“La furia que inspira el macrismo impide entender por qué triunfa”

El periodista y politólogo presenta el libro “¿Por qué? La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de la nueva derecha”

09 Abr 2018
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JOSÉ NATANSON. El periodista y autor de “¿Por qué?”.

Un libro gira alrededor de una larga pregunta. “¿Qué astucia de qué razón permitió que un integrante del jet set de las revistas del corazón, dotado del acervo cultural de un periodista deportivo promedio y acostumbrado a expresarse con la inconfundible fonética de las clases altas de la zona norte se convirtiera en presidente de un país con una fuerte tradición de clase media ilustrada, una arraigada memoria igualitarista, y una pulsión plebeya a prueba de dictaduras y represiones?”, interroga el periodista y politólogo José Natanson. La respuesta consta en “¿Por qué? La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de la nueva derecha” (Siglo Veintiuno Editores), la obra que el director de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique presentará en esta ciudad.

Natanson dice que intentó explicar por qué el Gobierno de Mauricio Macri y la coalición Cambiemos lograron conectar con la sociedad, y por qué ganaron las elecciones. En una conversación telefónica con LA GACETA asegura que se imponía observar con frialdad un fenómeno político con el que ciertamente no simpatiza. “La furia que inspira el macrismo impide entender por qué triunfa”, define. La presentación de “¿Por qué?” está programada para el miércoles 11 de abril a las 19.30 en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265 de esta ciudad). Además del autor, expondrán Gabriel Yedlin, ministro de Desarrollo Social de Tucumán, y Carlos Díaz, director editorial de Siglo Veintiuno Editores.

-Usted compara al PRO con los bolcheviques: lo define como un partido de cuadros preparado para tomar el poder. Pero, ¿cuál sería el hecho equivalente a la Revolución de 1917?

-Buena pregunta. No lo sé. Creo que hubo un par de tomas progresivas del Palacio de Invierno, que son por un lado la crisis de 2001, donde nace el PRO, y, por el otro, el conflicto del campo donde la identidad antikirchnerista termina de consolidarse. Después están las presidenciales de 2015. Pero yo pongo mucho el énfasis en las elecciones del año pasado porque ahí el macrismo demostró que lo de 2015 no había sido un accidente sino parte de una tendencia política de mediano plazo, y su capacidad de trascender a su electorado más inmediato y natural, y derramar sobre el electorado peronista. En 2017 demostraron que eran un fenómeno político potente.

-¿Cómo define la ideología de Cambiemos?

-Son una mezcla de tradiciones tensas: republicanismo de derecha, liberalismo y conservadurismo de inspiración católica. Esas tres almas conviven en tensión en el mismo espacio, lo cual explica cosas raras, como que haya funcionarios que consideren que discutir el aborto sea equiparable a la pena de muerte de los niños y otros que están a favor del aborto. Hay un acuerdo básico de que la economía debe ser más neoliberal; que debe haber un manejo ortodoxo de las cuentas públicas, y de que hay que desregular y abrir los mercados. Puede existir una discusión de grados o de intensidades, pero hay claridad sobre la cuestión de fondo. En lo político es donde aparecen más diferencias ideológicas.

-Usted manifiesta que el rechazo que genera el macrismo entre sus críticos anula la posibilidad de entender sus bases de sustentación y por qué triunfa. ¿Es una expresión del antimacrismo bobo la idea de que gobierna para los ricos?

-No, eso es cierto. La furia, la impotencia y el rechazo que provoca el macrismo en un sector le impide comprenderlo, y hacer un análisis más profundo y acabado o más preciso de esta criatura política rara, que no es el menemismo ni la derecha tradicional de (Álvaro) Alzogaray y de (Domingo) Cavallo. Es otra cosa y todo mi libro está dedicado a defender esa hipótesis. Ahora, sí creo que Macri gobierna para los ricos. Diría que su modelo económico va a ser incapaz de contener a la totalidad de la población argentina y que al 30 o 40% excluido le ofrece una red de contención mínima gestionada por el Ministerio de Desarrollo Social. No veo un modelo de inclusión y de creación de derechos ni más igualitarismo, sino un modelo que terminará siendo excluyente.

