de fijar sanciones contra el clientelismo en fechas electorales, fijar la gratuidad del servicio de transporte los días de votación y la creación de un fuero electoral. Algo así como tratar de debilitar al adversario para, en ese nuevo esquema electoral, fortalecerse políticamente. Muchas de las iniciativas están contempladas en el anteproyecto de reforma electoral que presentó el Partido Justicia Social (PJS) de Germán Alfaro.

Cada lado juega según lo que entiende que es mejor para su propio espacio y para cuando tengan que disputar nuevamente el poder el año que viene. Quien mejor juegue sus piezas tendrá mejores chances. ¿Consejo? No hay que sacarles la mirada a las movidas por venir, porque seguro serán para arrimar agua al propio molino. A descubrirlas.

comentarios