La pesca y el fútbol se unieron al tenis

Hoy, lejos del circuito profesional, Roberto Barraquero disfruta de la familia, los amigos y su profesión.

01 Feb 2018

“La palabra éxito es muy fuerte. Son pocos los tocados por la varita, como Roger Federer” afirmó Roberto Barraquero, una de los jugadores de tenis más reconocidos de la provincia. Desde niño se destacó por sus habilidades deportivas. Pasó gran parte de su vida en las canchas de su club, Lawn Tennis. Al cumplir 15 años llegó el momento de decidir si su talento alcanzaría para proyectar una carrera profesional o el tenis solo ocuparía un espacio de recreación. Su estilo de juego ofensivo rompía con los patrones de juego de sus rivales y los desconcertaba. Su confianza era óptima. No le temía a ningún adversario. Esa fuerza mental lo llevó a participar de los torneos de la ITF.

La vida de un tenista de elite no es lo que mucho piensas. Exige sacrificio. Los viajes alrededor del mundo son muy costosos. A eso hay que agregarle el pago al entrenador y preparador físico. Pocos logran mantenerse en el circuito. Roberto atravesó un momento crítico y se vio obligado a tomar una decisión: el tenis o el estudio.

Importante decisión

“Los gastos eran altos y opté por dejar mi carrera deportiva en un segundo plano para avanzar con mi carrera universitaria” cuenta Barraquero. Hoy no se arrepiente de la decisión tomada. Se recibió de profesor de Educación Física y tiene una maestría en “Alto rendimiento deportivo”, título que potenció su carrera como director de la academia de tenis de Tucumán Lawn Tenis.

El tenis profesional requiere de paciencia, estrategia y concentración. Roberto cambió aquellos partidos de sus comienzos por una actividad que reúne casi los mismos requisitos: la pesca. Un pasatiempo que requiere de su paciencia y sensibilidad en las muñecas.

También disfruta intensamente el acompañamiento de su familia, su novia y sus amigos. Recuerda lo duro que fueron los momentos lejos de sus afectos y lo que no pudo disfrutar con ellos. “Los viajes, los entrenamientos y el tiempo que tuve que vivir en el exterior me mantenían lejos de mi familia y mis amigos. Me perdía salidas, fiestas y muchos momentos especiales” confiesa al repasar aquellos tiempos.

Él siempre supo que su objetivo requería esos sacrificios. “Lo importante es tener claro lo que uno quiere. Yo lo tenía. Luego los proyectos se concretan o no, pero siempre hay que intentarlo”, sostiene.

Las exigencias del profesionalismo son muchas, pero las satisfacciones pueden ser superiores. “El primer premio importante que gané lo usé para irme de vacaciones con mis amigos. Sabía que ese viaje dependía del torneo”, contó entre risas. El lugar de destino no importa demasiado. Sólo quedan los recuerdos del grato momento compartido.

“Tucumán es mi lugar en el mundo”, afirma después de haber conocido tantas ciudades. “Pero Milán esta cerquita por todo lo que viví”, aclara con una sonrisa el profesor de educación física.

El fútbol es otra de sus pasiones. “Estoy jugando un torneo de fútbol 11 en Yerba Buena” cuenta orgulloso. El mismo orgullo que muestra al repasar el pasado y recordar todo lo vivido.

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