Locuras transitorias

Hay una pregunta que no dejamos de hacernos ante situaciones en las que un sujeto, del que podríamos decir que está cuerdo se vuelve loco, como diría el lenguaje popular. Ataques de celos extremos, accesos de ira incontrolados, deseos ciegos de venganza, vivencias paranoicas, momentos alucinatorios, el amor en su faz pasional, el odio extremo, son manifestaciones que desencadenan un acceso pasional incontrolado quedando el sujeto tomado por dicha pasión. Juan David Nasio sostiene que todos nosotros cobijamos una zona de locura que ignoramos.

04 Feb 2018

De Alfredo Ygel - Psicoanalista, profesor de la Facultad de Psicología de la UNT, miembro del Grupo Psicoanálisis de Tucumán.-

El odio, la ira, la venganza, celos extremos, el amor pasión constituyen estados que muestran lo loco que anida en cada sujeto. Es así que en la vida cotidiana se nombra estos fenómenos: “tiene locura de amor”, “enloqueció de ira”, “está loco de los celos”. Convengamos que se trata de momentos donde el sujeto pierde la racionalidad y su relación con la realidad, allí cuando se encuentra tomado por ciertas ideas parásitas o cuando acomete actos ajenos a su voluntad y conciencia.

¿Cómo pensar estos fenómenos a partir de lo estructural que lo determina? Lo que propongo es explicar la irrupción de estas manifestaciones que podemos calificar de locuras transitorias o locuras íntimas, como tributarias de una forclusión local siguiendo el planteo de Juan David Nasio y que según nuestra propuesta se producen como una ruptura del anudamiento necesario en la estructuración subjetiva.

Nasio parte de situar a la forclusion como mecanismo principal del origen de la psicosis, que se desencadena en una zona psíquica bien delimitada, provocando un trastorno también limitado en la vida del sujeto. Luego aclara que todos nosotros cobijamos una zona de locura que ignoramos. La forclusión trastorna solamente uno de los planos que estructuran al sujeto. El plano dañado puede luego acarrear el desmoronamiento total de la persona – y estamos aquí en presencia de una psicosis – o bien respetar el equilibrio global de la estructura psíquica – y estamos entonces en presencia de un individuo sano, pero sutilmente delirante en un recoveco de su vida.

Relatos salvajes

A fin de ilustrar Les propongo que trabajemos una de las historias que nos presenta la excelente película de Damián Szifrón, “Relatos salvajes”. Viene a mostrar a través del discurso cinematográfico estos accesos pasionales en sujetos que podríamos calificar como normales. En la película los protagonistas son personas comunes en situaciones ordinarias. En todas ellas salta una chispa ante alguna situación cotidiana: una grúa que se lleva el auto, un altercado con otro automovilista o una infidelidad. Lo que tienen en común todos estos personajes es que de repente estallan en forma salvaje y desproporcionada. Pongamos a trabajar aquella escena en que Leonardo Sbaraglia en la tercera entrega, es tomado por una agresividad especular que crece hasta explotar en un pasaje al acto odioso

La escena comienza con el protagonista recorriendo una maravillosa ruta con paisajes de valles y montañas envolventes del norte argentino. La música que sale de los parlantes estereofónicos completa el marco de una paz completa, de una verdadera conjunción del hombre y la técnica con la naturaleza Pero en medio de la soledad extásica del paisaje un viejo auto de un trabajador zigzaguea en la ruta taponando el paso del veloz Audi 0 km. Cuando este logra avanzar el desprecio segregativo se hace presente diciéndole “Negro resentido….Forro” al ocasional tapón de su pacifico camino. Este entredicho produce un enfrentamiento agresivo entre los dos personajes. La escena va subiendo de tonalidad agresiva hasta que culmina en la muerte de ambos. ¿Por qué este fatal desenlace? ¿Qué lleva a ambos personajes a pasar de la tensión agresiva especular donde aparecen los insultos, el rebajamiento del otro, es decir de palabras ofensivas, al odio más descarnado, a la necesidad de la destrucción del cuerpo y del ser del otro?

Lo que me interesa puntuar es ese desanudamiento que deja al sujeto desamarrado a merced de lo pulsional. Este lo muestra en dos momentos. Primero cuando Sbaraglia por un desperfecto mecánico se blinda dentro del auto y es alcanzado y atacado desde afuera por el odio del antes degradado sujeto. Este no solo comienza a destrozarle el auto sino que en un acto pleno de impudicia y de posesión anal del otro se baja los pantalones defecando y orinando encima del auto en una obscenidad sin límites. Sbaraglia dentro del auto da vueltas su cabeza intentando sustraer la mirada de esa escena sádica cruel. Y es este el punto de desencadenamiento. Es el sujeto reducido a la condición de objeto. Es en ese punto en donde toca el punto opaco, forcluido localmente, donde algo del ser es tocado produciendo el desencadenamiento de la locura. El desenfreno agresivo surge en el personaje asediado cuando en su reacción empuja al precipicio a su ahora enemigo. Un segundo momento de desenlace se produce cuando habiéndose a retirado de la escena con su auto a toda velocidad pudiendo quedar así liberado del peligro, frena y retoma a exterminar a su adversario en el cenit de su desanudamiento. Este odio descarnado de los contendientes culmina en la muerte de ambos.

Se trata de una ruptura del lazo en el que cualquiera de nosotros podría caer. Esto se produce singularmente en cada sujeto, allí donde cada uno es tocado acorde a su punto forcluido. Aclaremos también que esto puede revertirse y volverse a anudar y el sujeto vuelve a su otrora “normalidad”. De lo que se trata en estos desanudamientos transitorios es de puntos opacos al sujeto donde se manifiesta la forclusion local, quedando el sujeto invadido por lo pulsional.

(c) LA GACETA

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