El tucumano y el porteño

Roca y Pellegrini vistos por Juan Balestra

08 Feb 2018
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DOS ESTADISTAS. En un banquete de 1903, Julio Argentino Roca en el extremo izquierdo y Carlos Pellegrini, con la mano levantada, en el extremo derecho.

En su clásico libro “El Noventa”, Juan Balestra esbozó un paralelo entre el tucumano Julio Argentino Roca y el porteño Carlos Pellegrini, a quienes consideraba “indiscutiblemente las dos figuras más representativas de la época”; es decir de los años que precedieron y siguieron a la revolución de 1890. Eran “caracteres diferentes, cuando no opuestos, pero encarnaron dos modalidades complementarias del nuevo tipo del gobernante argentino”.

Escribe que “Roca era hijo de la provincia interior, que vive reflexivamente el presente anudándolo con el pasado; Pellegrini, de origen extranjero inmediato, hijo de esta Buenos Aires de vida rápida, expresión magnífica de la pampa llana y de los grandes ríos”. El tucumano “tenía la cautela de la montaña y la pertinacia de las distancias áridas”, mientras el porteño poseía “el arrojo generoso y la soltura del que confía en sí mismo”. Era Roca “frío, silencioso, constante; Pellegrini afectivo, abierto, intermitente”. Alcanzaban “su mayor intensidad mental, Roca en la meditación solitaria y Pellegrini en el debate agitado. Se alababa la eficacia del primero despistando como astuto y la del segundo dominando como audaz. El uno preveía las tormentas para evitarlas, el otro salía a su encuentro para vencerlas”. Así, “aquel fue el centinela del orden, éste el dominador del desorden”.

Pellegrini “era un universitario moderno, que difundió su vida con empuje casi deportivo en la milicia, en la abogacía, en el periodismo, en el parlamento, en el comité, en el comercio y en el club. La figura de Roca estaba tallada sobre el bloque escueto de un militar y un estadista, que sólo dejaba traslucir entusiasmo por una obra trascendental al frente de un gran ejército o de un gobierno firme”.

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