No desalentarse

25 Feb 2018

La liturgia de este domingo nos invita a subir a un monte, al lugar de la teofanía de la antigua y nueva Alianza. De acuerdo con el espíritu de Cuaresma, se nos invita a meditar en estos montes las grandezas de Dios (Hechos 2,11) los misterios de nuestra redención, los misterios de nuestra justificación en Cristo.

Este domingo de Cuaresma nos enseña que estamos llamados a una gran transformación espiritual. Debemos participar en la Transfiguración de Cristo como sus discípulos en el Monte Tabor. Debemos prepararnos para la santa Pascua.

Cristo mediante la Transfiguracion nos alienta a luchar en medio de las dificultades personales y sociales. No cabe duda que vivimos momentos de mucha confusión global, nacional, personal; no son tiempos fáciles: el hombre de hoy se ve transformado por la tecnología, se ha alienado por el individualismo, se ve excluido por la globalización de la indiferencia. Esta realidad no debe desalentarnos, no debe tirarnos hacia abajo.

Nosotros debemos aprovechar también esta revelación que la Iglesia coloca en este domingo de Cuaresma para que no nos domine la tristeza o la desesperación en los momentos duros de la vida. Cuando parece que todo se hunde o un proyecto en el que se ha empeñado la vida y por el que no se han ahorrado fatigas y disgustos se viene abajo, la certeza de que Dios tiene también un proyecto que engloba los nuestros, evitará el desaliento. En esta convicción se apoyaron siempre los santos y ella explica su serenidad, incluso su alegría, en medio de las grandes dificultades.

Las dificultades de la vida cristiana y también las sociales que nos rodean no deben desalentar la lucha diaria de ser cristianos. La peor tentación es que se desalienten los buenos, porque ello aumenta el número de derrotados en seguir a Dios y sus enseñanzas. No permitamos que la tormenta que oculta momentáneamente al sol, nos haga dudar que llegará el buen tiempo. También esa perturbación cumple su función a la hora de la cosecha.

La Transfiguración es un llamado a afrontar las dificultades de la vida que pueden ser nuestros calvarios cotidianos. Es una convocatoria a reiluminar las conciencias, a ser discípulos de la verdad en medio de tanta confusión. Transfigurar nuestras vidas, nuestras familias, nuestra sociedad.

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