El parque Guillermina sufre en silencio ante su diario deterioro

Pasaron tres años desde que el municipio reinauguró el paseo y el vandalismo y el abandono es notorio y se acrecienta a día a día. La inseguridad no tiene solución.

15 Mar 2018

El 20 de marzo de 2015, la Municipalidad capitalina inauguraba con bombos y platillos el “nuevo parque Guillermina”. A punto de cumplirse tres años desde aquel acto, el paseo de más de 60 hectáreas, uno de los principales pulmones verdes de la capital, exhibe signos de deterioro por todos los rincones.

El contraste entre los accesos siempre fue notorio, pero por estos días se nota con más fuerza. Claro, la imagen que da a Mate de Luna 4.100 es de juegos para chicos, la pista de salud, asientos de madera, caminería de cemento, seguridad con la presencia de cuatro agentes del GOM (Grupo de Operaciones Motorizadas), algunos tachos de basura e iluminación. Pero a no engañarse, porque mirando de cerca queda claro que el sector está descuidado, vandalizado y maltratado por los vecinos que concurren al parque. Y adentrándose entre el manto verde la realidad golpea con fuerza. El otro acceso, lindero con el canal Sur, es -directamente- un monte.

“Venimos a tomar mate seguido y nunca habíamos visto así al parque. No hay bancos decentes y da muy mala impresión. Está abandonado”, remarca Jorge Acosta, mientras señala los sectores más comprometidos. “No es sólo esta zona, porque entramos por la ‘parte linda’ y quise tirar un papel y no había un tacho de basura”, detalla.

El vecino expresó su descontento respecto del escaso mantenimiento que se realiza en el paseo. “Desde hace unos años se convirtió en tierra de nadie . Antes no era así”, sostiene.

Julieta Leguizamón transitaba ayer a la tarde en bicicleta con su hermano, rutina que mantiene casi a diario. Antes de frenar para charlar con el equipo de LA GACETA la invadió la duda. “Siempre paseamos por el parque, pero esta zona (la del acceso por canal Sur) me da mucho miedo; tengo que pasar por acá porque vivimos al frente. Pero hay que andar con cuidado”, describe.

“No era así, con mis papás podíamos venir a hacer picnics o a comer un asado los domingos. Pero ahora es imposible porque se junta la gente a tomar. En esta zona te roban; no hay un sólo policía ...” enumera mientras mira para todos lados; se sube a la bicicleta y sale pedaleando rápido.

La inseguridad parece un problema insoluble y no sólo en el interior del Guillermina. Las calles adyacentes, en especial la Rufino Cossio, son un paraíso para los ladrones, en especial los motoarrebatadores.

“Todas las mañanas salgo a caminar con mi mascota, vamos por todo el parque. El entorno de árboles, la naturaleza que lo compone es bellísimo. Pero el abandono me apena mucho. Falta por un lado mantenimiento de las autoridades y por otro tenemos que ser más cuidadosos, no hay conciencia ni educación”, enfatiza Néstor Ibarra.

“Los lunes a la mañana es un basural. Yo reniego por como son de desaprensivas las personas; pero si mirás alrededor -señala- no hay basureros. Sólo, en la parte de adelante; en este sector ni hablemos”.

Néstor también hace hincapié en la caída del puente, en la zona de atrás del parque, que da al canal Sur. Hace un tiempo se empezó una obra, que está actualmente parada, y en la entrada hay una montaña de tierra que dejaron los albañiles que estaban trabajando ahí.

Al respecto, el secretario municipal de Obras Públicas, Luis Chrestia, informa: “la obra empezó este año y por la lluvia está demorada; pusimos los estribos y falta colocar la loza del puente. La tierra en la entrada es por precaución, porque en donde estaba el puente ahora hay un pozo. Seguramente a mediado de año estará listo”.

Mario Zárate, empleado de Espacios Verdes del municipio, trabaja en el Guillermina. Informa que son sólo 15 empleados más una cooperativa los que están a disposición para el cuidado del parque y de otras plazas de la capital. “No somos muchos; y además no nos alcanza el tiempo. Procuramos tener el pasto corto y limpio el paseo. También se descuidó el vivero municipal; porque no hay quien lo cuide”, especifica Zárate.

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