Los líquidos de 432 pérdidas de agua y de cloacas infectan las calles de Yerba Buena

Dos concejales hicieron un mapa de calor y de geolocalización de las roturas. Desde la SAT aclaran que conocen los puntos y que trabajan en eso. Las calles San Martín y Perú llevan años perdiendo agua. Vecinos le reclaman a Campero.

18 Feb 2018
1

LA GACETA / JOSÉ NUNO

El vecino Sergio Palmieri mira hacia la vereda y dice:

- Los autos bañan a la gente con esa porquería.

Parece habituado.

- Es un foco infeccioso permanente -agrega-, todo el año está así. Y este intendente Mariano Campero no ha hecho nada. ¡Debe haber 200 denuncias nuestras!

El carril norte de la avenida Aconquija, en el tramo que va desde el edificio de la Municipalidad hasta unas cuadras arriba, parece un río. Siempre hay agua. Sea verano. Sea invierno. Haya llovido. Haya sol. Pero lo que más molesta al señor Palmieri, es que el agua huele a cloacas. Como dice la comerciante Karina Marneto, si alguien se resbala y cae, puede que acabe con una infección. Ella también está cansada de ver cómo los vehículos salpican, a su paso, chorros amarronados. Pero no son los automovilistas los culpables, aclaran las vecinas Inés Ibáñez y Rosa Varela. A sus 74 y 72 años, sienten que arriesgan su pellejo cada vez que deben cruzar, pues el suelo se ha vuelto una superficie babosa. La culpa la tienen -prosiguen- los políticos. Gustavo Elijis no los entiende. No entiende cómo es posible que ese líquido pase por enfrente de la Municipalidad (”por donde caminan, todos los días, los directivos de esta ciudad”), y no se hayan ocupado. “Hay veces en que el olor es insoportable. Da asco”, dice. Fernanda Karea cree que a los gobernantes tal vez les haya ocurrido lo mismo que a algunos ciudadanos, que con el tiempo han acabado resignándose a lo insólito de caminar sobre excremento.

El mapa del agua perdida

Pero lo que sucede en este punto de la piedemontana Yerba Buena, se reproduce en muchos más. Hace unos días, dos concejales dieron a conocer un relevamiento en el que contabilizaron 432 pérdidas en las redes de distribución de agua potable y de cloacas, en un radio de 22 kilómetros cuadrados. En promedio, puede hablarse de casi 20 pérdidas por cada kilómetro cuadrado. En promedio (otra vez), dos pérdidas por cuadra.

De acuerdo al estudio, hecho en diciembre pasado, el Casco Viejo, al sur del distrito, y el barrio Los Tarcos, al norte, son algunos de los sectores más comprometidos. Las calles San Martín y Perú -por ejemplo- llevan años perdiendo agua. Eso es lo que dicen los ediles Marcelo Rojas y José Macome, autores del censo.

El trabajo, efectuado por su equipo, consiste en un mapa de calor, que es un gráfico en el que se resalta, mediante un código de colores, las zonas con más o menos agua. Adjuntaron fotografías.

Esa documentación fue puesta a disposición de la Defensoría del Pueblo. Los concejales le dijeron al titular de esa repartición provincial, Fernando Juri Debo, mediante una nota, que desde noviembre pasado tramitan en esa oficina un reclamo contra la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT), la proveedora del servicio. “En general, se trata de cañerías deterioradas desde hace décadas”, insiste Rojas.

Los arreglos, en números

Desde la SAT aclaran que ellos poseen relevamientos propios. Aseguran, además, que cuentan con un programa de reparaciones. Entre enero y lo que va de febrero -de hecho, dicen- han hecho 170 intervenciones en la red de agua.

Debido a esos arreglos, por estos días hubo baja presión en un cuadrante del barrio Los Tarcos, ejemplifican. Además, plantearon la problemática de las conexiones clandestinas, como la que se efectuó, hace poco, en un asentamiento en la calle Las Lanzas.

Con respecto al sistema cloacal, los voceros destacan que hubo 60 ajustes. “Se encuentra vigente un acuerdo con la Municipalidad para brindar un servicio normal”, afirman.

