Con la pasión como materia prima, ellas hacen crecer más y más sus emprendimientos

La realidad social impulsa cada vez a más mujeres al emprendedurismo como modo de vida. La mayoría de los proyectos son de diseño, gastronomía y pastelería.

08 Mar 2018

Aman lo que hacen. Por eso, la pasión desborda de sus productos. Es el motor de sus emprendimientos. Y lo que las diferencia de otras personas que apuestan por sus proyectos.

Hoy, que se conmemora el Día Internacional de la Mujer, les damos la palabra a 10 tucumanas que tuvieron un sueño y lograron transformar sus días a través de un emprendimiento. La superación y la constancia fueron las claves para salir adelante y, en muchos casos, para dejar atrás la angustia que las había marcado.

Cuando las emprendedoras aman lo que hacen, los resultados son infinitamente mejores. Esa materia prima fundamental para todo emprendedor, que es la pasión, es un estado al que ellas suelen llegar con más facilidad que cualquiera, porque su conexión con lo emocional es más libre que en el caso de los hombres. Eso las potencia enormemente, coinciden los expertos.

Carina Lupica, especialista en género y autora de varios trabajos para el Observatorio de la Maternidad, señala que el trabajo por cuenta propia puede subdividirse en varias modalidades entre las mujeres. Están las que tienen una profesión o un oficio y quieren tener su propio proyecto. Otras buscan desesperadamente una salida para poder darles de comer a sus hijos (es la mayoría de los casos en la actualidad). Algunas se quedaron sin trabajo a causa de la crisis, o el marido perdió ingresos. Lo cierto es que cada vez más mujeres arman sus propios emprendimientos. Como muchas tienen proyectos de diseño y arte también se está produciendo una revalorizaron de los conocimientos tradicionales.

Los números del Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán (IDEP) hablan por sí solos. En el programa formativo “Capacitación para emprendedores” -que tiene el objetivo de potenciar negocios en marcha e impulsar nuevas ideas o proyectos- el año pasado participaron más de 360 emprendedores de 11 localidades de la provincia. Más de la mitad eran mujeres, desde adolescentes hasta adultas. Los rubros en los que predominan sus proyectos son diseño, gastronomía y pastelería, detallaron a LA GACETA.

En los últimos tres años el número de firmas iniciadas por ellas aumentó un 80%. Tener un emprendimiento propio es una oportunidad para hacer lo que las apasiona y además les permite tener flexibilidad para poder hacerse cargo de su familia.

“Hay un factor fundamental: las mujeres somos leonas con nuestros hijos. La necesidad saca a relucir el gen del emprendedurismo que tenemos”, resalta María Laura Colque, presidenta de la Fundación para el Desarrollo Profesional.

Ella percibe que cada día más mujeres sueltan sus trabajos fijos y buscan otros proyectos que les permitan estar más tiempo con sus hijos. “Cuando ellas se encuentran en ese perfil de emprendedora es muy difícil que lo abandonen. Se sienten útiles, independientes, libres -destaca-. Cuando alcanzan una meta quieren más. El mapa mental es diferente al del hombre, son más intuitivas, multifacéticas, se autorretan, y los emprendimientos crecen más y más rápido”.

