Acosta, próximo a cumplir cinco años en el “Decano”, va por otra hazaña en La Paz

18 Abr 2018


El 4 de julio próximo, Guillermo Acosta cumplirá cinco años desde que tuvo su primera práctica con Atlético. En el desarreglado césped de la cancha de Central Norte, “Bebé” no se despegó de Alfredo Carrizo, el “Bambino”, el único jugador que conocía de un plantel y un futuro desafío completamente nuevo para él. “Para mí, ya ponerme la ropa de entrenamiento es un sueño cumplido”, diría el jugador que venía de San Jorge, hasta allí, su techo. Era una jornada histórica para los Estados Unidos, que festejaba el 237mo. aniversario de su independencia, pero algo mucho más importante sucedía miles de kilómetros abajo en el continente: el inicio de la historia de Acosta en Atlético.

Esa historia que empezó con la incredulidad propia de un joven bastante humilde. Hoy la cuenta el tipo hecho y derecho consolidado en un equipo que juega la mismísima Copa Libertadores, desde el lobby de un hotel 5 estrellas.

Sabido es que Acosta nació en el barrio El Palomar, de Banda Del Río Salí; que jugó en casi todos los puestos de la cancha (“de arquero no porque solo es petiso”, dice la leyenda que le contaron a un entrenador entrante) y que le costó horrores ganarse el reconocimiento a nivel nacional, aún jugando torneos de ese alcance desde hace más de cinco años, incluidos casi tres en Primera.

Sin embargo, no todos saben que su padrino desde aquel 2013 recordado es su actual compañero de habitación en el hotel de Santa Cruz de la Sierra: Luis Rodríguez. Más que un padrino, se trata de prácticamente un conviviente, por fuera de lo que vive junto a su esposa e hijos. “Desde que llegué en 2013 empecé a concentrarme con él. El hecho de que seamos tucumanos hace que nos entendamos bastante bien”, reconoce Acosta, que encontró un socio para todo tipo de emprendimientos. “Nos llevamos bien dentro y fuera de la cancha”, aclara.

En 2013, “Pulguita” ya tenía un nombre y escrito con letras grandes en Atlético. Con más de 50 goles con la camiseta celeste y blanca, cualquier tucumano del plantel debía obtener la aprobación y el guiño suyo. “A los mayores se los respeta y como no lo vamos a respetar a ‘Pulguita’ siendo la clase de persona y jugador que es. Para Tucumán y para todo el país”, le admite Acosta a LG Deportiva.

Las reglas de la habitación 205 del hotel Sun en Santa Cruz de la Sierra, así como las de todas que compartieron desde hace casi cinco años no parecen estar muy claras igualmente. “Me hace cebar los mates y poner música a mí”, se queja con una sonrisa bien grande “Bebé”.

De esas sonrisas se ven varias en la concentración del equipo en Santa Cruz. El triunfo contra Gimnasia La Plata el último viernes es una gran razón para ello, y para que las bromas cruzadas continúen durante toda la estadía. “Ganar por el torneo siempre es muy bueno. Más como lo hicimos. Por eso los 19 jugadores que viajamos estamos con el ánimo bien arriba”, explica el volante por derecha titular, para esta tarde.

Con el ánimo alto está “Pulguita”, obviamente que ya supo tirar su chicana a su eterno compañero de habitación. “Es muy chiquito para verlo cuando tiro el centro”, bromeó el simoqueño, pero el bandeño ha ido creciendo y puede vérselo desde bastante lejos. Quizás desde Buenos Aires, donde la vista suele engordar para con los jugadores locales.

Aún así, Acosta no se olvida de su amigo y otros referentes. “Siempre sentí admiración y respeto por jugadores como el ‘Pulga’ y el ‘Laucha’ (Cristian Lucchetti). He aprendido mucho de ellos”, confiesa.

Aquel 4 de julio Acosta confesó que miraba a Diego Barrado y casi que le tenía miedo de lo lejano que le parecía su estampa, sus antecedentes y su impronta. Hoy, en Bolivia, quizás haya varios juveniles que lo vean de esa manera a él, el “Bebé” Acosta.

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