Las caras opuestas de Corea

Dos miradas alejadas de los estereotipos posadas sobre un país dividido

01 Abr 2018
1

CRÓNICA

COREA

DANIEL WIZENBERG Y JULIÁN VARSAVSKY

(Continente - Buenos Aires)

A primera lectura parece un libro más sobre las bondades del capitalismo surcoreano en contraposición con su hermano malo del norte. Sin embargo, Corea. Dos caras extremas de una misma nación asume riesgos más complejos: alejarse de los estereotipos para el análisis de este país bifronte, dividido desde los albores de la Guerra Fría.

Dos cronistas argentinos viajan a la península coreana -uno al norte, el otro al sur- sin cruzarse ni trazar un plan de trabajo conjunto.

Daniel Wizenberg arriba a la tierra gobernada desde hace más de siete décadas por la dinastía Kim para aprehender las particularidades de este hermético sistema político.

A partir de un abordaje sin prejuicios, Wizenberg relata su experiencia y vivencias en Pyongyang -siempre acompañado por una “guía de turismo” y un traductor oficial- contrastando sus percepciones con el relato oficial que recibe de sus acompañantes. La omnipresencia simbólica de los Kim y la sacralización de la figura del líder, una sociedad disciplinaria donde las jerarquías sociales se construyen en función del nivel de apoyo al régimen.

Julián Varsavsky, por su lado, visita Corea del Sur -modelo históricamente mitificado por el capitalismo occidental bajo el slogan del “milagro surcoreano”- para adentrarse en las consecuencias sociales de este sistema económico que, a diferencia de su hermano del norte, ha sofisticado sus técnicas de disciplinamiento mediante un capitalismo hiper-tecnificado, de “alto rendimiento”.

Varsavsky parte de un concepto del filósofo coreano Byung-Chul Han para enmarcar teóricamente lo que ve: una sociedad del cansancio y la auto-explotación. Ciudadanos deprimidos, exigidos al extremo por el filtro excluyente que les impone el sistema educativo desde muy pequeños, cuya máxima aspiración es trabajar en alguno de los conglomerados económicos que detentan el poder real en el país. Una sociedad que se proyecta exitosa, pero que deja en el camino un índice de suicidio por las nubes (en especial entre los jóvenes); y un pueblo exhausto que encuentra su única vía de escape en la realidad digital que, paradójicamente, profundiza el aislamiento y el quiebre del vínculo.

© LA GACETA

Ezequiel Mario Martínez

En Esta Nota

Notas de opinión
Comentarios