Fabricio Ballarini: “no hay discusión sobre cómo educar, qué cambios hacer”

El investigador del Conicet apuesta a tender puentes entre la ciencia y la escuela. El riesgo en las redes sociales.

21 Mar 2018
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INVESTIGADOR. Fabricio Ballarini, licenciado en Biología, integra el Conicet.

Afirma que todos los recuerdos que tenemos son falsos y advierte que el cerebro hace algo increíblemente loco que se llama falsa memoria. “Uno va reconstruyendo lo ocurrido cada vez que lo evoca”, explica Fabricio Ballarini, experto investigador del Conicet y autor de libros que apuestan a crear puentes entre la comunidad científica y educativa.

Hace tres años publicó “REC”, sobre las investigaciones de lo que sucede minuto a minuto en el cerebro humano respecto a la memoria, los recuerdos y el olvido. Su segundo libro, “Educando al cerebro I”, fue fruto de las charlas de divulgación que realizó en escuelas. Es licenciado en Biología y divulgador científico.

Ballarini analiza los vínculos entre la neurociencia y la educación y reconoce que es un terreno fértil para seguir trabajando, pero advierte el riesgo de que termine siendo un negocio” de unos pocos “para dictar cursos online que no sirven absolutamente para nada”.

También alerta sobre la difusión en los medios de resultados de laboratorio que son llevados a la clase: “no se puede transpolar los resultados de investigaciones con ratones directamente al aula”.

- ¿Qué te aportaron tus libros?

- Para mí, los libros tienen una gran bondad que es acercar la ciencia a un público que normalmente no tiene acceso a ese material científico y que, de tenerlo, lo tiene mal comunicado o digerido. Mis libros manejan un código muy similar: trabajan con la vocación. Es una comunicación entre una persona que ama su trabajo y una persona que quiere mejorar en lo que hace, así que se da fructíferamente.

- ¿Cómo empezaste con esta investigación?

- Vengo trabajando sobre esto desde antes del boom de las neurociencias en las escuelas. Veníamos haciendo jornadas y como notamos que los docentes eran súper receptivos nos parecía medio injusto usar el instrumento educativo y sólo hacer un paper sin que ellos reciban algo de lo investigado. Entonces invitamos a otros investigadores que trabajan con educación, pedimos el Aula Magna en el Nacional Buenos Aires y empezamos con “Educando al cerebro”. La charla funcionó tan bien que tuvimos el apoyo del director del Conicet para llevarla al resto del país.

- Hoy en día, ¿qué se puede aplicar en el ámbito educativo de todo lo que se divulga en neurociencias?

- Por ejemplo, en redes sociales hay muchas cosas que no tienen evidencia y la gente las consume. La comunicación científica en el ámbito educativo es como una manta corta. Por un lado, necesitás contar que existen evidencias científicas para que docentes y estudiantes entiendan que el rol del científico es buenísimo, pero la gente no tiene paciencia. La ciencia avanza muy lentamente y es limitada, entonces lo que se hace mal es contar resultados que no están realizados en escuelas y son llevados directamente al aula.

- ¿Hay algún lugar en el mundo donde la neurociencia intervenga en la capacitación o formación docente o en el aula misma?

- Que yo conozca no, de hecho, en España ahora hay una revolución pedagógica gigante y hablan de las neurociencias, pero su aplicación es muy escasa. Es un terreno fértil para hacer cosas buenas y también para que sea un negocio que le convenga a cinco personas que dicten cursos online sobre cómo funciona la mielina y esto no sirve absolutamente para nada.

- ¿Qué papel toma el Estado en esta relación?

- El rol del Estado a nivel educativo no se discute, lo único que se pone en debate a la sociedad son las paritarias o los problemas del aula, pero no hay una discusión sobre cómo educar, qué cambios hay que hacer. Estamos a años luz de que el Estado pueda investigar o implementar sobre estas cuestiones de la educación. En el plano económico, por ejemplo, los subsidios que obtuve son para trabajar con roedores. Hay muy poco apoyo a la profundización de estas iniciativas por fuera del laboratorio, por más que tengan éxito comercial y parezca que el futuro de la educación está ahí. Después, en la práctica, esto se frustra.

- Y desde tu disciplina, ¿qué evaluaciones hacen sobre las prácticas pedagógicas?

- Para responderlo voy a dar un ejemplo: en la lógica pedagógica tiene sentido que un chico que corta una pizza se dé cuenta fácilmente de que se trata de una fracción. ¿Pero eso está probado? ¿Alguien lo midió? La neurociencia y la educación son dos mundos que se chocan. Estaría buenísimo que esos dos mundos vayan en paralelo, acompañándose, para que la ciencia les brinde información útil a los docentes, y a su vez, desarrollar estrategias para que el sistema científico se nutra de nuevas preguntas, ya que no está presente en el aula. Pero, como es tan nuevo, es difícil convencer a las partes de que es posible, que hay resultados y que puede mejorar el sistema educativo. (Agencia CTyS-UNLaM)

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