“Extraños conocidos” en la movida que genera Viejas Locas

En el parque 9 de Julio se armó la previa del show con asado, brindis y mucho rock and roll.

08 Abr 2018

La fiesta para recibir a Pity Álvarez encabezando el regreso de Viejas Locas se acercó a su punto máximo pasada la media tarde, justo cuando el cantante y su banda estaban por llegar al escenario montado en el club Argentinos del Norte. En las inmediaciones del estadio las pruebas estaban a la vista.

Dos años pasaron desde que el grupo ofrecía su último show y cuatro desde que actuó en Tucumán. Como si esa carga no fuese suficiente, hasta último momento pesó la amenaza de la clausura municipal dispuesta desde el 24 de marzo en Argentinos del Norte, por causas que nada tenían que ver con este retorno.

Claro que el público, conformado por fieles seguidores de todo el país, no entiende de razones administrativas y burocráticas. Cientos de viajeros de Córdoba, Mendoza, Salta, Buenos Aires, Jujuy, La Rioja y hasta de Bolivia se instalaron desde el mediodía en el camping municipal y junto el lago.

Grupos alrededor de parrillas humeantes con pollo y carne, carpas para descansar tras una noche en la ruta, muchas banderas y música para crear clima, fue el marco en el que transcurrió una pacífica espera. En la mayoría de los casos, los fans no se conocían. Alexis aclara que nadie durmió durante el viaje: “la fiesta comenzó el viernes a las 23 cuando subimos al colectivo; llegamos al mediodía y nunca paramos, porque Viejas Locas crea amistad y comunidad, somos extraños conocidos”.

“Este es un sentimiento que no se puede explicar, se lo lleva bien adentro y te genera una gran felicidad”, sostiene el salteño José, entremezclado con mendocinos y bonaerenses. “Seguir a Pity te permite compartir un momento con buena gente”, afirma Juan (de Benito Juárez), a lo que Milena (Campo Santo, cerca de Güemes) completa la idea al decir: “las redes sociales te permiten mantener el contacto en el tiempo, porque la onda que se vive es increíble”.

El cordobés Renato Robledo, de San Francisco, experimenta una emoción especial: “vine para conocer a Pity porque nunca lo vi actuar. Me encantan sus letras y el sentido de su mensaje, coincido con su cultura”. A su lado, Rocío reivindica al músico al sostener que es un personaje especial, un loco que propone pasarla bien.

Los puestos de venta de remeras proliferaban, pero el del mendocino Fernando era absolutamente artesanal, con exhibidor en el baúl de su auto. “Hice 25 y las vendí todas a $250. Mi idea no era ganar plata, sino poder bancarme el viaje de vuelta”, explica.

Lucio Blanco Pérez llegó desde Bolivia. “Sigo el rock argentino desde siempre, especialmente al Indio Solari, y pensé que la previa iba a ser igual, pero me encuentro con todo tranquilo. De Pity me gusta su poesía”, señala.

La previa toma color cuando grupos tucumanos actúan en el camping, horas antes del show. “Es muy bueno actuar ante gente de otras provincias, es una forma de que conozcan el rock tucumano en un evento tan grande como este”, sostiene Ulises Valladares, de La Crota.

Mientras tanto, Pity volaba desde Buenos Aires con el productor tucumano Lucas Salinas. El resto de la banda probó sonido el viernes. “La Municipalidad entendió que el show no se podía detener. Cumplí con todos los trámites y fui autorizado por Defensa Civil. Cambié portones, instalé baños químicos, traje seguridad, puse vallado y contraté una técnica como nunca se vio en Tucumán para que todo sea una fiesta. Alguien quiso prohibir al lugar y a mí, pero no lo logró”, le dijo Salinas a LA GACETA, ansioso como todo fan.

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