“Nunca vamos a censurar el diccionario”

Darío Villanueva defiende a la RAE: afirma que no es una institución machista y sostiene que no pueden aprobar cualquier cosa.

23 Mar 2018
1

LIBRO EN MANO. Villanueva preside la Real Academia Española. “Estamos empezando a enderezar la historia”, dice al hablar de las mujeres. La Vanguardia.

El presidente de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, recibe cada semana en su despacho docenas de peticiones de los hablantes, entre las que hay “auténticas atrocidades” y otras “con fundamento”. “Todas se estudian... La gente piensa que aquí nos reunimos unos cuantos viejitos y ya está, pero se trabaja mucho”, afirmó durante una entrevista con DPA realizada en Madrid.

A lo que no está dispuesto es a “censurar” el diccionario. Y menos en pos de la “corrección política”. Con gesto serio advierte de la “perversa” censura ejercida por sectores civiles en la actualidad y defiende la RAE ante quienes la acusan de machista. Reivindica, además, el español como una lengua global hablada en 23 países.

- En los últimos meses han surgido algunas polémicas en torno a la actividad de la RAE. Una de ellas tiene que ver con una petición para modificar la definición de la palabra “lujo”. ¿Están estudiándola?

- Yo recibo todas las semanas docenas de escritos. Creo que es perfectamente legítimo porque la Academia trabaja sobre un bien que pertenece a todos los hablantes. Y por lo tanto ellos están en condiciones de reclamar y criticar cualquier cosa que tenga que ver con la lengua. Pero esas críticas muchas veces no tienen fundamento.

- Pero hay casos específicos...

- En el caso de “lujo”, es una polémica que no tiene la más mínima justificación. Aquí no ha habido más que un empresario que en nombre de una agrupación nos ha mandado una petición. Eso se ha empezado a procesar. Y cuando termine, se verá. Ha habido “fake news” e informaciones descabelladas en prensa. He leído que uno de los empresarios había dicho que el director de la Academia y ellos habían creado una comisión para estudiar conjuntamente las acepciones de la palabra lujo y con esto reformar el diccionario. Eso es una auténtica atrocidad. Se ha creado un considerable rebumbio.

- La RAE también ha sido tachada de machista. Recientemente se cambió una de las acepciones de “fácil”, que se refería a la “mujer que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales”...

- A veces parece como si se quisiera matar al mensajero. El machismo está en la sociedad y la lengua expresa la sociedad. El diccionario nunca será censurado, esa es la idea más firme: jamás ejerceremos censura porque el diccionario refleja las palabras que los hablantes usan y nadie tiene autoridad para censurar esas palabras. Pero sí estamos continuamente revisando el diccionario para suavizar la manera en que se definen palabras de contenido machista, porque muchas veces esa definición viene de hace bastante tiempo y ha habido un cambio magnífico de sensibilidad al respecto.

- ¿Por ejemplo?

- Cuando un lexicógrafo pone en el diccionario la palabra “mamarracho” no está llamando mamarracho a nadie. Simplemente está recogiendo algo que ahí está. ¿Qué ocurre? Que tenemos que continuar diciendo lo mismo una y otra vez porque la gente sigue pensando que la Academia inventa palabras para ofender. Y eso no es así.

- En la RAE hay ocho mujeres entre 45 académicos, tres autoras en los 34 títulos publicados en su Biblioteca Clásica y sólo una entre las 11 ediciones conmemorativas. ¿Tienen previsto hacer algo para aumentar la presencia de la mujer en la institución?

- Es cierto, en este momento la Academia tiene ocho mujeres. Nunca ha tenido tantas. Y en los últimos ocho años han entrado seis de ellas. La primera mujer ingresó en 1978, un año antes de que ingresara la primera en la Academia francesa, por cierto. Efectivamente, ahí hay un problema que viene de donde viene. Nosotros no podemos reconstruir la historia hacia atrás. La estamos empezando a enderezar ahora. En este momento, el segundo cargo más importante en el Gobierno de la Academia, el de la Secretaría, lo desempeña una mujer, Aurora Egido. Eso supone un avance. ¿Que el porcentaje sigue siendo bajo? Les pido que comparen con otras academias.

- En las últimas semanas se ha difundido en España una propuesta de “escuela feminista” que pide eliminar del temario educativo lecturas de escritores considerados machistas. ¿Qué le parece?

- Eso es abiertamente una censura. Paradójicamente, nos hemos librado de la censura ejercida por el Estado dictatorial, también nos estamos librando de la censura de la Iglesia y, sin embargo, está apareciendo otra censura ejercida por elementos de la llamada sociedad civil quizá incluso más perversa, porque antes sabíamos contra quién luchar y ahora no sabemos. Es una deriva verdaderamente peligrosísima. Todo lo que tiene que ver con la corrección política es censura. Nunca vamos a censurar el diccionario, jamás.

- Hablaba antes de una posible “fake new”, algo que también preocupa en esta sociedad de la posverdad. ¿Qué hacer ante ello?

- Pues nos toca luchar por lo obvio. Una cosa es la verdad y otra es la mentira. Simplemente. O la realidad y la ficción. Hay que saber distinguir entre una cosa y otra. Los escritores parten de la verdad y crean una ficción. Esto es magnífico. Pero en política no se puede permitir. Donald Trump no puede decir que su toma de posesión en la Casa Blanca fue la más concurrida de la historia cuando en las imágenes vemos vacíos en la explanada del Capitolio. Pero dicen que funcionan con “hechos alternativos”. La realidad no cuenta. A Joseph Goebbels, que fue ministro de propaganda de Hitler y filólogo, se atribuye la frase “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. El problema es que ahora ya no es necesario repetirla mil veces. Hay una capacidad de credibilidad por parte de la gente que es muy peligrosa. La emocionalidad está sustituyendo a la racionalidad.

- Hablando de emocionalidad, ¿se imagina a un robot escribiendo poesía que emocione?

- Hay gente que se emociona al ver un queso de cabra. Yo en eso de las emociones no entro. La poesía emociona porque formalmente está muy lograda y porque el que lee proyecta sobre esas palabras sus propias vivencias. La máquina puede crear un endecasílabo, sí, pero la emoción depende de que el lector proyecte su propia sentimentalidad. Con esto que hablaba de la emotividad, probablemente sí, porque ahora todo se enfoca por el lado emocional.

- ¿Considera peligroso relacionar lengua y economía?

- No, lo que sería peligroso es ignorar lo que la lengua es primordialmente: un instrumento de comunicación, de entendimiento y de creación cultural. Lo que pasa es que el resultado de la escritura se puede transformar en un libro y eso genera dinero. Uno de los musicales más famosos de la historia de Broadway es “El hombre de la Mancha”. Esto es así y no vamos a ponernos escrupulosos negando algo que responde a la realidad.

Comentarios