Temas para controlar en la muy poblada ruta 307

13 Feb 2018

No es necesario recordar que la ruta 307, que conduce a los Valles Calchaquíes, en esta época del año se encuentra siempre atestada por vehículos que circulan en ambas direcciones. Esa aglomeración, que alcanza su clímax los fines de semana, exige algunas medidas para normalizar la circulación y evitar accidentes que, en una carretera de ese tipo, resultan casi siempre fatales.

Muchos manejan a una velocidad inadecuada para un camino de cornisa, cuya anchura no permite el paso de más de dos vehículos, y en algunos tramos con bastante dificultad. Muy a menudo, se adelantan peligrosamente en zonas de escasa visibilidad y con curvas próximas. Al mismo tiempo, hay otros que circulan por el centro de la ruta con extrema lentitud y que no se hacen al costado, taponando el paso de los otros automotores. Las motocicletas hacen también su aporte, circulando a alta velocidad en peligrosos zigzagueos.

Como si fuera poco, quienes conducen por esa ruta suelen toparse, no pocas veces, con ganado caballar o vacuno suelto. No es preciso ponderar las secuelas gravísimas que puede tener una colisión con animales. La presencia de estos no solamente se registra en el ascenso, sino también en el valle, a la altura del desvío a El Mollar.

No es raro que estas y otras infracciones a la elemental seguridad en la circulación por una carretera de ese tipo, se susciten de manera casi habitual. Brilla por su ausencia el control policial, que debiera existir en varios puntos del trayecto. Ausencia que es, también, algo tradicional, y que alguna vez debiera corregirse.

Policías que verifiquen una circulación a la velocidad adecuada, en vehículos con luces y frenos en condiciones, además de detener a quienes, con tanta frecuencia, manejan alcoholizados, resulta algo imprescindiblemente necesario.

Igualmente, debiera encararse con energía el retiro de los animales sueltos en el trayecto, procediendo a secuestrarlos y a multar a sus irresponsables propietarios.

Asimismo, no deja de sorprender a los forasteros que en gran número frecuentan esa vía, la defectuosa señalización. Sí bien existen carteles que informan sobre el nombre de los parajes, no se ve ninguno que proporcione datos sobre las distancias, información que es por cierto necesaria para los conductores. Tampoco existe la suficiente cantidad de carteles que indiquen las curvas, o la necesidad de tocar bocina, o la obligación de llevar las luces encendidas, o la de no encandilar.

En otro orden de cosas, pero siempre refiriéndonos a esa carretera de montaña, no puede menos que deplorarse el reciente pintarrajeo en las pircas y piedras del camino. Al iniciarse la temporada, acertadamente se procedió a cubrir con pintura blanca la multitud de leyendas -en su gran mayoría de propaganda política- existentes en la ruta. Ahora, de pronto, sobre esa pintura blanca han aparecido, en cuidadosas letras azules, gigantescas leyendas que publicitan la comisión directiva de la seccional Tucumán de un gremio.

Muchas veces hemos hecho constar nuestras críticas hacia esa costumbre de dañar así la visión del paisaje. Sería deseable que, alguna vez, un sentido de cultura y de respeto por la naturaleza terminara con esas expresiones. Ellas vulneran la belleza de un camino serrano decorado por la expresión más esplendorosa de nuestra selva.

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