Las trampas del cuerpo perfecto

La obsesión por la imagen suele provocar conductas peligrosas. Es es el caso de los suplementos: muchos los toman sin necesitarlos y dañan su salud.

21 Mar 2018
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Los cuerpos esbeltos y musculosos copan los gimnasios, evidencia del auge de la moda fitness. Entrenamientos rigurosos durante muchas horas a la semana, dietas equilibradas y el consumo de alimentos que colaboran con el crecimiento de la masa muscular forman parte de las rutinas. La consigna es verse bien y sentirse bien con uno mismo. Pero ¿qué sucede cuando se decide tomar un atajo para lograrlo en el menor tiempo posible?

“Muchos quieren verse, de un día para el otro, como alguien que lleva 10 años entrenándose. Y mal informados, muchas veces empiezan a consumir suplementos, generando falsas expectativas”, apunta Manuel Parajón Viscido, médico deportólogo.

“El consumidor no consulta a ningún profesional. Simplemente compra y utiliza”, detalla el especialista. Y advierte que los suplementos -como la palabra lo dice- están para suplementar la dieta. “Quien pretende usarlos debería hacer una consulta antes, ya sea al nutricionista o al médico clínico, o realizarse mediciones antropométricas para que mediante esas evaluaciones se sepa bien qué necesita suplementar”, sostiene Parajón.

Guillermo Villagarcía, dueño de un gimnasio ubicado en 25 de Mayo al 200 e instructor de zumba y de gimnasia funcional, destaca que son pocos los que están dispuestos a esperar para ver los resultados del entrenamiento.

“En unos tres o cuatro meses se ven los avances. Pero en esa desesperación por querer acortar los tiempos y que todo esté resuelto a las dos semanas se opta por productos que venden la ‘imagen deseada’ -subraya-. Además, la publicidad mientras más colores tenga y más grande sea el envase, más compradores atrae. Entrás a internet o a las redes sociales y están minadas de artículos que dicen ‘baje 10 kilos en dos meses’; y al lado el link para comprar”.

Villagarcía hace hincapié en el hecho de que hay quienes nunca terminan de verse bien, lo que influye de forma directa en buscar salidas rápidas. Además, sostiene que el desconocimiento puede ser un factor que cueste caro a largo plazo.

“Los que no evalúan el consumo de suplementos con un profesional puede ser que estén ingiriendo sustancias que no necesitan. Además, en la mayoría de los casos se están guiando por las expectativas y no por la realidad. Esto quiere decir que ponen las expectativas en los suplementos y no en el entrenamiento”, añade Parajón.

El deportólogo señala que los productos suplementarios y sus derivados tienen estimulantes que provocan síntomas de bienestar por un tiempo. “Ese acostumbramiento genera dependencia en el usuario y su estado de ánimo y bienestar entran en juego”, explica.

“Si queremos resultados hay que lograr el hábito combinando la dieta, el manejo del estrés, la aptitud física y el entrenamiento -enumera Parajón-. Es importante hacer actividad física; pero hay que escapar de lo que vende la industria del fitness, que en muchos casos es una estética sostenida de forma artificial”.

En primera persona

Tamara Haro tiene 22 años, es instructora de fitness y estudiante de Nutrición. Le encanta entrenarse y recomienda la disciplina como un estilo de vida que no sólo mejora el aspecto físico, sino también el mental y el anímico. Pero lograrlo no fue, para ella, un camino fácil.

“Empecé a entrenarme a los 17 años. En ese tiempo no sabía mucho sobre el tema y me dejé llevar por una persona que trabajaba en el gimnasio al que iba -relata-. Compré y tomé una proteína y unos anabólicos, que según esa persona servirían para obtener un mejor resultado. Pero a medida que transcurría el tiempo, el único cambio que noté fue que había engordado muchísimo”.

Ella tomaba una suplementación de pastillas consistente en proteínas y esteroides (hormonas masculinas). Le habían dicho que contribuían al crecimiento del músculo. Esas sustancias revolucionaron su sistema hormonal, causándole -entre otros efectos- serios problemas con el ciclo menstrual.

“Necesité sólo un mes para desestabilizar todo mi metabolismo. La pasé muy mal porque me costó mucho sufrimiento bajar de peso y sentirme bien conmigo misma. Lloraba todos días cuando me subía a la balanza y no veía resultados”, recordó.

La instructora tardó tres años en recuperar la autoestima. El tratamiento empezó en el ginecólogo, con dos controles hormonales al año, y siguió en la endocrinóloga y la nutricionista. Hoy, reflexiona acerca de lo que le pasó sin miedos y recomienda a los jóvenes que antes de consumir cualquier producto “que les aconsejen” se informen, recurran a un médico y se cuiden. “Porque en el desconocimiento y la desinformación está el primer riesgo”, sintetiza.

Elecciones saludables

Los especialistas concuerdan en que la ingesta de suplementos es recomendable siempre y cuando sea necesaria: posterior a una evaluación de las características y requerimientos de cada persona. “Un ama de casa sedentaria que comienza a hacer gimnasia no requiere un suplemento para entrenarse. En cambio, una alimentación saludable sí es imprescindible para obtener buenos resultados”, detalla Parajón.

El deportólogo advierte que en el mercado hay suplementos con nombres de fantasía que nadie sabe precisar qué contienen, porque es un secreto industrial. “Los consumidores deben ser más cuidadosos y los especialistas no deben recomendar productos que no tienen declarados con claridad los compuestos farmacológicos que poseen”, enfatiza. Villagarcía sugiere que el primer paso es crear estilos de vida sanos y que los suplementos se consuman bajo estricta necesidad.

> PUNTO DE VISTA

Exigencias desmedidas

MARÍA GRACIELA SIMÓN | PSICOANALISTA

En estos tiempos el ideal de un cuerpo “perfecto” -que no muestre fallas- y “joven” -que no dé cuenta de las marcas del paso del tiempo- lleva en algunos casos a un nivel de exigencia que puede tornarse desmedido. La vida sana y el concepto de salud que podemos pensar en relación con el cuerpo tienen que ver con el cuidado y también con lo placentero, en tanto se trate de un disfrute con medida. Se puede optar por disfrutar de una buena comida elegiendo aquellos alimentos que nos hacen bien, disfrutar del deporte y de los momentos de encuentro con otros que esto supone. El punto a tener en cuenta es cuando el culto al cuerpo “perfecto y joven” se instala en sí mismo como una exigencia excesiva, que desconoce el cuidado de la salud y termina generando consecuencias negativas.

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