En busca de pareja

25 Feb 2018
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SEXUALMENTE HABLANDO

INÉS PÁEZ DE LA TORRE | PSICÓLOGA

Hoy es improbable que dos personas desconocidas acuerden una salida romántica después de una simple llamada telefónica. Algo que era tan común hace algunas décadas: un amigo/celestino –una suerte de garantía- las ponía en contacto y la cita no tardaba mucho en concretarse. No era raro que recién ese día, llenos de nerviosismo y expectativa, estas personas se vieran la cara por primera vez (no era tan obvio contar con una fotografía). La historia de muchas parejas –y de muchos fiascos, desde luego- empezó así.

Las redes sociales, los portales de citas y las aplicaciones para conocer gente cambiaron la manera de buscar –y de encontrar- pareja para siempre. A esto se refiere el divulgador científico Pere Estupinyà en su libro “La ciencia del sexo”. Los “desconocidos” habrán podido obtener muchísima información antes de verse: infinidad de fotos, publicaciones, “amigos en común”. Siempre y cuando, claro está, el encuentro se concrete: los investigadores han advertido sobre un fenómeno frecuente entre los que están en la búsqueda, al cual han llamado relationshopping, que consiste ir pasando y analizando perfiles de potenciales candidatas/os como si fueran productos de compra, para terminar con la sensación de que ninguna/o es lo que se está buscando. Más o menos como cuando se nos pasa la hora tratando de decidir qué película ver de las miles que se nos ofrecen por internet. Es el bloqueo que se produce cuando aparecen demasiadas opciones.


“Homogamia”

Otro peligro que se ha señalado en relación a este modo de buscar pareja es la “homogamia”; es decir, el buscar personas que sean muy parecidas en gustos, características, aficiones, orientación política u objetivos vitales. Algo que, si bien puede ser positivo, también bloquea el aliciente de la complementariedad y la chispa de descubrir novedades en un futuro compañero. (Más allá de que, desde luego, las coincidencias no equivalen al éxito de una relación).

Un tema para prestar atención es el de los mensajes de texto (las aplicaciones gratuitas llevan a que se cometan excesos en este sentido). Y es que demasiada comunicación por esta vía –posponiendo la decisión de verse- conduce a que el interés languidezca, como algo que muere antes de nacer. De manera que lo aconsejable sería, por más tentador que resulte, contenerse un poco y limitar los mensajes, para no apagar el deseo en esta instancia de tanta fragilidad.

Los expertos aconsejan también, como una medida de higiene, ponerle un límite a la cantidad de perfiles a explorar y, llegado el momento, no ir con demasiadas ideas y expectativas. Tampoco sería recomendable descartar candidatas/os por detalles menores, lo mismo que no ser sinceros en nuestra descripción.

La antropóloga Helen Fisher plantea que, si bien son innegables las ventajas de internet para los contactos iniciales, el factor definitivo sigue siendo la química que aparece o no durante el cara a cara y que “nuestros cerebros continúan enamorándose igual ahora que como lo hacían miles de años atrás”.


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