Alemania y la injusticia liquidaron a Holanda

Pese a deslumbrar al mundo con el famoso fútbol total que marcó una época, la “Naranja Mecánica” liderada por Cruyff se quedó en las puertas de la gloria

13 Abr 2018 Por Bruno Farano
3

SU SEGUNDA CORONA. En su casa, Alemania logró subirse al máximo pedestal por segunda vez en su historia al superar a una Holanda fuera de serie, que no logró quedar en la historia grande del fútbol. fifa.com

El fútbol y la justicia no se llevan del todo bien, no conviven en un mundillo en el que no siempre triunfa el mejor o el que más méritos hizo. Así el fútbol se transformó en el deporte más apasionante, el que se robó el corazón de miles y miles de fanáticos a lo largo y a lo ancho del globo terráqueo.

Alemania 1974 sirvió también como ejemplo de lo mal que se llevan la justicia y la bola número cinco. El “fútbol total” de Holanda cautivó a todo el planeta y casi que marcó una época. Pero al igual de lo que había ocurrido con la Hungría liderada por Ferenc Puskas no logró subirse al trono del mundo pese a maravillar dentro del campo.

El juego de un equipo que rápidamente se ganó el mote de “Naranja Mecánica” encandilaba los ojos de propios y extraños. Los dirigidos por Marinus Jacobus Hendricus Michels conformaban un conjunto en el que todos defendían y todos atacaban, que sólo recibió un gol antes de la final y que parecía invencible.

Johannes Cruyff, Johannes Neeskens, Johnny Rep y Pieter Rensenbrink eran las figuras de una Holanda que regó las canchas alemanas de buen juego. Durante la primera fase, la “Naranja” terminó como líder en su grupo con dos triunfos y un empate; marcando seis tantos y encajando sólo uno.

Eran tiempos en los que la segunda fase de los mundiales no se disputaba como en la actualidad. No había playoffs, en cambio sí otra fase de grupos, donde el primero se ganaba el boleto para llegar al juego decisivo del torneo. Y fue cuando Holanda mostró, quizás, lo mejor de su repertorio.

Fueron un vendaval los holandeses. Aplastaron a rivales de peso, al punto que parecía que la final iba a estar de más. La “Naranja” vapuleó 4 a 0 a Argentina, despachó a Brasil al ganarle 2 a 0 y superó 1 a 0 a Alemania Democrática. De manera que se ganó un lugar en la gran final dando muestra de unos números escalofriantes: cinco triunfos, y un empate; 14 goles a favor y uno solo en contra. Con el valor agregado de que el único tanto recibido fue en contra, en el juego de primera fase con Bulgaria.

Con esas credenciales llegó al duelo definitorio, el 7 de julio de 1974, en el estadio Olímpico de Munich. Y todo parecía suponer que nada ni nadie iba a impedir que los holandeses lograran el primer título de su historia. Pero no.

Cuando todos se preguntaban si Alemania Federal iba a poder parar a Cruyff y compañía, los holandeses agigantaron sus chances de alzar el trofeo.

Iban sólo dos minutos del duelo definitorio cuando Berti Vogts le cometió penal a Cruyff. Neeskens lo cambió por gol y Holanda estaba más fuerte que nunca. Sin derrotas en lo que iba de la competencia y con un solo gol recibido, nadie daba dos pesos por que los locales podían llegar a dar vuelta la historia ante una Holanda que parecía magnífica.

Pero los alemanes no se quedaron de brazos cruzados y fueron en busca de la hazaña. Paul Breitner, también de penal, niveló la lucha y Gerd Müller, antes del descanso, puso al frente a los germanos y sembraron las dudas en torno a cómo iba a reaccionar un equipo que nunca había estado en desventaja.

El complemento fue un monólogo naranja, pero la historia parecía sentenciada. Holanda desplegó su buen juego y atacó por todos lados, pero se topó con la histórica rudeza alemana y sus sueños terminaron chocando una y otra vez contra el arquero Sepp Maier.

Así, con el 2-1 a favor de Alemania se forjaron dos grandes mitos en la historia de los mundiales: la mística ganadora alemana y la leyenda perdedora holandesa, un país que muchas veces vio cómo su seleccionado era amplio favorito en las máximas citas y que nunca pudo verlo coronarse. Como en 1974, cuando los holandeses dieron fe de que la justicia y el fútbol no tienen buena relación, y que el mejor no siempre triunfa.

Nuevo trofeo

En Alemania 1974 se realizó el cambio de trofeo. El nuevo, llamado Copa Mundial de la FIFA (foto), reemplazó a la Copa “Jules Rimet”. Luego de que se presentarán 54 proyectos, se eligió el diseño del italiano Silvio Gazzaniga, de oro macizo, cinco kilos de peso y base de malaquita. Es el mismo que sigue vigente en la actualidad.

Un Mundial demasiado “duro”

La Copa del Mundo en Alemania fue el certamen con más tarjetas en la historia de los mundiales: hubo 79 amarillas y cinco rojas.

El chileno Carlos Caszely fue el primer expulsado en un Mundial con roja directa. El delantero de Colo Colo le pegó una patada muy dura al alemán Berti Vogts y el árbitro turco, Dogan Babacan, no tuvo otro remedio que expulsarlo.

Primer doping

Ernest Joseph fue el primer futbolista que dio positivo en un control antidoping en Mundial. Los estudios a los que fue sometido, revelaron que el volante haitiano había consumido efedrina.

Un récord de años

Este Mundial sirvió para que Gerd Müller se consagrara como el máximo goleador de la historia de la competencia, récord que tuvo por muchos años. “Torpedo” marcó cuatro goles que, sumados a los 10 que había anotado en México ‘70, le permitieron llegar a 14. Una cifra que sólo ha podido superar Ronaldo, que en Alemania 2006 llegó a 15 goles.

Comentarios