Las escasas colecciones de la prensa periódica local

07 Mar 2018

En la década de 1930, el doctor Ernesto Padilla, empeñoso alentador de los estudios históricos, deploraba que en las bibliotecas de Tucumán no se hubieran conservado colecciones de todos los diarios, periódicos y revistas que se fueron editando en nuestra ciudad. No dejaba de asistirle razón, y resulta curioso que semejante falencia no haya sido remediada hasta la fecha.

La imprenta llegó a Tucumán traída por el general Manuel Belgrano en 1817. Desde entonces y sobre todo a partir de la Organización Nacional (que trajo la libertad de expresión unida a la introducción de nuevas máquinas) empezó a imprimirse una enorme cantidad de publicaciones cotidianas y periódicas. De ellas sólo se cuenta con un catálogo completo hasta 1900, obra del historiador Manuel García Soriano. Y en el siglo pasado la cifra creció enormemente. Sin embargo, los tucumanos no hemos conservado ese material, obviamente precioso para los investigadores y para los estudiosos. Colecciones completas, sólo están las de LA GACETA y “El Orden”. Del resto de la cuantiosa producción de periódicos, por lo general no existen colecciones; y si existen, no pueden llamarse tales, ya que son solamente unos pocos ejemplares encuadernados, lo más antiguos de los cuales solían estar en la Biblioteca Alberdi. La Biblioteca Sarmiento atesoraba magníficas colecciones de diarios del siglo XIX, que se destruyeron a comienzos de la década de 1980, cuando un aguacero inundó el lugar donde se guardaban.

Si son raras las colecciones de diarios, qué decir de lo que ocurre con las revistas, que -con poquísimas excepciones- a nadie le interesó guardar. En algunas bibliotecas, el curioso suele encontrar ejemplares sueltos, pero prácticamente nunca una colección. Esto a pesar de que varias de esas revistas estaban muy bien impresas y contenían, además de reveladores artículos, buenas fotografías que documentaban aspectos de las calles y edificios de la ciudad, además de retratos de personalidades y un registro de actos oficiales.

Obvio es decir que remediar una incuria de tantos años es algo muy difícil. Pero nos parece que se podría intentar una investigación, que siquiera establezca el material que tenemos y su localización. Un equipo que revise con cuidado los ficheros o los estantes de las bibliotecas, no sólo de esta capital sino de la campaña, podría ir confeccionando un relevamiento de lo que existe. Lo que se obtenga, podría enriquecerse solicitando públicamente, a los particulares, que colaboren con lo que pudieran conservar de ese material de las bibliotecas caseras, circunstancia que podría deparar más de un hallazgo. Otro paso simultáneo sería consultar, en los centros bibliográfico de todo el país, acerca del material de periodismo tucumano que posean.

Luego, con los procedimientos actuales de digitalización, se podría formar un archivo de bastante amplitud con los resultados de la búsqueda, apto para ser consultado tanto por quienes se dedican específicamente a estudiar los años pretéritos de Tucumán, como los que tengan curiosidad de obtener referencias a ese respecto. Bien se sabe la enorme utilidad que la prensa periódica tiene para encarar trabajos de esa índole. En suma, creemos que hay que llenar de alguna forma el vacío tan grande que tenemos en materia de archivos periodísticos, y que no condice, en absoluto, con esa tradición cultural de la que tanto nos enorgullecemos.

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