Diez historias inspiradoras

> Ropa y bordado
Empezó como una terapia y ahora no para de tener trabajo
María Cristina Chocobar (54) empezó hace 10 años su proyecto llamado “Wayta”. Confeccionaba ropa para niños y hacía el artesanal bordado mexicano. En realidad, este proyecto nació como una forma de hacer terapia, cuenta María Cristina. “Mi mamá estaba muy enferma; y yo necesitaba salir de ese estrés. Como pasaba muchas horas en su casa, allí arranqué con mi taller y empecé a crear”, relata la emprendedora, que hace seis años transformó esa pasión en su fuente de trabajo. Le gusta coser y bordar. “La gente me empezó a encargar cada vez más cosas. Llegué a trabajar hasta 12 horas por día”, agrega. A esta altura, María Cristina también se dedica a enseñar este tipo de manualidades.
> Diseño en cuero
Dos amigas se unieron y cumplieron el sueño de hacer carteras y bijou
Mariela Suárez (47) y Gloria Nápoles (56) son amigas y socias. Gloria aprendió a coser desde muy pequeña, pero durante 25 años se dedicó a la fisioterapia, hasta que se hartó. Mariela vivió en España y un día volvió. Tuvo que arrancar de cero. Así fue que se unieron para llevar adelante el proyecto “Origen, diseños en cuero”. Hacen carteras, bolsos, morrales y bandoleras. Se destacan por la gran cantidad de colores que usan en sus productos.  Además, con todos los trozos de cuero que les sobran inventan cosas nuevas; por ejemplo, collares, aros, pulseras y todo tipo de bijou.
> “Mi vivero” 
casi sin darse cuenta, su casa se llenó de plantas y armó un negocio
Nélida del Valle Juárez (43) estaba desesperada. Con dos hijos pequeños y su esposo desempleado se puso a vender golosinas en una escuela. Pero el dinero no alcanzaba. Tal era su angustia que empezó a reproducir las plantas que tenía en su casa. “Lo hacía para matar el tiempo...”, recuerda. Ponía pequeños gajos en botellas, latas... en todo recipiente que encontraba. “De repente, me di cuenta de que ya no se podía entrar en casa por la cantidad de macetas. Mi esposo me preguntó qué iba a hacer con ellas. Salí a venderlas. Me fue tan bien que ahora tengo mi propio vivero”, resume.
> Experiencia textil 
Un taller para mezclar distintas técnicas y elaborar prendas
Vero Corrales (26 años, artista visual) y Laura Sánchez (37, profesora de francés) se unieron hace tres años para llevar adelante un proyecto que soñaban desde hacía tiempo: tener un laboratorio textil para, con distintas técnicas, confeccionar prendas e imprimir bordados. “Experiencia textil” se llama el emprendimiento, y hasta ahora les ha dado muchas satisfacciones. “Es como una clínica. A la gente le encanta hacer sus propias creaciones. Tenemos alumnos desde niños hasta adultos. En estos días, por ejemplo, les enseñamos a hacer sus totebag, bolsas personalizadas”, dicen.
> Randas 
El tejido le ayudó a sanar heridas y a tener una vida mejor
Marcela Sueldo (41) empezó a tejer a los ocho años. Hace dos décadas, cuando se casó y se fue a vivir a El Cercado, Monteros, se especializó en hacer randas, sin saber que eso le abriría un mundo de oportunidades. Gracias a esto logró independizarse económicamente, criar a sus tres hijos y armar talleres en los que enseña la tradicional técnica.
Visita ferias y sus productos son requeridos en distintas partes del país. Asegura que su trabajo es también una manera de hacer terapia. El tejido le permitió sanar heridas y plasmar sus sentimientos y las ilusiones de tener una vida mejor.


> Ropa y bordado
Empezó como una terapia y ahora no para de tener trabajo

María Cristina Chocobar (54) empezó hace 10 años su proyecto llamado “Wayta”. Confeccionaba ropa para niños y hacía el artesanal bordado mexicano. En realidad, este proyecto nació como una forma de hacer terapia, cuenta María Cristina. “Mi mamá estaba muy enferma; y yo necesitaba salir de ese estrés. Como pasaba muchas horas en su casa, allí arranqué con mi taller y empecé a crear”, relata la emprendedora, que hace seis años transformó esa pasión en su fuente de trabajo. Le gusta coser y bordar. “La gente me empezó a encargar cada vez más cosas. Llegué a trabajar hasta 12 horas por día”, agrega. A esta altura, María Cristina también se dedica a enseñar este tipo de manualidades.

