La caligrafía es un viaje interno a través de la tinta

Hamano Ryuho ofreció un curso de escritura japonesa. “Al escribir, cada persona imprime su propia personalidad”, explicó

11 Abr 2018

Como si se tratara de un acto reflejo, la forma en que sostiene el lápiz y la presión que ejerce al escribir dice mucho sobre los sentimientos y el temperamento de una persona. Al menos así lo conciben aquellos que practican la escritura como una profesión o un pasatiempo.

La caligrafía va más allá de la simpleza de los trazos, se trata de agregarle arte a las palabras. “Es una forma de representar el carácter y el fluir de la conciencia. Al escribir, cada persona imprime su propia personalidad en los movimientos”, explicó Hamano Ryuho, artista japonés especializado en caligrafía.

Él advirtió que debido a los avances de la tecnología la tradición manual comenzó a desaparecer y con ella se perdieron muchos momentos de pausa, reflexión y dedicación.

Hamano Ryuho se inició en la práctica milenaria del shodo (en español “camino de la escritura”) a los cuatro años cuando, atraído por las siluetas y contornos de las letras, comenzó a dibujar sobre la tierra algunas palabras. Desde entonces su fascinación por la caligrafía continuó creciendo hasta convertirse en un maestro del oficio.

Con la intención de enseñar a los interesados sobre la técnica caligráfica y permitir que la filosofía oriental se extienda a través de la cultura, Hamano realizó diversas exposiciones y demostraciones en Estados Unidos, Italia, España, Perú y Argentina. Este último recorrido es el que lo trajo hasta Tucumán, donde dictó un taller introductorio al arte de la escritura.

El mensaje de la tinta

A punto de comenzar su demostración, Hamano diluye en una bandeja la tinta de carbón con un poco de agua mientras los curiosos espectadores, 34 en total, se acomodan alrededor de los lienzos: dos piezas de tela blanca (de 1.50 por 2,10 metros de largo) que yacen extendidas en uno de los salones del hotel donde dictó el taller.

El maestro toma del estuche un delicado pincel con mango de bambú y una costosa pinceleta (valuada en 10.000 dólares) hecha con pelo de cabra. Herramientas que intenta embeber en la tinta pero debido al tamaño del pincel, similar en grosor a una botella, debe cambiar de recipiente. Al final, entre las risas del público, Hamano utiliza un balde de plástico, cortesía del conserje.

Pese al alboroto causado, en cuanto el artista realiza su primera pincelada la habitación queda en un completo silencio. Sin apartar la mirada del lienzo, Hamano escribe sutilmente los caracteres hasta que las gotas de tinta se convierten en conceptos (un tanto ilegibles para los participantes que desconocen el idioma).


A PRACTICAR. Los asistentes al taller trazan sus propios ideogramas, que tienen diversos significados. 

Comprender la escritura japonesa es complejo, especialmente si se trata de los kanjis. Al ser ideogramas, estos símbolos tienen diversos significados que deben ser explicados. Para su primera creación, Hamano toma como inspiración un antiguo canto llamado “Takara” (tesoro en japonés), escrito hace 1.400 años por el autor Yamanoue no Okura. “¿Podrían la plata, el oro y las joyas ser tesoros tan hermosos como los niños?”, dice el poema.

“En este mundo globalizado, los niños deben ser un tesoro mundial, un elemento de valor a proteger. Todos ellos, incluidos los pequeños de Siria y de África que debieron huir de la guerra”, reflexiona Hamano. En cambio, en su segunda pieza, el artista escribe un kanji que interpreta la idea de distancia y el paso del tiempo. “En la medida en que vivimos también vamos muriendo. Hay que pensar en esos momentos intermedios, tenemos que aprovechar el tiempo para convivir alegremente en este breve paso”, explica.

Un viaje interno

Una vez finalizada la demostración y aprovisionados con pinceles, los aprendices comienzan a ensayar su propia caligrafía sobre papel de diario. Posición, intensidad del trazo y cantidad de tinta son algunas de las indicaciones que lanza Hamano en una mezcla de señas, español, inglés y japonés, mientras comenta la importancia de los pensamientos y de las emociones a la hora de escribir.

En la filosofía japonesa, la caligrafía tiene una esencia irreplicable, ya que las obras reflejan los deseos e ideas del artista. Según Hamano, el arte de la escritura puede ser comparado con la música. “Lo más importante es la técnica. Hay jóvenes que manejan las manos con habilidad y belleza pero ese sonido carece de profundidad. En cambio, un anciano toca las teclas con sus lentos dedos hasta imprimir en la canción su experiencia acumulada”, afirma.


TINTA INDELEBLE. Comprender la escritura japonesa es complejo.

Y, si de metáforas se trata, el experto en shodo no duda en enumerar los beneficios que trae el arte de la escritura a los profesionales y principiantes que la practican. “Las marcas que dejamos sobre el lienzo cuentan una historia. Si cometemos un error la tinta no puede borrarse -reflexiona-. Es como una norma: se sigue adelante pese a las equivocaciones, se plasman los motivos y las dudas en la hoja y ante las equivocaciones aprendemos. Por eso es tan importante la caligrafía; el shodo, con su tinta indeleble y sus metas personales, es como la vida misma”.

Comentarios