Aníbal Terán: velocista del rugby, del fútbol y del surf

El ex wing de los Naranjas cambió la ovalada por la redonda, con la que también sabe volar

14 Feb 2018

Apasionado por la pelota, nunca le importó si era ovalada o redonda. Aníbal Terán siempre corrió a toda velocidad junto a ella. Para él siempre fue lo mismo una final del Argentino que un encuentro por el ascenso o un partido de fútbol del campeonato de profesionales universitarios de Tucumán.

Su talento en el rugby lo llevó a destacarse en Tucumán Rugby, y le abrió las puertas para jugar en los Naranjas, en Los Pumitas e incluso en Los Pumas Seven. Su habilidad lo convirtió en campeón argentino y lo llevó a participar de un Sudamericano con el seleccionado nacional.

Como casi todo niño, su primer deporte fue el fútbol y su sueño era vestir la “celeste y blanca”, la de Atlético o de Racing, equipos de los que Aníbal es un fanático incondicional. A los siete años, su padre lo llevó a un práctica de rugby. Quedó encantado y se enganchó para siempre. “Cuando te enganchás los sueños cambian. A partir de ese momento empecé a imaginarme con la camiseta de los Naranjas y de Los Pumas” recordó Terán sobre sus comienzos.

Pero el sueño de ser futbolista también latía con intensidad dentro del joven Aníbal. “Cuando cursaba el séptimo grado, con unos amigos decidimos presentarnos a una prueba que hacía Atlético y quedamos”, cuenta. Sin embargo, la ilusión le duró poco: debió rechazar el primer llamado a los entrenamientos porque los horarios eran incompatibles con los del colegio.

Fue un jugador distinto. Tenía un talento innato para el deporte y se convirtió rápidamente en una figura destacada para su club y el seleccionado, pese a que no tuvo una dedicación absoluta en algunos pasajes de su carrera. “En mi mejor momento decidí priorizar mi carrera universitaria. Hoy soy abogado y puedo tener mi estudio y un trabajo estable” explica Terán. Asimismo, no realizaba otras actividades complementarias, ahora casi obligatorias para un deportista, como son las horas de gimnasio y pesas. “Yo me entrenaba siempre. No faltaba nunca, tenía una entrega absoluta, pero no iba al gimnasio. Tal vez con eso podría haber llegado algo más lejos”, reflexiona.

Ya retirado del rugby, disfruta plenamente de su familia: su esposa Sofía Ferrari y sus hijos el “Gurí” Aníbal, de cinco años, y Agustina, de tres. Ahora esperan ansiosos a Salvador, que llegará en unas semanas. Terán disfruta del reconocimiento de la gente, cada saludo es la devolución de un buen momento que esa persona vivió en su paso por el rugby. “Me saludan en la calle y en los pasillos de Tribunales, donde trabajo” contó Aníbal.

En su tiempo libre, a veces se deja atrapar por las historias de la serie Black Mirror, que exponen con crudeza la subordinación del hombre actual a las redes sociales y la tecnología. Y también juega el fútbol: “participo en un campeonato con un equipo de amigos. Le pongo más profesionalismo que al rugby creo”, cuenta entre risas.

Espera pronto poder estar con su familia, sus padres, sus hermanas, cuñados y sus sobrinos en alguna playa caribeña, viendo cómo todos disfrutan del agua templada, las blancas arenas y las olas grandes, en las que Aníbal se anima a surfear.

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