Inversiones, en concreto

A mediados del año pasado, Campero había intimado al entonces presidente del directorio de la SAT, Alfredo Calvo, mediante una carta documento, a que le pagara al municipio más de $ 19,6 millones, en concepto de reparaciones por daños que esa empresa había causado en la vía pública.

Seis meses después, se interroga al jefe municipal sobre qué ha ocurrido con aquel planteo. Responde que, tras el cambio en la conducción de la empresa, se reunió con el nuevo gerente, Fernando Baratelli.

- ¿Pero se avanzó con la intimación?

- Hemos aumentado el monto del dinero adeudado. Y seguimos verificando pérdidas y enviando notificaciones a la SAT. Necesitamos que dejen de romper las calles y que muestren una inversión concreta. Que muestren un plan.

El departamento El departamento de Yerba Buena tiene una superficie de 160 kilómetros cuadrados y su zona central municipal ocupa 29 kilómetros cuadrados. Hace unas semanas, en un estudio similar hecho en la ciudad de San Miguel de Tucumán, limítrofe hacia el este, se habían computado 259 pérdidas en unas 2.700 cuadras lineales.

Los inconvenientes en el servicio que brinda la SAT no son nuevos. Durante la gestión del otrora intendente Daniel Toledo se presentó un proyecto -incluso- para municipalizar el servicio.

Tolerar lo intolerable

El ingeniero Franklin Adler suele incomodar a los gobernantes. Los incomoda cuando dice que las redes cloacales que se han construido en los últimos 15 años, durante el período kirchnerista en la provincia, son de pésima calidad. “Las cloacas fueron hechas por numerosas cooperativas. El Estado proveía las tuberías y los desempleados (apenas capacitados) las colocaban. La SAT controló poco. Toleró lo intolerable. Y el resultado está a la vista”, opina.

Así las cosas, en vez de llevar los beneficios del saneamiento a amplios sectores de la población -opina-, acabaron engendrando una condena ambiental difícil de revertir. Porque en lugar de que los desechos permanezcan bajo el suelo, ahora flotan en la superficie, en contacto con los seres humanos. “Esto podría provocar hasta epidemias”, reflexiona.

Cuando se le pregunta si se pueden reducir las pérdidas o se trata de una cuestión compleja, responde que la única posibilidad consiste en la ejecución, de nuevo y desde cero, de las obras falladas. Por la naturaleza de los defectos, cree que no es posible reparar.

Un mástil maloliente

Juan Domingo Acosta vive a dos cuadras de El Mástil, como se conoce a esa emblemática esquina de Yerba Buena. El año pasado, la intersección cambió su aspecto: construyeron una galería y pusieron una sucursal de una cadena de restaurantes temáticos musicales. Las aguas pestilentes, no obstante, fluyen por el cordón norte.

“¿De qué sirve este progreso? Yerba Buena es una cloaca a cielo abierto. La SAT hace lo que quiere. Abre un agujero y lo deja ahí”, concluye don Acosta, antes de subirse a su taxi. Como Palmieri, parece resignado.

¿Estado estás? - Análisis por Soledad Nucci

Yerba Buena necesita que sus calles no escupan agua de cloacas.

Necesita seguridad.

Necesita que se revise y respete su código urbano.

Necesita veredas.

Necesita sendas para ciclistas.

Necesita un transporte público que integre los barrios.

Necesita más desagües pluviales.

Necesita una avenida de circunvalación.

Necesita un centro cívico que descentralice y agrupe las oficinas del municipio.

Necesita plazas, centros de salud y espacios de encuentro.

Necesita áreas para reservas hídricas en tiempos de inundaciones.

Necesita -puntualmente- que el Estado se haga presente. El deterioro en las redes de agua y de cloacas no es más que una foto de lo lo que ocurre en otros aspectos. Una foto de la falta de inversión sistemática en infraestructura pública. Las comisarías parecen pocilgas. Las plazas distan de ser espacios públicos de calidad.

Las noches se vuelven oscuras. Hoy, hay dos Yerba Buenas: la privada, que ha construido más de 100 barrios cerrados en los últimos 10 años (con aptos ambientales dudosos y en lugares sin agua potable o donde la montaña debería haberse resguardado); y la pública, que lleva décadas virtiendo litros de agua en tierras de nadie. Y usted se siente mal por afeitarse con el grifo abierto.

Comentarios