Viaje a la literatura infantil

18 Mar 2018
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FIGURAS. La presidenta croata, Kolinda Grabar-Kitarovic, en Tucumán. A la derecha, la escritora Ivana Brlic-Mažuranic (1874-1938)

Por Honoria Zelaya de Nader, miembro de número Academia Argentina de Literatura Infantil:

Honoria Zelaya de Nader
Miembro de Número Academia Argentina
de Literatura Infantil

El sol del mediodía había logrado desalojar a doña lluvia. La señora presidenta de la República de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovic, recibía en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, no sin asombro, fraternales saludos brindados por los frescos que representan la lucha y la victoria de la Independencia de Tucumán, más los que le llegaban de unas coquetas rosas rojas. Nosotros, como ellos, celebrábamos un mensaje que en perfecto español, en nombre de su pueblo, de sus antepasados inmigrantes y del suyo propio nos había dirigido tan ilustre visitante desde profundas huellas identitarias.

El caso es que mientras la escuchaba ocurrió algo muy grato. La traviesa y selectiva imaginación me permitió ver junto a la presidenta de Croacia a una notable creadora cuatro veces nominada para el Premio Nobel de Literatura, a la primera mujer aceptada como miembro de la Academia Yugoslava de Ciencias y Artes, a la escritora de enorme sensibilidad quien supo dejar profundas huellas en su pueblo, tanto en el corazón de los niños como en la impronta de muchos escritores que siguieron su escuela desde los caminos del cuento fantástico y folclórico. En síntesis, pude ver a Ivana Brlic-Mažuranic, considerada como la mejor escritora croata para niños . Estaban juntas. Pero mayor fue mi sorpresa al advertir que tanto Kolinda como Ivana traían en sus manos una edición en español de “Las maravillosas aventuras y desventuras de Lápich”. Sin respirar me abracé al magnifico legado, consciente de que la literatura infantil juvenil es capaz de hermanar al mundo desde latidos de paz.

Cuando la imaginación me abandonó logré decir: ¡Gracias! señora Kolinda Grabar-Kitarovic, no sólo por su trascendente visita sino también porque su presencia me permite reencontrarme con la obra de Ivana Brlic-Mažuranic. Gracias también por permitirme recordar a Paul Hazard cuando dice: “Se puede desdeñar a la literatura infantil, pero eso implica que no se conceda importancia al modo como el alma nacional se forma y se mantiene”.

Cuando se tejen nidos se generan alas.

El sol seguía presente.

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