“En la televisión hay un apuro muy grande, te transforman en un resolucionador de escenas”

El actor disfruta de que lo saquen de su zona de confort con propuestas alternativas. Su compromiso sindical y los desafíos de las nuevas tecnologías

06 Feb 2018
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LARGA TRAYECTORIA. Juan Palomino nació en la Argentina pero se crió en Cuzco, Perú. Volvió para ser actor. la gaceta / foto de DIEGO ARAOZ

El cine argentino arrancó el año con un estreno enrolado en la comedia policial negra, un género en el que el director Nicanor Loreti se mueve con comodidad. “27: El club de los malditos” es la confirmación de una manera de proponer películas que lo pone en un espacio distinto, del que Juan Palomino conoce mucho.

La relación entre ambos viene de principios de década y se proyectará en este año. En diálogo con LA GACETA, el actor desliza que ultiman detalles para trabajar en un nuevo proyecto próximamente (una serie de televisión de la que no puede dar muchas precisiones, aparte de que se desarrollará en un ambiente con personajes de múltiples orígenes que conviven en el Abasto porteño), aparte de tener una propuesta teatral con un homenaje a Julio Cortázar.

“Con Loreti hice su primera película, ‘Diablo’, que fue una experiencia magnífica con la que ganó el Festival de Mar del Plata en 2011 como mejor película argentina. Era una comedia negra que me sacó del villano y del galán de la telenovela, y me abrió otras puertas. Me están sucediendo cosas a mi edad, ya de grande, que me ponen en contacto con aspectos distintos de mi perfil artístico y con otros tipos de relatos. A medida que va creciendo, un actor tiene mejores posibilidades de tocar otras notas que las habituales. El cine me apasiona y quisiera dirigir alguna vez alguna película”, afirma.

- ¿Encasillarte en un personaje es la principal amenaza del actor?

- En televisión o en cine, siempre me convocan para personajes con determinadas características que tienen que ver con lo físico o como el antagonista malvado. Pero en teatro ocurre todo lo contrario, y el año pasado Pompeyo Audivert me llamó para hacer un poeta loco profundamente enamorado de su mujer para “La farsa de los ausentes”, la obra inconclusa de Roberto Arlt dirigida para reabrir el Centro Cultural San Martín, que fue una epopeya en sí misma. Me encanta que me saquen de un espacio de confort y me lleven a otro sitio.

- ¿Por qué elegiste esta profesión?

- Nací en La Plata y me crié en Cuzco, en el Perú, donde el único entretenimiento que tenía era ir al cine. Me vi todas las de los indios malos, de los nazis y japoneses peores, de los morochos delincuentes. Cuando vine a la Argentina de regreso, me di cuenta que había otras películas y de la importancia de los medios audiovisuales para formar opinión y crear realidades. Quise ser actor para contar historias y para que ellas tuviesen un latido de la realidad. Me formé en la escuela pública de teatro de La Plata, donde pude comprender el hecho estético y ético, y debuté en el teatro independiente en 1980, con una obra de Osvaldo Dragún cuando estaba prohibido. Éramos menos especulativos y más temperamentales en cuanto a qué hacer, cuando ahora se calcula más cada paso, con estrategias para acceder a determinados lugares y espacios. Para mí, la profesión debe ser consecuente en entender la realidad del momento y usar nuestro oficio para representar los latidos sociales.

- ¿Cuál es la relevancia de las escuelas de teatro?

- Muy alto. El rol del Estado es fundamental para la formación, junto con los grupos independientes y los espacios de investigación y estudio en paralelo que se puedan crear. También es relevante el Estado en tanto los cuerpos estables de teatro, que debe responder a un diseño de producción artístico que se abra a nuevas propuestas y que no se anquilosen en lo mismo siempre. Son espacios sostenidos por los impuestos de todos y sería bueno que se asuman riesgos y se encaren búsquedas.

- En 2017 se cumplieron 25 años de tu debut en televisión con Alejandro Doria, en “Amores”...

- Y después fui el galán de Cris Morena en su última presencia como actriz; el contragalán de Andrea del Boca; el psicópata asesino en “Poliladron”; un miembro de la colectividad gay en “Verdad consecuencia” y muchos más, como lo hecho en “Nafta Súper”, también con Nicanor. Hay una serie de matices y son más importantes los desafíos que los resultados.

