De la mano de un argentino, Uruguay 1930

Adrián Béccar Varela, entonces presidente de la AFA, fue clave cuando debió convencer a los países europeos de que la primera cita debía ser en tierra “Charrúa”

09 Feb 2018
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POSTALES. Las delegaciones de Uruguay y Argentina desfilaron antes del partido decisivo (izquierda) en el imponente estadio Centenario (arriba). Fue una final de rítmo frenético y muy cambiante (abajo). fifa.com

Desde 1904, año de la fundación de la FIFA, la idea daba vueltas y tomaba miles de caminos diferentes. Pero ninguno llegaba a nada.

En el seno del ente regulador del fútbol mundial, la misión estaba clara: crear una gran competencia internacional. Debieron pasar 24 años para que el proyecto tomara forma definitiva y dos más para que se hiciera realidad.

El éxito que tuvieron los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920 y la llegada de Jules Rimet a la presidencia de la FIFA hicieron que un Mundial de fútbol llegara a ser un sueño posible. El 25 de mayo de 1928 en el Congreso anual celebrado en Amsterdam se aprobó la instauración de la Copa del Mundo. Ese día decidieron que el primer Mundial de fútbol de la historia iba a realizarse en 1930 y que iba a estar abierto a todas las federaciones afiliadas a la entidad madre del fútbol.

Un año más tarde, en Barcelona, comenzaron a definirse los detalles: los mundiales iban a jugarse cada cuatro años e iban a tener un reglamento que debía cumplirse a rajatabla. Eso sí, lo que en ese momento todavía era una incertidumbre, era tomar la decisión sobre qué país iba a ser sede de la primera edición del Mundial.

España, Holanda, Hungría, Italia, Suecia y Uruguay lanzaron su candidatura. Y fue un argentino el que inclinó la balanza a favor de los uruguayos. El delegado enviado desde nuestro país, Adrián Béccar Varela, enunció un gran discurso argumentando las razones por las que el primer Mundial debía ser en Uruguay. Béccar Varela ganó ese día. Uruguay también. Los candidatos europeos dieron un paso al costado. Así, contra todos los pronósticos, la elección fue rapidísima: la primera Copa del Mundo se jugaría en Uruguay, un país que justamente en 1930 iba a festejar el Centenario de su independencia.

Pero como todo inicio, el primer Mundial de la historia no fue nada fácil. Cruzar el “charco” para disputar el torneo no fue bien visto por la mayoría de los países europeos que, en algunos casos, decidieron desechar la idea de disputarlo.

Inglaterra, por caso, se bajó porque consideraba injusto que Uruguay haya sido elegida sede. Su argumento era que al ser los ingleses los creadores del deporte, ellos merecían organizar el primer campeonato en su país.

Y así, debido a la interminable lista de bajas, Uruguay 1930 contó con 13 selecciones: nueve americanas (Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Uruguay, Perú, Estados Unidos, México y Paraguay) y cuatro europeas: Francia, Rumania, Yugoslavia y Bélgica.

En su casa, la “Celeste”, que venía de consagrarse bicampeona olímpica en París 1924 y Amsterdam 1928, parecía ser fija para quedarse con el primer título de la historia. Algo que finalmente sucedería.

Los “Charrúas” deslumbraban con un juego bien técnico y con mucho juego asociado, toda una innovación para la época.

La “joya” del momento y, obviamente del primer torneo, fue el estadio “Centenario”, una mole de cemento con capacidad para 108.000 almas que fue inaugurada con el torneo en marcha.

El primer partido se disputó en el estadio de los Pocitos (en aquella época, casa de Peñarol), ante 1.000 espectadores. Francia derrotó a México 4 a 1, el 13 de julio. El primer gol de la historia de la Copa lo marcó el francés Lucien Laurent.

El primer torneo de la historia fue casi un relámpago. Debido a la poca cantidad de equipos participantes, 17 días separaron el partido inaugural de la final. El 30 de julio 80.000 personas presenciaron el “Clásico del Río de la Plata”, que terminó consagrando al dueño de casa como el primer campeón de la historia. Así se fue el primer Mundial; sin el show mediático y televisivo que hoy lo rodea, pero con la emoción de saber que era el puntapié inicial para una de las historias más apasionantes del fútbol. Que parece no tener fin.

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