En Atlético, Mauro Osores vive el sueño de jugar en Primera

El juvenil "Decano" le rinde honor a su madre cada vez que entra a una cancha.

29 Mar 2018 Por Leo Noli
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POSTALES. Mauro, a la derecha, posa junto a mamá Sandra y con Lucas, su hermano. En la imagen inferior, el central se suma a la foto con sus amigos de toda la vida, de San Pablo. “Soy un chico de pueblo y no voy a cambiar”, dice.

El dolor, ese que nace bien de adentro y se propaga por cada centímetro del cuerpo y el alma, no tiene cura. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Mauro Osores, el que vive el sueño de jugar en Atlético, lo sabe. Y lo explica. Aprendió de mamá Sandra, que ya no está. Se fue hace un mes. Cuenta que cuando Sandra comenzó a luchar contra el cáncer, en 2015, ella misma fue preparándolo a él, a Lucas, su hijo mayor, a “Tin”, su pareja y a Florencia, su nuera.

“Nunca pensé en caer. Nosotros a esto lo veníamos sufriendo con mi mamá hace tiempo y como que ella nos iba preparando para el final. Tengo el apoyo de todos mis amigos, la familia, ahora de mis compañeros. Todos se acercaron, y para mí es único todo esto y me da mucha fuerza para seguir. Hay muchas cosas por las que uno debe continuar”, explica. “Yayi” está entero, aunque por dentro esté hecho pedazos. Avanza por Sandra y por el deseo de ser lo que le gusta: futbolista profesional.

En Atlético ha sabido ganarse la mirada de los reclutadores con la misma velocidad que el Correcaminos mareaba al Coyote. Mauro es de buen porte, alto, juega bien con los pies y es decidido para ir al frente. Es zaguero central, atención, y cada vez que hubo que apagar un incendio, el traje de bombero le cupo como a pocos.

Tiene poco rodaje en Primera, pero cuando jugó lo hizo en partidos picantes. Basta con nombrar la serie contra Oriente Petrolero, en Bolivia y en el Monumental, por la Copa Sudamericana del año pasado o la semifinal de la Copa Argentina contra Rosario Central, en Formosa. Ingresó por el lesionado Franco Sbuttoni. Al arco “Decano” le llovían meteoritos, sin embargo, Osores clausuró su sector. “Si la primera sale bien, no solo a los defensor sino cualquier jugador, te cambia el equilibrio del partido”, reconoce.

Ante la baja de Jonathan Cabral (suspendido por acumulación de amarillas) y la lesión de Andrés Lamas (desgarro), Osores vuelve a recurrir al llamado de Ricardo Zielinski. Independiente, el sábado en Avellaneda, está a la vista. “Los chicos me dicen que disfrute, que son partidos lindos, que trate de aprovecharlos. Uno siempre entra con todas las ganas de quedarse, pero sé que hay jugadores por delante mío y ahora se me dio la chance por lesiones. Pero me toca estar de cualquier forma y espero responder”. Osores, al mando de su destino, no tiene prisa por hacer todo ya. “En algún tiempo me ganaré mi lugar, debo esperar la oportunidad”, lo dice con la madurez de quien entiende que lo fugaz puede ser eso, un suspiro.

De grandes migas con los que vienen de su generación, los chicos de las inferiores del club como Alejandro Montiel, Gabriel Risso Patrón y David Valdez, entre otros, “Yeyi” logró una ascenso sideral en Atlético. Hace dos años se sumó al club, desde Social Lastenia donde jugaba el Federal B. “Omar Balcaneras me trajo para jugar en Cuarta (hace poquito cumplió 21 años). Y cuando llegué me dijeron que si quería estar en Reserva y Primera, primero debía ganarme ese lugar. Y bueno, a los tres meses salté a jugar en Reserva y al tiempo ya me entrenaba con el plantel superior. Le estoy completamente agradecido a Atlético por lo que hacé por mí”, reconoce Osores, ya con contrato profesional firmado y con la perspectiva, de quienes lo reclutaron, de ser el futuro dueño de una parte de la zaga central. Es el defensor del futuro, reconocen los de abajo.

Se viene un partido complicado pero la vida ya no le enseñó cómo sortear paradas chivas. “Independiente es un duro rival. Ojalá todo salga bien”, dice y pide no hablar de la Copa Libertadores pese a que el miércoles el “Decano” visitará a Peñarol. Y también pide no hablar demasiado del futuro. “El que se apresura pierde. Es un proceso que se debe respetar”, reconoce “Yeyi”, el chico que maduró de golpe y que promete jamás bajar los brazos. Todo se lo debe a Sandra.

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