> Diseño en cuero
Dos amigas se unieron y cumplieron el sueño de hacer carteras y bijou

Mariela Suárez (47) y Gloria Nápoles (56) son amigas y socias. Gloria aprendió a coser desde muy pequeña, pero durante 25 años se dedicó a la fisioterapia, hasta que se hartó. Mariela vivió en España y un día volvió. Tuvo que arrancar de cero. Así fue que se unieron para llevar adelante el proyecto “Origen, diseños en cuero”. Hacen carteras, bolsos, morrales y bandoleras. Se destacan por la gran cantidad de colores que usan en sus productos.  Además, con todos los trozos de cuero que les sobran inventan cosas nuevas; por ejemplo, collares, aros, pulseras y todo tipo de bijou.

> “Mi vivero” 
Casi sin darse cuenta, su casa se llenó de plantas y armó un negocio

Nélida del Valle Juárez (43) estaba desesperada. Con dos hijos pequeños y su esposo desempleado se puso a vender golosinas en una escuela. Pero el dinero no alcanzaba. Tal era su angustia que empezó a reproducir las plantas que tenía en su casa. “Lo hacía para matar el tiempo...”, recuerda. Ponía pequeños gajos en botellas, latas... en todo recipiente que encontraba. “De repente, me di cuenta de que ya no se podía entrar en casa por la cantidad de macetas. Mi esposo me preguntó qué iba a hacer con ellas. Salí a venderlas. Me fue tan bien que ahora tengo mi propio vivero”, resume.

> Experiencia textil 
Un taller para mezclar distintas técnicas y elaborar prendas

Vero Corrales (26 años, artista visual) y Laura Sánchez (37, profesora de francés) se unieron hace tres años para llevar adelante un proyecto que soñaban desde hacía tiempo: tener un laboratorio textil para, con distintas técnicas, confeccionar prendas e imprimir bordados. “Experiencia textil” se llama el emprendimiento, y hasta ahora les ha dado muchas satisfacciones. “Es como una clínica. A la gente le encanta hacer sus propias creaciones. Tenemos alumnos desde niños hasta adultos. En estos días, por ejemplo, les enseñamos a hacer sus totebag, bolsas personalizadas”, dicen.

> Randas 
El tejido le ayudó a sanar heridas y a tener una vida mejor

Marcela Sueldo (41) empezó a tejer a los ocho años. Hace dos décadas, cuando se casó y se fue a vivir a El Cercado, Monteros, se especializó en hacer randas, sin saber que eso le abriría un mundo de oportunidades. Gracias a esto logró independizarse económicamente, criar a sus tres hijos y armar talleres en los que enseña la tradicional técnica.
Visita ferias y sus productos son requeridos en distintas partes del país. Asegura que su trabajo es también una manera de hacer terapia. El tejido le permitió sanar heridas y plasmar sus sentimientos y las ilusiones de tener una vida mejor.

> Vitrofusión 

Lo que fue un pasatiempo hoy es un taller de producción y capacitación

Alejandra Silva (44) aprendió a darles utilidad a sus manos para conocer nuevos amigos cuando se fue de la provincia, hace 18 años, para trabajar como docente en el sur del país. Viviendo en Neuquén se enamoró de la vitrofusión. No sabía que le iba a sacar tanto el jugo a este pasatiempo. De paseo por Tucumán, en 2010, la sorprendió una enfermedad y decidió quedarse; en parte para que su familia la ayudara con el cuidado de su hija que hoy tiene 11 años. “Estaba encerrada en casa todo el día y no conseguía trabajo de docente. Así que decidí apostar por esto. Hoy tengo mi taller de producción y de capacitación”, cuenta, con orgullo.

