La educación integral es la clave de las escuelas japonesas

Keiko Saíto señala que la cultura nipona educa para una sociedad donde prima el respeto.

20 Mar 2018
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JARDIN DE INFANTES. Esta etapa es fundamental en la cultura japonesa y allí apuntan los mayores esfuerzos.

Aunque hay colegios privados en Japón, la mayoría de las familias prefiere la educación estatal, que es gratuita. Sus estudiantes lideran los rankings de las pruebas PISA. ¿Cómo lo logran? Keiko Saíto, profesora de cursos de japonés en la UNT, coincide con la experta Chizuru Ushida, quien señala que la diferencia entre la educación argentina y la japonesa es cualitativa. Japón lleva a la práctica una “educación colectiva” basada en las capacidades individuales y pensada para una sociedad donde el respeto por el otro es un aspecto fundamental, señala la docente, que es un exponente de la cultura japonesa en Tucumán.

Saíto destaca que en la educación japonesa se tienen en cuenta principios de conductas colectivas como el pensar en el “otro”, que aseguren la convivencia armónica, el respecto por los mayores, el cumplimiento de los horarios, el aseo del lugar donde se estudia, entre otros aspectos que hacen a una conducta de vida. Estos hábitos se practican desde edad temprana y desde la casa”, remarca la docente. Siempre siguiendo a la doctora Ushida, destaca que la educación integral junto con el arte y el deporte, potencian la educación colectiva, y dan como resultado una conciencia de la importancia de estudiar, y de por qué y para qué se estudia.

En Japón los niños ingresan al sistema educativo a los tres años, al jardín preescolar, donde reciben una alimentación balanceada. Una vez terminado el jardín los chicos tienen nueve años de escolaridad obligatoria hasta los 15 -seis de primaria y tres de secundaria- y otros tres de secundaria superior. Aunque no es obligatorio este último tramo, más del 99 % lo hace.

“Lo más importante son la escuela primaria y el jardín infantil. Allí se enseña mucho y se ofrece comida con el aporte nutritivo adecuado y cuya calidad, muchas veces, los niños no pueden tener en sus casas”, dice Ushida, doctora en Educación y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Tokio.

Aunque hay escuelas privadas, el 99% de los chicos recibe educación primaria pública y el 93% en el nivel secundario, mientras que el 56,8% de los jóvenes que se gradúan siguen luego una carrera universitaria. Además, la calidad que reciben los chicos de la ciudad es idéntica a los del campo. “Incluso en las áreas más suburbanas, los gobiernos municipales tienen una lista de los niños con su edad y su dirección y, en caso de que se ausenten del colegio, un representante o el mismo maestro visita la casa del alumno para saber por qué faltó”, explica Chizuru a Télam.

Pese a que el plan educativo japonés no dista mucho del argentino -tienen un docente por clase en primaria y se les enseña las asignaturas clásicas con métodos de evaluación semejantes-, los resultados son muy distintos.

En la edición de las pruebas PISA de 2016 Japón figura segundo en Ciencias, octavo en Habilidad Lectora y quinto en Matemáticas, mientras que Argentina fue descalificada por la “omisión de escuelas del marco muestral”. Según Ushida, la diferencia cualitativa entre Japón y otros países está en la educación integral, que atiende a toda la persona.

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