Del Potro venció a tres top ten para ser campeón en México y desde hoy será octavo

05 Mar 2018

El corazón normaliza su latir. La piel, cómplice, vuelve a su estado habitual. La euforia de un impacto fuerte desciende. Las ideas se acomodan. Entonces, los ojos ven mejor. E intuyen algo muy interesante. A horas de comenzar un tramo importante del año tenístico (Master 1000 de Indian Wells y Miami) Juan Martín Del Potro ganó el ATP 500 de Acapulco. El triunfo es una noticia en si misma. Ya son 21 festejos de “Delpo” en su carrera. El estándar de la consagración obliga a retroceder más de cuatro años para encontrar, en Basilea 2013, algo parecido. Pero lo más destacado, y a la vez atractivo, se desprende de otros elementos.

El mundo actual del tenis tiene en Roger Federer un rey de corona brillante; en Rafael Nadal otro rey de presente sinuoso; en Novak Djokovic, un tercer rey que hace rato ha dejado el castillo; en Andy Murray y Stan Wawrinka, dos herederos con asuntos sin resolver. Y, además, existen unos cuantos príncipes dispuestos a reclamar el manejo del reino. A dos de ellos, Dominic Thiem y Alex Zverev, Juan Martín los corrió de la escena mexicana con la suficiencia de quien sabe que tiene más que el otro. Esa misma autoridad la exhibió para vencer en la final al sudafricano Kevin Anderson por 6-4 y 6-4, duelo que también decidía quién sería, desde hoy, el 8 del ranking. Apilados en la misma oración, el austríaco, el alemán y el sudafricano son tres top-10 vencidos en días consecutivos. Y sin perder sets.

¿Qué rol asume Delpo en este juego de realeza? Por un lado pareciera renegar del protocolo obligatorio de vestir sus mejores ropas y estar a tono para cada aparición pública. Por el otro, sin dudas, disfruta de saberse de esa casta y de poder manejar su influencia con rebeldía con total conciencia de que por su cuerpo corre sangre tenística noble.

Soldado de una guardia especial reservada para batallas épicas, el tandilense ha dado un paso al frente en Acapulco. Su mirada, su postura así lo indicaron. Durante toda la semana, ver a Juan Martín fue ver su estirpe de tenista de mayor jerarquía del torneo. Esto excede el envase de los habituales números y referencias con los que valoramos a los jugadores.

Parece un momento del circuito favorable. Cierto, no es la primera vez que el contexto se le presenta así, con sol pleno y viento a favor. “Delpo” tiene en las semanas que llegan una profunda chance de tatuar en la historia del tenis argentino otro tramo de letras mayúsculas. En los pasillos, en los vestuarios, se percibe una sensación muy nítida: mucho más que otras veces, casi todo depende de él.

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Juan Martín Del Potro
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