> Fieltro 

Una técnica con la que capta muchos alumnos  

Marcela Aybar (44) hace tres años descubrió el fieltro. Y nunca más pudo alejarse de él. Hace pantuflas, ropa, figuras en 3D y tapices con esta lana, que exige un tratamiento muy especial. Hay que trabajar mechón por mechón, durante largas horas. Su taller ha tenido mucho éxito, no sólo por la cantidad de clientes que le compran sus productos, sino también por el creciente interés de la gente en aprender esta técnica. “Es un material sustentable, muy maleable. Cada cosa que hacés nunca sabés cómo quedará. Eso, lo sorpresivo del fieltro, es lo que lo hace tan apasionante”, afirma.

> Títeres 

Un espacio de recreación que nació del amor al arte  

Olga Isabel Sánchez (43) lleva una vida entera ligada a los títeres. Es artista plástica, docente de Artes y también emprendedora: desde hace un tiempo se dedica a a hacer talleres en los que enseña a crear títeres y a manipularlos para que estos muñecos protagonicen diversas historias. “Les enseño a chicos y grandes. Es impresionante cómo el títere engloba todas las artes y cómo la gente se engancha. La verdad es que hago lo que amo y me va muy bien. De hecho, nunca lo dimensioné a esto como un trabajo... lo veo más como un espacio de recreación”, confiesa.

> Porcelana fría 

Estaba desempleada y un “mundo de fantasía” la ayudó a salir adelante  

Viviana Mustafá es técnica química y vivió siete años en Buenos Aires. Para huirle al estrés de la “gran ciudad” comenzó a realizar cursos de porcelana fría. En uno de esos talleres conoció a Julio Sebastián Rodríguez, también tucumano. Pasó el tiempo y ella quedó sin trabajo. Entonces, tuvo que volver a su tierra natal y buscar un nuevo proyecto de vida. Bastaron un par de reuniones para que naciera un emprendimiento. Se llama el “Rincón de las hadas”. Mientras ella se dedica a crear duendes, él hace diseños de hadas y princesas. La sorpresa fue que, a poco de haber empezado, ya tenían un montón de pedidos.

> Calzados 

No tenía nada y junto a su pareja se largaron a fabricar alpargatas 

María de los Ángeles Lobo (36) era carpintera artística y un día, hace poco más de un año, quedó sin trabajo. Junto a su pareja, Daniel (35), que es zapatero, pensaron que era el momento de hacer realidad un proyecto que hacía rato les daba vueltas en la cabeza. Diseñar y crear calzados de cuero. “Al principio no teníamos nada; nos prestaban máquinas. Ahora ya tenemos nuestro taller. Eso sí, nos planteamos hacer un producto de buena calidad y creo que por eso la gente nos elige todo el tiempo. Lo que más nos piden son alpargatas de cuero y borcegos”, detalla María, cuyo emprendimiento se llama “Suyanna” (Esperanza en quichua).


> PUNTO DE VISTA

El valor de sentirse útiles

Graciela Chamut | Psicóloga experta en Recursos Humanos

Que en nuestra sociedad tengamos cada vez más mujeres emprendedoras es muy positivo.

Puede que este movimiento tenga que ver con una mayor dificultad para conseguir empleos formales, y menor interés por los empleos informales, en los que no suele haber seguridad a largo plazo.

Si fuera así, vemos que hay una respuesta creativa a un problema aparentemente difícil. 

El hecho de que haya mujeres solas, como las familias uniparentales, y que el fenómeno se haya extendido, no como resultado del fallecimiento del padre, sino en razón de abandono, hace que la mujer tenga una tarea adicional a la de madre: hacer que no parezca tan grande o tan grave la falta.

Las mujeres emprendedoras suelen pedir pequeñas ayudas a sus hijos, y esta dedicación de los niños al trabajo les permite desenfocarse de su propio dolor por el abandono, a la vez que sentirse útiles, grandes, importantes, porque aportan al sustento familiar. Lo cual lleva a una dinámica familiar más amable y positiva. Para una mujer que es a la vez una madre responsable, el poder sostener económicamente a la familia sin abandonar a su prole durante largas horas, y sin necesidad de pedir favores o pagar por ayuda, es una gran diferencia.

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