El Cottolengo Don Orione mira al futuro

12 Mar 2018

En 1944, cuando abrió sus puertas la obra del Pequeño Cottolengo Don Orione, LA GACETA anunciaba la apertura de un moderno centro para personas con discapacidad. A 74 años de ese suceso este diario mostrará lo mismo: esta tarde quedará inaugurado el centro de día Papa Francisco con el más moderno equipamiento y atención integral para la rehabilitación de pacientes con discapacidad. Comenzará brindando servicios a los 90 residente de la institución orionita y después se abrirá a toda la comunidad.

El día elegido para la apertura no es casual. El 12 de marzo de 1940 fallecía Don Orione, el sacerdote italiano fundador de la congregación “Pequeña Obra de la Divina Providencia”.

Al día de hoy, pasaron dos años desde que el padre Aníbal Quevedo y la comunidad de Don Orione comenzaron a soñar con el centro de día. “Sabíamos que estábamos dando un paso al futuro, que iba a significar agrandarnos en servicios pero achicarnos en cuando al hogar permanente”.

El padre Quevedo se refería a que la comunidad orionita sigue el modelo de la OMS orientado a que los pacientes vivan en su hogar y reciban atención de manera ambulatoria. Cuando falta apenas un año para sus bodas de diamante, el cottolengo comienza a achicarse hacia adentro (en número de residentes) y ensancharse hacia afuera en servicios a la comunidad. “Es un momento histórico, y será la primera vez que prestaremos servicios a personas que no viven con nosotros”, dice el sacerdote. “Entendemos que el mejor lugar es la familia para brindar cariño y protección. Desde el centro de día, se brindará ayuda técnica interdisciplinaria para mejorar la calidad de vida de los pacientes”, sintetiza el padre.

En el Cottolengo viven 90 personas con diferentes discapacidades. La más pequeña es Mica, de 13 años, que espera ser adoptada como sus hermanos. La mayor tiene más de 80 años. La institución tiene la curatela de los chicos hasta los 18 años.

En el hogar ya venía funcionando un equipo interdisciplinario (neurólogo, psicólogo, kinesiólogo, fonoaudiólogo, terapista ocupacional) en los talleres de actividades de la vida diaria, dibujo, pintura, repostería y cocina, bijouterie y reciclaje, Ahora todas esas actividades se concentrarán en el nuevo edificio que se construyó con el apoyo de la fundación Silva (se hizo la sala multisensorial), de empresas, de particulares y subsidios oficiales, además de la famosa maratón de Don Orione.

Sensaciones y colores

El edificio -que se construyó a lo largo de dos años- se levanta en el predio de la obra, en avenida República del Líbano 2.148. Cuenta con espacio para ocho talleres, seis oficinas, cuatro juegos de baño, sala de uso múltiple, sala multisensorial, jardines parquizados, iluminación LED y climatización.

La sala multisensorial está prepara para estimular y mejorar a pacientes diagnosticados con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD), Síndrome de Asperger, Mal de Alzheimer y otras patologías. Cuenta con una pared táctil con distintas texturas, temperaturas y módulos que vibran en forma interactiva cuando se los toca. En la sala también hay un pelotero con 1.200 pelotitas transparentes que van cambiando de color y un ramillete de fibras ópticas que encienden luces de distintas tonalidades. Un dispositivo especial es un enorme tubo transparente lleno de burbujas de colores. Cada vez que un niño emite un sonido las burbujas se alborotan. Es divertido y además estimula a los chicos con autismo, a quienes les cuesta relacionarse y odian los ruidos.

Si Don Orione mirara esta obra, tal vez repetiría las palabras que alguna vez pronunció: “Son tiempos nuevos. Fuera los miedos. No dudemos. Lancémonos en las formas nuevas, en los nuevos métodos… No nos fosilicemos: basta conseguir sembrar, basta poder arar a Jesucristo en la sociedad y fecundarla de Cristo”.

La inauguración del centro de día “Papa Francisco” del Pequeño Cottolengo Don Orione, hoy a las 17, abre un nuevo capítulo en la obra orionita. Por ahora está destinado a los residentes, pero después se abrirá a todas las personas con discapacidad.

El padre Aníbal se despide 
Después de nueve años en Tucumán fue trasladado a Lagos, Rosario
El sacerdote orionita Aníbal Quevedo ya está preparando sus cosas para partir a su nueva misión: el cottolengo de Lagos, en las afueras de la ciudad de Rosario de Santa Fe. Pero la institución no quedará huérfana, ya que en su cargo de director del Cottolengo quedará el actual párroco, el padre venezolano Henry Ventura, que vive hace cinco años en Tucumán. El padre Aníbal no puede evitar el pequeño desgarrón que se siente al dejar un lugar donde puso tanto de sí mismo, sin embargo lo alienta saber que va a empezar un nuevo desafío para bien de otra comunidad que está necesitando un envión.
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Bodas de diamante 
En 2019 el Cottolengo    cumplirá 75 años 
El 28 de mayo de 1944 abrió sus puerta el Pequeño Cottolengo Don Orione en avenida República del Líbano 2.148. Sus residentes son personas con diversas discapacidades como retraso mental, síndrome de Down, parálisis cerebral e hidrocefalia. La obra vio la luz gracias a la invitación de monseñor Agustín Barrere, entonces obispo de Tucumán, a Don Orione, a que asumiera una parroquia en esta provincia. El padre José Zanocchi, superior provincial de la Obra Don Orione, se dedicó a hacer el sueño realidad y hasta se instaló por más de un mes en Tucumán, en 1944, mientras se realizaba la construcción. Pero nada se hubiera logrado sin el apoyo del tucumano Evaristo Etchecopar, que deseaba donar una obra en memoria de su esposa.

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