-¿Cómo se compatibiliza esa idea con el crecimiento del macrismo en los sectores bajos?

-Si uno analiza el voto del macrismo encuentra tres sesgos: le va mejor en la “zona soja”; le va mejor entre las personas de mayor edad y le va mejor entre quienes tienen mejores ingresos. Cuanto más arriba de la pirámide social estés, más posible es que votes a Macri. Ahora, aún con esos sesgos, no hay duda de que el macrismo logró penetrar en los ámbitos más populares, no en los más pobres. Tiene un lenguaje que consiguió conectar con ellos: apela al trabajador meritocrático y a la igualdad de oportunidades. Por lo menos se empezó a ocupar o a decir que se está ocupando de cuestiones que son importantes para los sectores populares y que el kirchnerismo no había logrado resolver. Me refiero a la inseguridad, la inflación y al narcotráfico: no estaban en la agenda del Gobierno anterior y este las puso en el centro de la suya, más allá de que hay que ver si propone soluciones o políticas que agravarán los problemas.

-¿Macri arrebató la agenda progresista?

-No. Macri no tiene una agenda progresista sino una económica neoliberal ortodoxa con conciencia de que debe aplicar una política social mínima de contención para que no estalle la Argentina porque en este país no se puede hacer ajuste sin anestesia. Hay que contener a los sectores populares porque, si no, explotan los conurbanos y no se puede gobernar. Sí veo que incorporó algunos temas del liberalismo social como el aborto. Tiene estas características, pero ni a palos lo definiría como progresista. No es progresista ni de casualidad.

-¿Los peronismos podrán unirse y derrotar a Cambiemos en el 19?

-La única posibilidad que tiene el peronismo hoy de enfrentar con alguna chance al Gobierno es articularse en un mismo espacio aún manteniendo sus diferencias. Necesitan una gran primaria y una fórmula que de algún modo sintetice la unidad posible. Lo veo lejano por un montón de motivos porque los dirigentes no se ponen de acuerdo y porque, para que la unidad suceda, todos tienen que sentir que les conviene. Y no estoy tan seguro de que sientan eso ahora.

-¿Considera que el sector que gobernó el país entre 2003 y 2015 hizo una autocrítica o está haciéndola?

-El shock emocional del ascenso del macrismo no ocurrió en 2015 sino en 2017 porque ahí el kirchnerismo jugó su última carta, que era la candidatura de Cristina (Fernández), y la perdió. Entonces, cayó la ficha. Hasta ahí algunos podían pensar que lo de 2015 había sido una casualidad: una diferencia del 2%, un mal candidato (Daniel Scioli)... En 2017 entendieron que no había sido un accidente y empezaron a reflexionar.

-¿Fue un error de la gestión anterior, si se va más lejos, de las experiencias recientes de la izquierda latinoamericana, pensar la justicia social con corrupción?

-Sí, podría ser. La corrupción no es sólo un problema de los gobiernos de izquierda. (Alberto) Fujimori y (Carlos) Menem eran de derecha, y fueron corruptos. Es una realidad que trasciende las ideologías. Sí diría que, salvo Bolivia, los gobiernos de izquierda de la región no dieron a la corrupción la importancia que tenía y pensaron que durante un tiempo, por el crecimiento económico, no iba a ser problemática y después se reveló como muy problemática.

-¿Qué futuro ve para provincias como Tucumán, que sostienen la línea del justicialismo gobernadas por ex funcionarios kirchneristas que renegaron de Cristina?

-No hablo sobre realidades provinciales porque me resulta poco elegante opinar desde Buenos Aires. Trato de contener la tendencia “porteñocéntrica”. Pero sí puedo decir que cada provincia es un mundo, y que algunas resistirán y otras no, aunque supongo que el año próximo la mayoría tratará de adelantar las elecciones o de despegarse de las nacionales para evitar la ola amarilla.

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