- ¿Hay un cambio en la mecánica de la profesión?

- Sí, se ve en todos lados. En la televisión hay un apuro muy grande en el oficio, te obligan a resolver situaciones todo el tiempo, te transforman en un resolucionador de escenas cuando antes tenías mucho más tiempo para componer. La trampa está en que uno se convierte en eso, en una fotocopia de la fotocopia del original. Si no estás muy atento, te terminás repitiendo en lo que hacés. Son instancias que te obligan a tomar decisiones constantemente.

- ¿Cuánto te preocupa esta situación?

- El apuro te va quitando posibilidades de narración y de poética, antes teníamos más tiempo para elaborar las cosas. En televisión ensayabas más antes que ahora, aunque todo depende de cada producción. Estoy más metido en el cine y en el teatro.

- Y en la militancia en la Asociación Argentina de Actores, donde en diciembre asumiste como secretario adjunto.

- Siempre pertenecí al sindicato, pero ahora tomé la enseñanza de Rubén Blades que convocó a ejercer cargos públicos antes que criticar desde afuera. Estuve pendiente todo el tiempo de lo que pasaba en el gremio y cómo se lo veía. Me atrae la incomodidad, me nutre. Obviamente me expone más, pero al mismo tiempo me complementa como persona. La política es tener amigos y detractores, y no ando por el mundo tratando de caerle bien a todos. Somos dirigentes comprometidos y de trabajo por los otros, más allá del estrellato de algunos. Nuestro sindicato es una referencia en el mundo.

- ¿De qué modo va a ser el vínculo entre la conducción nacional y el interior?

- Quiero desterrar la palabra “interior” y cambiarla por provincias. Mi propósito es estrechar vínculos y tener relación directa. Tucumán, además, tiene una gran historia teatral previa incluso a Víctor García, cuya familia conocí ya en los 80. El movimiento cultural que hay en Tucumán es impresionante, con trabajos en primer plano. Hay experiencias interesantísimas acá desde lo sindical, que no se despegan de lo teatral porque todos los dirigentes están haciendo obras.

- ¿Cómo ves la política laboral general?

- Con ideas de ajuste, flexibilización laboral y achique. La actual Ley del Actor, por la que peleamos medio siglo, está judicializada en algunos artículos que nos dejaban fuera de la posibilidad de jubilarnos, cuando somos trabajadores y así debemos entendernos. Las reformas laborales que se planean parecen cosas ajenas al artista, pero es todo lo contrario, porque un actor, un músico, un cineasta, un fotógrafo, un poeta o un pintor tienen que darse la oportunidad de transitar la experiencia social. El neoliberalismo te propone una concepción de la vida muy distante de lo colectivo, y desde la Asociación Argentina de Actores apostamos a lo conjunto y al respeto de los derechos humanos, sociales y culturales de todos. Por eso nuestras líneas de acción son profundizar el tema legal; la apertura de fuentes de trabajo como la Comedia Municipal de San Miguel de Tucumán; el apoyo a proyectos audiovisuales como los de Córdoba, Misiones y Neuquén, para producciones locales; y tirar líneas para desarrollar ideas en cada región del país.

- Al mismo tiempo, hay nuevas experiencias culturales que imponen condiciones.

- Las nuevas plataformas, como Netflix, están ocupando lugar de protagonismo, y mucha gente dejó de ver la televisión de aire. No todo el mundo está acostumbrado ver series y es fundamental la regulación legal. Me interesa que, si vienen productos de afuera, nosotros tengamos la misma posibilidad de llegar a otros mercados con nuestras creaciones. Debemos rever algunas cosas en ese sentido. También es cierto que existe una crisis de ideas y un temor a arriesgar de parte de los productores, cuando es algo que hace falta. Space, con “Nafta Súper”, lo hizo exitosamente.

- ¿Un artista puede entrar en contradicciones entre lo que dice y lo que hace?

- Hay contradicciones que van a estar siempre, y que se filtran a veces en lo más cotidiano, incluso en el ámbito familiar y en lo humano; pero el gran desafío de transitar la vida es la construcción colectiva. Y el teatro es la más grande de todas, porque para que exista necesita del otro, del que te está mirando.

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