Un duro camino a la equidad

11 Mar 2018

La revolución, como dicen muchas mujeres, ya es definitivamente imparable y conmueve. Pero si una mujer sigue muriendo cada 29 horas está claro que todavía queda muchísimo camino por recorrer. Aún hoy, cuando se pretende participar de la movida, saltan los viejos prejuicios. “Serena vuelve recibida de mujer”, decía el jueves pasado el zócalo del canal TyC Sports que buscaba adherir al 8 de marzo informando sobre la vuelta de Serena Williams luego de 14 meses de baja por el nacimiento de su hijo. La intención era loable, pero, claro, la ejecución desafortunada. Con un pensamiento como el que obligó a pedir disculpas al actor Facundo Arana (“La mujer se realiza cuando es madre”, dijo). Alguien en el canal advirtió rápido la metida de pata y el zócalo cambió inmediatamente. El cambio desnudó todo lo que todavía queda por andar. Deporte incluido.

La lista anual de Forbes sobre los deportistas que más ganan es vieja. Pero, difundida en pleno reclamo del 8M, la diferencia cobró mas relevancia que nunca. Que Serena, justamente, es la única mujer entre los 100 primeros. Y que, Serena, más de 300 semanas número uno del mundo, con 39 títulos de Grand Slam, está en el puesto número 51.

El tenis es uno de los deportes que más ha avanzado para equiparar premios (mucho más que el golf, por ejemplo) y, al ser individual, permite una ganancia mayor. Sin embargo, los 27 millones de Serena están lejísimos de los 93 de Cristiano Ronaldo, número uno de la lista. En el fútbol las diferencias son abismales.

El Mundial de Rusia 2018 repartirá 53 veces más en premios que el último Mundial femenino de Canadá 2015 (U$S 791 millones contra U$S 15 millones). En Noruega, recordaron informes de estos días, la selección masculina aceptó rebajarse salarios para equiparar su ingreso con el de las mujeres, un reclamo que también ganó metros en Dinamarca y Estados Unidos. En Latinoamérica, después de Brasil, México impulsó quizás la liga más interesante (16 equipos que juegan en estadios principales, con asistencias de hasta 13.000 personas y TV abierta y de cable), pero la brecha salarial sigue imponente, salarios de U$S 80 que ni siquiera alcanzan para cubrir los gastos personales. Acá, tras una huelga de la que casi nadie se enteró, la selección femenina de Argentina busca un nuevo camino con el Sudamericano de abril en Chile.

La FIFA ha obligado a sus Federaciones afiliadas a impulsar el fútbol femenino (la Conmebol, obligada a seguir esa línea, obligará a tener equipos femeninos a los clubes que jueguen la Libertadores a partir de 2019). Pero el presidente Gianni Infantino recibió duras críticas en “The New York Times”. El diario estadounidense habló de “oportunidad desperdiciada” porque Infantino estaba semanas atrás en el estadio Azadi, viendo el clásico de Teherán. Oportunas, 35 mujeres quisieron romper la prohibición y ejercer el mismo derecho que Infantino y que cualquier otro hombre: ir a la cancha. Meses atrás, otras 29 hinchas quisieron hacer lo mismo y, cuando llegaron a las puertas del estadio, se quitaron el hiyab y desafiaron mostrando su pelo. Se sabe que Irán, como muchos otros países, no es exactamente un paraíso para las mujeres, discriminadas por ley.

A veces para bien, y muchas otras para mal, el deporte suele ser usado para visibilizar la posibilidad de ciertos cambios. Lo vimos en los recientes Juegos Olímpicos de Invierno en PyeongChang con el acercamiento de las Coreas. Infantino, según “The New York Times”, debería haber presionado de modo más público aprovechando que Irán jugará el Mundial de Rusia.

El artículo 4 de los Estatutos de la FIFA habla de “igualdad de género” y de una nueva política de “presión efectiva” para fortalecer “los derechos humanos en o a través del fútbol”. La FIFA aseguró que el suizo hizo gestiones en Irán, pero la diplomacia, muchas veces, suele ser demasiado silenciosa.

¿Cómo avanzar si, como dicen los informes, el deporte femenino recibe apenas el 0,4 % del total que los patrocinadores dedican al deporte? ¿Cómo hacerlo si el espacio que los medios dan a hombres y mujeres sigue siendo abismal? ¿Cómo si, en medio de tan poco espacio, se pierde tiempo para hablar del físico y de la supuesta belleza de la deportista de turno? La periodista Inés Capdevila aceptó en el diario “La Nación” el argumento de que el deporte femenino “es menos dinámico” y que “la mujer tiene menos estructura ósea y muscular y su potencia es inferior”. Pero recordó que el deporte femenino, aún sin los mismos recursos económicos, también tiene “dramatismo, energía, electricidad y épica”.

Y escribe: “Mucho más que en la política, el entretenimiento, las empresas, en el deporte, la mujer corre desde atrás y su misión, más que competir, parece ser derribar mitos y estereotipos”. Es cierto, algunos mitos han sido derribados. Los Juegos Olímpicos son hoy mucho más igualitarios. Pero allí está como símbolo la corredora sudafricana Caster Semenya, campeona en Río 2016. Reglamentos hechos por hombres, médicos hombres y dirigentes hombres, y hasta mujeres competidoras, dijeron que su hiperandrogenismo la convertía en hombre y quisieron hasta intervenir en su cuerpo.

El deporte primero los quiso “bien” hombres. Y ahora, acaso asustado por tanto avance, las quiere “bien” mujeres.

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